Asociación por la Unidad de Nuestra América

 

 

La Organización de los Trabajadores y de Nuestra América

 

Jorge Herrera Ireta *

 

La integración de América Latina ha sido la utopía más grande de nuestros pueblos, desde Simón Bolívar, quien además de ser el Libertador de América del Sur, dio la libertad a sus propios esclavos, probando de esa manera que su proyecto de liberación y de integración era capaz de progresar hacia el buen gobierno y la emancipación de nuestra América.

A través de nuestra historia hemos sido testigos de las grandes luchas que se han realizado en nombre de esta utopía libertadora: las luchas por la independencia, la revolución mexicana, la revolución cubana y la revolución nicaragüense; hasta el día de hoy, en que apoyamos a la lucha por la autodeterminación de los pueblos indios.

También hemos encarnado las acciones de guerra –de alta y de baja intensidad– de los estados Unidos de América, quienes, bajo los principios del destino manifiesto, buscan la integración de nuestros pueblos para su exclusivo dominio y explotación. Los ejemplos sobran, así como las invasiones del ejército de los Estados Unidos ó el terrorismo que desatan en la región a través de agencias federales como la CIA o su forma particular de someter a los gobiernos a los dictados de la Organización de Estados Americanos (OEA).

En los últimos tiempos la estrategia de dominio se ha visto fortalecida por algunos grupos de poder en nuestros países quienes aceptan, en beneficio propio, los ordenamientos de las grandes transnacionales, quienes, apoyadas en organismos como el Banco Interamericano de Desarrollo, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial determinan la política económica a seguir.

Así, desde los años 60 nuestros pueblos han soportado la carga de la aplicación de las políticas neoliberales, carga que ha resultado en la disminución de los niveles de vida de la población y en hundimiento de las economías latinoamericanas.

Nos encontramos ante dos propuestas diferentes para la integración latinoamericana, una es de dominio y la otra es de liberación.

Los trabajadores fuimos testigos directos de los proyectos de integración basados en el domino de los Estados Unidos. Después de la revolución rusa y, ante el temor de muchos poderosos de un verdadero gobierno de los trabajadores, tuvimos que enfrentar la represión gubernamental a cada una de nuestras acciones, que eran tachadas de comunistas para descalificarlas. En América Latina, el gobierno norteamericano a través de la Federación Americana de Trabajadores (AFL) intentó crear una gran central sindical latinoamericana que sirviera a sus intereses. Así tuvieron apoyo las dictaduras centroamericanas, mientras que en América del Sur, la CIA es quien se encargó del trabajo completo.

En estos tiempos, Estados Unidos ve amenazada su hegemonía en la región, de allí sus iniciativas de un Área de Libre Comercio para las Américas (ALCA), el intento de formar un ejército multinacional para la defensa interamericana y así, decían, enfrentar al narcotráfico en la región. Quedan claras las intenciones de un Plan Colombia; los ejercicios militares en la isla de Vieques, Puerto Rico; el Tratado de Libre Comercio de América del Norte; la dolarización de Argentina y Ecuador; la erradicación de los cultivos y los campesinos de la coca en Bolivia; etcétera.

Cabe hacer notar, además, que existe una mano de obra latinoamericana que no es reconocida dentro de los índices económicos y estadísticos; me refiero a las grandes masas de trabajadores que deben emigrar de sus tierras en búsqueda de un trabajo que les permita sostener a sus familias. Ellos, quienes ocupan los puestos en las maquiladoras, en los supermercados, en las calles de los Estados Unidos.

En este contexto la organización de los trabajadores latinoamericanos debe enfrentarse hoy en día a un doble reto.

Por un lado, la difícil situación económica para la mayor parte de la población de nuestros países después de años de colonialismo, neocolonialismo, imperialismo, neoimperialismo y Reagan, Bush, Clinton y neo-Bush; nos obliga a defender las fuentes de trabajo y los derechos básicos de nuestra gente con una táctica organizativa de resistencia que, a pesar de fortalecernos, no nos ha permitido romper con el dominio hegemónico de las grandes transnacionales y sus gobiernos.

Sabemos que el poder económico está en sus manos y que además se valen de la ayuda de organismos tales como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Interamericano de Desarrollo para mantener el control sobre la economía de nuestros países. Las sanciones económicas para imponer la reestructuración de las leyes y las prácticas comerciales, la utilización de los recursos naturales y la violación de las soberanías nacionales son las directrices de su política, a pesar de sus discursos en los foros internacionales en que hablan de un capitalismo “más humano” o de la condonación de la deuda para los países pobres.

Ante la globalización de la hegemonía de dominio resulta imprescindible la solidaridad entre los trabajadores, organizaciones campesinas, estudiantiles, gremios de profesiones, organizaciones no gubernamentales y demás grupos que buscan superar los grandes problemas que deben afrontar nuestros pueblos; sólo así podemos esperar la integración de las luchas de resistencia en América Latina.

Por otra parte, debemos generar una actividad política alternativa, de liberación, que supere las viejas prácticas políticas del caudillismo, el clientelismo, la corrupción y el abuso de poder que tanto han dañado a nuestros pueblos y a nuestras organizaciones. Además de globalizar la sociedad, debemos exigir que el servicio público no sea más un ejercicio de poder y que nuestros países trabajen para lograr la integración de Nuestra América.

El Sindicato Mexicano de Electricistas ha decidido no olvidar la historia, la de México y la de nuestra propia organización; por ello nos mantenemos como una organización sindical independiente que defiende a sus agremiados y que además, busca la unidad de todos los trabajadores con la finalidad de organizarnos para resistir y para liberarnos.

Nuestro sindicato está en el frente de batalla, así entre los frutos de nuestra lucha se encuentra la formación del Frente Nacional de Resistencia contra la Privatización de la Industria Eléctrica a partir del proyecto de ley de Ernesto Zedillo que pretendía reformar la Constitución para conceder la Comisión Federal de Electricidad y Luz y Fuerza del Centro al capital transnacional.

Después de casi dos años de lucha de resistencia, hemos logrado que se detenga el proyecto privatizador del gobierno, inclusive logramos el compromiso verbal del actual presidente, Vicente Fox Quezada, de que la industria eléctrica nacional no va a ser privatizada. Sin embargo sabemos que el discurso es una cosa y los hechos son otra, por ello es necesario terminar con 70 años de prácticas políticas perversas y dar una continuidad verdadera a la Revolución Mexicana sin perder de vista el contexto de las actuales relaciones de dominio y la lucha de liberación.

Cabe mencionar, además, la participación del SME como sede de la Unión Internacional de Sindicatos de Trabajadores de la Energía, el Metal, la Química, el Petróleo e Industrias Afines, una institución especializada de la Federación Sindical Mundial, con la que mantenemos formas esenciales de coordinación y cooperación, pero salvaguardamos nuestra independencia y autonomía.

En la lucha por Nuestra América, a través de la UIS-TEMQPIA hemos organizado dos Seminarios Internacionales contra la Privatización de la Industria Eléctrica en que participaron sindicatos de toda la región. Luchamos contra los intentos privatizadores mientras aprendemos de las experiencias de compañeros que viven en países donde la privatización es un hecho como Argentina y Chile.

En el Segundo Seminario Internacional nos manifestamos por afrontar el doble reto. En la organización para la resistencia coincidimos en que:

... ante la globalización de las políticas privatizadoras, resulta imprescindible y urgente fomentar la solidaridad internacional de la clase obrera.

Como expresión concreta de dicha solidaridad, ratificamos nuestro compromiso con la consolidación de una RED INTERNACIONAL DE RESISTENCIA contra estas políticas privatizadoras que sólo favorecen a las minorías privilegiadas. (Manifiesto desde Puerto Rico)

Mientras en la lucha por la liberación, consideramos que la defensa de la autodeterminación de nuestros pueblos es básica para la construcción de una alternativa al poder hegemónico trasnacional.

El reconocimiento de tan importante y fundamental derecho presupone la prohibición de determinadas prácticas, sean éstas individuales o colectivas, contrarias al ejercicio mismo de la dignidad del ser humano tales como: el genocidio; la represión de las minorías nacionales, religiosas o étnicas; el colonialismo, el racismo, y la segregación; la violación de la soberanía nacional; la implantación de leyes extraterritoriales dirigidas a imponer por la fuerza, hambre, subdesarrollo y bloqueo económico el derecho de un pueblo a determinar el régimen social, económico y político bajo el cual vivir: y finalmente las guerras de conquistas. (Segunda resolución de Puerto Rico)

La organización de los trabajadores por la integración de Nuestra América tiene una  historia de lucha que no debemos olvidar. La historia es nuestra memoria y una de nuestras mejores armas para obtener la soberanía y la autodeterminación de nuestros pueblos; por eso los ideólogos neoliberales se han encargado de proclamar que la historia es únicamente el presente sistema de explotación y el futuro de su progreso.

Memoria histórica, lucha de resistencia y lucha de liberación. La unidad de los trabajadores latinoamericanos con todos aquellos grupos y personas que luchan por una utopía liberadora para hacer frente al actual sistema de dominio y explotación. Sólo así podemos construir el futuro y lograr el progreso de nuestros pueblo.

Por estas consideraciones proponemos a todos ustedes camaradas:

1.- la defensa del derecho al trabajo y a una vida digna nuestra y de nuestras familias.

2.- la lucha sistemática para que sean consideradas como un derecho humano más la electricidad, a fin de que se convierta en un bien y servicio estratégico para el desarrollo de los seres humanos de todo el planeta.

3.- la batalla es ante todo, una lucha política y por tanto una lucha ideológica, en las concepciones de tradición humana del trabajo, en la concepción integral de la vida humana y en la perspectiva de una posición solidaria. Siendo así no podremos olvidar como eje fundamental de nuestras prácticas sindicales, la preparación ideológica para afrontar el reto neoliberal.

4.- la búsqueda de alianzas con organizaciones sociales, la constitución de frentes de resistencia regionales y redes de asociaciones vecinales que permitan consolidar una política popular en defensa de los recursos naturales y los bienes estratégicos de nuestras naciones.

5.- es menester como tarea construir una red internacional entre organizaciones sindicales para permitirnos forjar una línea política clara, solidaria y que las experiencias regionales pulsen el sentido de nuestros pueblos en la búsqueda de una perspectiva unitaria de lucha.

Trabajo, democracia, soberanía, independencia y libertad son elementos prioritarios de los trabajadores. No más pero, tampoco menos.

 

* Ponencia del Sindicato Mexicano de Electricistas.

 

Autores Varios (2001), Los Trabajadores y la Integración de América Latina y el Caribe, AUNA México.

 

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