Asociación por la Unidad de Nuestra América

 

 

Papel del Trabajador Mexicano en la Integración

de América Latina y el Caribe

 

José Luis Vega Núñez

 

El tema que correspondió a nosotros desarrollar para presentar esta ponencia, nos parece acotado, ya que se exclusivisa a una parte de los trabajadores, independientemente de cuál sea el papel de estos mexicanos en la integración a la que alude el propio tema.

Nosotros quisiéramos iniciar este trabajo con un pensamiento que para algunos de los presentes podría resultar radical, ya que se señala en esta reflexión el punto de vista de un luchador social latinoamericano que ha resistido durante cuatro décadas la pretensión del imperialismo norteamericano de verlo doblegado y arrodillado a su pueblo.

En cuestión, “La clase trabajadora es la clase fecunda, creadora, la clase trabajadora es la que produce cuanta riqueza material existe en un país, y mientras el poder no esté en sus manos, mientras el poder esté en manos de los patrones que la explotan, en manos de los latifundistas, en manos de los especuladores, en manos de los terratenientes, en manos de los monopolios nacionales y extranjeros, mientras la clase trabajadora permita que las armas estén al servicio de estos intereses y no en sus propias manos, la clase trabajadora estará obligada a una existencia miserable por muchas que sean las migajas que les lancen estos intereses desde la mesa del festín.”

Partiendo de esta premisa nos queda perfectamente claro que todos los trabajadores del mundo y muy particularmente los latinoamericanos y del caribe debemos enfrentar juntos los proyectos y propuestas de la economía globalizada y presentar propuestas alternativas para ser los constructores de nuestros propios destinos así como los de las nuevas generaciones que habrán de sucedernos.

No negamos que en nuestra patria grande, la Patria Latinoamericana, existan empresarios con una visión social que pudiera atenuar en mínima parte la situación precaria por la que atraviesan los trabajadores; tampoco soslayamos que en esta patria nuestra se hayan dado acontecimientos por luchadores sociales que desde Simón Bolívar, Antonio José de Sucre, Miguel Hidalgo, etc., en contra de la esclavitud y por la soberanía de cada una de nuestras naciones. Y el no reconocer que en la actualidad existan entre nosotros hombres y mujeres comprometidos con la visión latinoamericana y del caribe, sería negarnos a nosotros mismos, ya que los hay en todos los niveles desde políticos, sociólogos, filósofos, poetas y gente ligada a la cultura que coincide con el pensamiento y el accionar de los trabajadores para que ya no sigamos siendo saqueados de materias primas y de riquezas incalculables así como de recursos naturales y humanos.

En las dos últimas décadas, en todos los países latinoamericanos y del caribe se modificó sustancialmente el proyecto de desarrollo económico con base en la sustitución de importaciones por otro en ese entonces desconocido. Y se nos empezó a insertar en la economía de mercado para ser más eficaces, más eficientes, más productivos y más competitivos.

Si realmente nuestros países manifestaran a través de las instituciones encargadas de medir la eficacia y la eficiencia, y con datos veraces y honestos se demostraría fehacientemente que todos los trabajadores latinoamericanos y del caribe rebasan los índices de productividad, eficacia y eficiencia, pero negando sistemáticamente el acceso a la riqueza generada por los propios trabajadores.

Y en relación con la competitividad, los trabajadores no podemos caer en provocaciones y parecer ingenuos, ya que un trabajador  de cualquiera de las veintidós naciones latinoamericanas no podrá identificar contra quién o contra quiénes tiene que competir, y estamos ante una dictadura intangible pero que a diario sentimos al ver disminuida nuestra fuerza de trabajo y consecuentemente el nivel de vida en este juego al que nos han querido llevar.

Ciertamente al haber mayor competitividad entre trabajadores, entre los cuales no hay razón ni fundamento para que nos dividamos, estamos generando una riqueza enorme que se está quedando en un número no mayor de 300 familias que manejan las empresas trasnacionales y que les permiten a éstas poner y deponer gobiernos ad-hoc a sus intereses y nosotros que no tenemos más que la fuerza de trabajo para alquilarla, y proyectar nuestro presupuesto familiar, apenas si sobrevivimos y estamos cancelando oportunidades de empleo para otros seres humanos que lo necesitan para realizarse y para lograr el mejoramiento de ellos y de sus familias.

Cuando los mexicanos –y hablamos de los trabajadores–, nos damos cuenta de que a nivel cúpular el gobierno salinista firma y acepta después de muchos cabildeos el Tratado de Libre Comercio con Canadá y Estados Unidos, pensamos y así lo expresamos en su oportunidad que el ir a competir con estos canadienses y gringos era como enfrentar boxísticamente hablando, a un peso mosca con un peso pesado o completo, y el tiempo nos ha dado la razón.

Las negociaciones posteriores al TLC se han dado en un marco de imposición por quien tiene el poder económico y en cambio nuestros países que lo que les sobra es imaginación y recursos naturales y humanos han sufrido y seguirán sufriendo mientras nosotros como trabajadores no diseñemos, con mucha responsabilidad y valentía el destino de nuestros pueblos, ya que fuera de nuestras fronteras se diseñan las políticas económicas que se imponen a nuestros pueblos con el consabido chantaje de la deuda externa y de las certificaciones del narco cultivo.

Al despojar nosotros mismos a otros trabajadores de su oportunidad y de su derecho a acceder a un empleo digno y a una remuneración equitativa y humana, nos estamos convirtiendo en esquiroles de esos trabajadores; y cuando se pierde el trabajo se está perdiendo paulatinamente la dignidad y el interés por la propia vida. El tiempo apremia, no es fácil ni sencilla la tarea a la que tenemos que enfrentarnos, pero lo que no hagamos ahora seguramente se nos cuestionará mañana y posiblemente ni el mañana exista.

En el onceavo congreso de la Central Latinoamericana de Trabajadores (CLAT), celebrado en la ciudad de México, D.F., tomamos la determinación y fue un compromiso que nunca haremos a un lado independientemente de otras actividades propias de los trabajadores, el lograr cristalizar el objetivo bolivariano de tener una Patria Grande, la Patria Latinoamericana, la Comunidad Latinoamericana de Naciones, y más vale que los trabajadores latinos y del caribe nos integremos con esa voluntad, con esa entrega, y con ese compromiso, porque si no lo hacemos seguramente nos habrán de desintegrar los intereses económicos contrarios a nuestra cultura, a nuestra lengua y a nuestra religión y a nuestras tradiciones.

El papel más trascendente e importante que deberemos jugar los trabajadores de la Patria Latinoamericana, la Patria Grande, será la de constituir organizaciones sindicales regionales e internacionales por sectores de rama industrial e impulsar la homologación de los salarios, partiendo de México en el norte y de Brasil, Argentina y Chile en el sur, para impedir la competencia entre los trabajadores y arraigarnos en nuestras naciones, sin tener que correr riesgos para buscar un empleo y una remuneración fuera de nuestras fronteras, y desalentar al capital para que invierta en cualquiera de nuestras naciones y se retire en cuanto los trabajadores exijamos el cumplimiento de nuestras prerrogativas y derechos, o en cuanto se presenten conflictos de orden social que no garanticen la extraordinaria ganancia a la que están acostumbrados, y satisfagan la ambición desmedida que les es característica.

De acuerdo con los comentarios a las ponencias, abundamos en las siguientes propuestas:

1.                       Que en cada organización social, campesina, sindical, etc., se pudiera impulsar en el Estatuto que rija la vida interna de la misma para que se aprecie en su contenido una cartera o secretaría exclusivamente con el tema de la Integración de las Naciones Latinoamericanas.

2.                       Que la información recabada por cada organización y por cada país latinoamericano y del Caribe, sea recibida y procesada por una coordinación regional para que a su vez se retroalimenten.

3.                       Que se formule un proyecto de estructura en cada país para que con la recopilación de las propuestas de las organizaciones de cada uno, se pudiera generar una propuesta regional, misma que se pondría a disposición de las organizaciones y en todos los países para que se analizara y en su caso aprobara.

Esto con el propósito de que se avance lo más rápidamente que se pueda en el proyecto de conformar la Comunidad Latinoamericana de Naciones.

Un saludo fraterno a quienes están, como nosotros, comprometidos con está noble tarea.

 

Autores Varios (2001), Los Trabajadores y la Integración de América Latina y el Caribe, AUNA México.

 

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