Asociación por la Unidad de Nuestra América

 

 

Los Desafíos del Sindicalismo

 

Mario Martínez Déctor

 

Considero que para poder abordar el tema sobre el papel de los trabajadores en la integración de América Latina y el Caribe, es necesario previamente realizar un análisis sobre las condiciones que prevalecen en México en los albores del siglo XXI, y de cual debe ser la tarea a emprender por parte de las organizaciones obreras, ya que no es posible hablar en términos genéricos de trabajadores, sin tomar en cuenta el papel a desarrollar por los sindicatos. En tal razón es pertinente describir aunque sea en forma somera cual es el reto al que nos enfrentamos.

Durante el curso del mandato presidencial de Miguel de la Madrid en 1987, casi en forma paralela se incorpora nuestro país al sistema general de aranceles y comercio, (hoy Organización Mundial de Comercio) y a la vez se firma el primer pacto en el que participan las representaciones empresariales de la industria y del comercio, de los campesinos y de los trabajadores, los que son convocados por el gobierno, para establecer un nuevo orden en las relaciones principalmente entre empresarios y trabajadores.

El escenario anterior significó el inicio de un nuevo régimen político, social y económico, ya que se dejo atrás el modelo de sustitución de importaciones con una economía cerrada, para arribar a la famosa globalización en una economía de libre mercado, que por las propias razones del obsoletismo de la maquinaria y del equipo en las diferentes ramas industriales, nos llevó irremediablemente a la pérdida de miles de fuentes de trabajo y consecuentemente a engrosar la fila del ejército de los desocupados, al no poder competir en el mercado con productos elaborados con maquinaria de tecnología mucho más avanzada que la nuestra, y por lógica con una mayor productividad y calidad.

En los sexenios de Carlos Salinas de Gortari y de Zedillo, las condiciones fueron cada día más precarias, ya que con su criterio de fundamentalismo económico inspirado en los llamados “Chicago Boys”, pretendiendo de alguna manera basarse en la teoría económica de Adam Smith en que la oferta y la demanda en forma mágica regularían el mercado, en la práctica sus resultados han estado totalmente fuera de la realidad, pues las grandes corporaciones transnacionales que escasamente rebasan las quinientas controlan más del ochenta por ciento de la economía del mundo, lo que significa una absoluta concentración de la riqueza en manos de los expoliadores de la mano de obra en el mundo.

Los resultados de los tres sexenios de apertura comercial con la política denominada “neoliberal”, han ubicado a quienes anhelamos un cambio a favor de las grandes mayorías del pueblo mexicano, en el que está inserto el movimiento obrero, a recibir el mote de “globalifóbicos” con el que calificó el anterior mandatario a quienes deseamos un equitativo reparto del ingreso, para salir del modelo basado en los bajos costos salariales cuyos efectos según los estudiosos nos ha hecho perder más del 70% del poder adquisitivo que teníamos a principios de 1982, y José Luis Calva en su libro Más allá del neoliberalismo, presenta un cuadro esclarecedor y terrible en el que sintetiza que sólo durante 1999 los trabajadores sufrieron una pérdida salarial de $ 32,451.02 millones de dólares, lo que quiere decir que si se hubiese mantenido la distribución histórica del porcentaje logrado por los salarios en relación al producto interno bruto, los asalariados en conjunto debieron obtener la cantidad mencionada con antelación como pago extra por su trabajo.

Desafortunadamente para los trabajadores mexicanos, a pesar de que existe certeza en cuanto a la situación que se vive, el panorama no se observa con claridad, ya que los representantes de las organizaciones obreras existentes, no han entendido que sólo la unidad hará posible que la lucha de los trabajadores por sus reivindicaciones alcancen el éxito deseado. Mientras el Congreso del Trabajo, la UNT, la Coordinadora Primero de Mayo, la CNT y los llamados sindicatos independientes no comprendan la necesidad de unirse en sus coincidencias y respetarse en sus diferencias, será sumamente difícil asumir el papel de verdaderos defensores de la clase trabajadora.

El reto no es sencillo; basta recordar que la gran mayoría de los trabajadores a través de sus organizaciones obreras , integraron uno de los principales pilares del Partido Revolucionario Institucional, y que hoy ante los resultados electorales del 2 de julio del año 2000, se encuentran desconcertados y que como muchos dirigentes sindicales admiten, todavía no despiertan a la realidad y encuentran cómoda la subordinación hacia el ejecutivo aún cuando éste sea de otro partido; en realidad no se percatan que en los nuevos tiempos que vive México se ha roto el cordón umbilical de sumisión al ejecutivo y por ende lo anterior debe fortalecer al movimiento obrero y así rescatar su papel de verdadero actor de la vida nacional, si no quiere ser rebasado, como está ocurriendo en otros ordenes, por las llamadas organizaciones no gubernamentales.

Sabemos que a partir de la caída del muro de Berlín en 1989, los modelos de economía planificada y de sustitución de importaciones, obligados por las circunstancias entraron en su etapa de agotamiento y que lo anterior significó el triunfo de un solo modelo, el de economía de libre mercado en un mundo globalizado, que a la fecha está reconocido, tampoco ha sido la solución de la humanidad, ya que la brecha entre países ricos y pobres cada día es más amplia por lo que millones de seres humanos claman por una vida más justa, demostrando su inconformidad en foros tan importantes como los de Seattle, Washington, Praga y desde luego, Davos en Suiza.

Si sabemos lo que está ocurriendo en el mundo y de los resultados de la globalización en cuanto a México corresponde, más convencidos debemos estar sobre el cambio de actitud necesario en la dirigencia sindical, para que el movimiento obrero también se transnacionalice y así estar en condiciones de realizar análisis, elaborar diagnósticos y señalar estrategias comunes con los países del orbe y especialmente los correspondientes a América Latina, con quienes nos unen lazos de cosanguineidad, costumbres, cultura y pasado histórico, debemos pensar como lo hizo en el pasado ante el capitalismo salvaje la incipiente clase trabajadora: proletarios del mundo, uníos.

Cuando se hace mención sobre el papel de los trabajadores en la integración de América Latina, debemos previamente referirnos a las centrales obreras con representación global y continental por lo que se refiere a América, en este caso, si deseamos tener éxito en cuanto a la integración que se pretende, primeramente debe existir comunión de ideas y objetivos, de lo que se pretende; debe existir comunión de ideas y objetivos, de lo que queda de la Federación Sindical Mundial (FSM), de la Confederación Mundial del Trabajo (CMT) y de la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres (CIOSL). Si no se logra esta unidad, difícilmente se podrán dar los pasos subsecuentes y sobre dichos organismos recaerá la responsabilidad histórica de no comprender, que la fuerza de la clase trabajadora se desplanta en la unidad de sus bases. Es imprescindible hacer mención de que el liberalismo en su tiempo se refirió a la igualdad del hombre ante la ley, pero se demostró con posterioridad que no puede haber igualdad entre desiguales; este fue el momento en que surge el movimiento obrero, el que a través de la unidad logró el equilibrio entre capital y trabajo ante lo tribunales.

Sabemos que en el continente americano la representatividad de la clase trabajadora está mayoritariamente depositada en la Organización Regional Interamericana de Trabajadores (ORIT), en la Central Latinoamericana de Trabajadores (CLAT), y posiblemente lo que quede de la CPUSTAL, estos organismos, en esta etapa que vive el continente, deben estrechar lazos y establecer programas comunes, siempre respetando la autonomía de cada una de ellas.

La tarea no es sencilla, el reto es de gran magnitud, es imprescindible poner coto al abuso de las transnacionales que con sentido totalmente economicista brincan de un país a otro, aprovechándose de las necesidades de los pueblos y contratando cada día mano de obra más barata.

A manera de conclusión, es conveniente preguntarnos:

¿Encontraremos disposición en la búsqueda de la unidad a nivel mundial, continental y en cada uno de los países?

¿Seremos sordos y ciegos ante un modelo que sólo toma en cuenta a quienes producen y consumen, olvidándose que el hombre es igual en esencia y diferente en existencia y por lo tanto debe existir la solidaridad humana a favor de los desvalidos?

¿Continuaremos siendo indiferentes ante un modelo excluyente que ve con indiferencia al continente africano que se debate en la pobreza más espantosa y que además afecta a más de 17 millones de habitantes con la enfermedad más aterradora conocida comúnmente como el SIDA?

¿Aceptaremos las tesis de que la globalización de la economía significa el final de la historia y de las ideologías?

¿Veremos con pasividad cómo los países emergentes se debaten en la pobreza a cambio del pago puntual del capital y servicio de la deuda externa?

¿Estaremos dispuestos a seguir en manos del capital especulativo del medio bursátil, que en países como el nuestro ve abiertas las puertas sin ninguna responsabilidad en tiempo y fiscal?

Basten los ejemplos anteriores para que reflexionemos y nos percatemos del papel tan importante que nos corresponde desempeñar; desde luego no podemos retornar al pasado, el propio progreso de la humanidad en cuanto a aplicación de la ciencia y la tecnología en el mundo actual nos obliga a renovar nuestras estrategias; está reconocido que la información es fundamental para la toma de decisiones, el hoy nos obliga a aceptar que palabras sin acción, en la práctica resultan huecas.

Si pese a lo anteriormente expresado, las actuales generaciones de la dirigencia sindical de todas las corrientes ideológicas no hacen lo que está a su alcance, entenderemos que no están dispuestos al cambio, pero desde luego corren el riesgo de que las nuevas generaciones tomen la estafeta y los rebasen. ¡Con los intereses de la clase trabajadora no se juega! Aceptemos, en el tiempo más corto, el cambio.

 

Autores Varios (2001), Los Trabajadores y la Integración de América Latina y el Caribe, AUNA México.

 

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