Asociación por la Unidad de Nuestra América

                                                                                                                                                                                                                                                                                               

 

Obstaculos y Retos para el Empresario Latinoamericano

Bernardo Olmedo Carranza

Introducción

El crecimiento industrial registrado hasta los años setenta en América Latina estuvo determinado particularmente por el papel desempeñado fundamentalmente por  Argentina, Brasil y México. El modelo de sustitución de importaciones que sirvió de base pretendió la protección de la naciente industria nacional aislando al productor nacional del exterior argumentando que se traduciría en amplios beneficios sociales. La intervención selectiva del Estado en ramas y sectores de la economía trajo consigo dos problemas fundamentales: por un lado, la añeja asimetría respecto de las economías más industrializadas indicaba que el proceso de industrialización se haría al margen de la evolución tecnológica del mundo y, por otro lado, el amplio apoyo del Estado a ciertos sectores representantes de intereses particulares tuvo como efecto el surgimiento de una industria deformada, altamente protegida, ineficiente, incapaz de enfrentar los retos del exterior y con resultados extremadamente limitados al momento de la apertura. El sector de la micro, pequeña y mediana industria lo resintió particularmente, al grado que la empresa latinoamericana presenta actualmente rasgos y características genéricos.

       Lo que aquí presentaremos será un acercamiento al perfil de la micro, pequeña y mediana empresa en América Latina,  que se ajusta perfectamente al caso de México y que de alguna manera son elementos que representan obstáculos y retos para el empresario latinoamericano. Centraremos nuestra exposición en tres partes: 1) diagnóstico de la empresa latinoamericana, b) ventajas y debilidades de la empresa en América Latina, y 3) necesidad de redefinir prioridades y reconceptualizar el proceso de industrialización y las políticas sectoriales.

1. La política de industrialización en la región se distingue por una escasa incorporación tecnológica, dándose una disociación respecto de las potencialidades de desarrollo creativo al detectarse denodados esfuerzos por imitar aquello para lo cual no se tiene capacidad real. De esta manera, ello se traduce en una política de industrialización con un carácter defensivo, errático, limitado y distorsionado, dificultando las posibilidades de una participación más sana en el mercado externo.

       El Sistema Económico Latinoamericano (SELA) ha hecho una caracterización de los procesos de industrialización en América Latina, definiéndolos como procesos que «han carecido siempre de un dinamismo tecnológico endógeno de amplia cobertura social y económica que fuese capaz de sustentar el crecimiento, a diferencia de lo que ocurre en los países desarrollados [y que en su momento ha ido ocurriendo de alguna manera en las economías emergentes del sur y sureste asiático] que son fuente de un flujo permanente de innovaciones endógenas articuladas socialmente.»

       Este organismo ha realizado un diagnóstico global de la industria latinoamericana que podría resumirse en los siguientes puntos y en sus principales problemas estructurales presenta

       - un alto grado de dependencia de insumos, maquinarias y tecnología importada;

       - una desarticulación inter e intra sectorial que no permite al sector industrial relacionarse de manera adecuada con los demás sectores de la economía. Los eslabonamientos al interior del mismo sector industrial son débiles, pero lo que resulta más impactante es que esta desarticulación económica sostiene y se apoya a su vez en una desarticulación social e institucional;

       - una centralización geográfica de la industria que no permite un desarrollo más armónico a nivel nacional, así como a nivel regional y local;

       - una escasa absorción de mano de obra por parte del sector industrial, ocasionando déficits nacionales en la generación de empleos productivos, estimulantes y bien remunerados, pues los otros sectores de la economía presentan limitantes físicas;

       - incapacidad para satisfacer las necesidades esenciales de las mayorías nacionales pues la producción industrial se ha centrado en la demanda de los estratos de ingresos medios y altos como resultado de una desigual distribución del ingreso y un efecto derivado de la imitación de patrones de consumo similares a los de países desarrollados;

       - concentración de la propiedad y de la producción que provoca situaciones de control monopólico y oligopólico en el mercado, «alienta ineficiencias y privilegios, dando lugar a la llamada `economía mercantilista’. Esto a su vez favorece la importación de tecnologías inapropiadas y concentra la distribución del ingreso»;

       - escasa valoración social y precario liderazgo del empresariado nacional, que trae como consecuencia extremar las dificultades para eficientar los procesos de concertación de políticas sectoriales.

       A partir de los resultados económicos obtenidos en la década de los ochenta, la mayoría de los países del área decidieron reorientar su política económica hacia la apertura de los mercados en contraste con los mercados cautivos prevalecientes hasta entonces. Ello trajo consecuencias que derivaron en desajustes cuyos efectos en el corto plazo se expresaron en bajos niveles de competitividad de las mercancías nacionales respecto de las extranjeras, así como en un «sesgo desindustrializador» provocado por la importación masiva de mercancías, generando un creciente déficit en la cuenta comercial en la región.

       De esta manera, América Latina se embarcó en un proceso de liberalización generalizada de aranceles en momentos en que se presentaba un reacomodo sumamente complejo en las relaciones económicas internacionales, lo que se ha utilizado para afirmar que como región, América Latina «asumió ingenuamente el proceso en base a las siguientes razones:

       - «Sacrificó unilateralmente los aranceles como arma de negociación económica.

       - «No identificó claramente la práctica comercial de los países industrializados, por lo que creyó que ésta debía ser el reflejo de sus postulados de libre comercio.

       - «No preparó su infraestructura institucional para acometer la apertura económica.

       - «No consolidó procesos de negociación y concertación sector público-sector privado para direccionar los nuevos proyectos económicos.»

2. La empresa latinoamericana, particularmente la pequeña y la mediana, presenta rasgos y características genéricos similares en prácticamente toda la región, y su inserción en el mercado mundial en un ambiente de globalización, dados los antecedentes del modelo «hacia adentro» llevado a cabo previamente y la crisis de los años ochenta y noventa en América Latina, le significa encontrarse con serios problemas estructurales y en una situación de desventaja frente a las empresas de los países desarrollados y de las economías emergentes de mayor éxito, agravado por la forma «ingenua» en que la región asumió el proceso de liberalización. Pasaremos ahora a tratar las características genéricas, ventajas y debilidades del sector de la micro, pequeña y mediana empresa latinoamericana, así como la necesidad de redefinir el proceso de industrialización en la región e ir generando e impulsando cambios en el contexto político y económico latinoamericano en beneficio de este sector empresarial, en el marco de la integración y la cooperación latinoamericana.

       La importancia del sector de la micro, pequeña y mediana empresa en el desarrollo industrial latinoamericano se expresa en el hecho de que en el subcontinente existen unas 50 millones de empresas de este tipo que generan alrededor de 150 millones de empleos. Este sector podría caracterizarse de la siguiente manera: 

       - constituye un instrumento fundamental de política para la creación de empleo, dado que poseen una mayor capacidad de adaptación a la disponibilidad de recursos en los países subdesarrollados pues requieren menos capital y divisas, lo que resulta importante en un ambiente de restricción de estos elementos;

       - este sector industrial empresarial presenta características que le permiten ser más adaptable a los procesos de desconcentración y de desarrollo, particularmente rural, más eficiente para servir a mercados pequeños, de amplia flexibilidad para usar los recursos naturales locales, requiriendo poca infraestructura y pudiendo constituir un vehículo de importancia para detonar la industrialización rural, reducir las desigualdades del desarrollo regional, reducir la gran urbanización y la metropolización;

       - son una forma de democratización de la propiedad de los medios de producción, contribuyendo al desarrollo de un sistema empresarial menos excluyente;

       - es una forma de asistencia a la población de menores ingresos;

       - sea formal o informal, es un sector dinámico de alta capacidad empresarial que en muchos países de la región se ve reprimido por los controles estatales y sus «pretensiones regulacionistas» excesivas.

       Como contraste de las virtudes y fortalezas de este sector empresarial industrial, el SELA señala igualmente sus debilidades que, en su momento, se convierten en limitantes del posible impacto positivo que pudieran ofrecer. Entre ellas se tendrían las siguientes:

       - una cultura empresarial particular que le impide u obstaculiza su incorporación a los procesos de modernización y a los cambios tecnológicos; ello se expresa en una administración desarticulada en lo que se refiere a organización y sistemas y en una exacerbación del individualismo;

       - sobrediversificación productiva y escasa especialización;

       - se limita a cubrir segmentos del mercado interno que no son atendidos por las grandes empresas;

       - respecto del mercado externo, no  muestran una estrategia consistente para el desarrollo de mercancías de exportación;

       - poca capacidad de autofinanciamiento e insuficiencia de garantías para tener acceso al financiamiento «externo» a la empresa, sea nacional y menos aún extranjero;

       - altos costos de producción por la inflexibilidad en los equipos y procesos productivos;

       - mano de obra poco calificada y poco comprometida con los objetivos de la empresa;

       - equipo e instrumentos de trabajo obsoletos;

       - dependencia de insumos importados.

3. Para definir nuevas estrategias de industrialización hay que partir de los diagnósticos del sector empresarial industrial en el contexto actual, de la identificación de sus necesidades y de sus obstáculos, lo que permitirá conducirse hacia a una redefinición de urgencias y prioridades y reconceptualizarse como proceso a fin de diseñar e instrumentar, en términos de objetivos de mediano y largo plazo y de metas concretas, las políticas sectoriales  -industrial, de ciencia y tecnología, de educación, de capacitación, etcétera- que se requieren para llevar a cabo el proceso de industrialización.

       Respecto de la conceptualización y diseño de una política industrial vinculada a una estrategia de industrialización orientada hacia el sector externo en países como los de la región latinoamericana,  se requiere considerar las características y particularidades del sector empresarial objeto de nuestra reflexión, lo que no significa que deba constituirse específicamente para ese sector sino para todos los agentes y unidades económicos que, aunque ciertamente con un sentido diferenciador en función de su tamaño, magnitud y sentido, forman el entramado industrial nacional. Una cuestión ineludible que debe ser considerada en la conceptualización y diseño de las políticas industriales nacionales se refiere a las particularidades de su entorno institucional, del ambiente cultural y de tradiciones y de otras especificidades aún difíciles de medir y/o cuantificar.

       Ello resulta importante pues aunque existe la necesidad cuasi ineludible de orientar el proceso de industrialización hacia el sector externo, no hay que perder de vista lo sustancial: el desarrollo interno. Esto es cierto al considerar que las particularidades de nuestra sociedad y economía no permiten trasladar o imitar de manera automática estrategias, políticas o instrumentos aplicados en otro tipo de sociedades y economías, particularmente las desarrolladas.

       La reflexión anterior deriva de la experiencia que en materia de política industrial han seguido las economías desarrolladas, donde se ha seguido un modelo más bien pragmático para fortalecer la competitividad de sus economías nacionales.

       Como factor paralelo de la política industrial, la conceptualización y diseño de una política de ciencia y tecnología para lograr un avance tecnológico es determinante, lo mismo que para el caso de las políticas de educación y de capacitación, elementos imprescindibles en cualquier estrategia de desarrollo industrial.

       El modelo seguido por la mayoría de las economías desarrolladas y emergentes exitosas supone la existencia de un sector industrial activo como base para la promoción de las exportaciones. En nuestro caso debe suceder lo mismo y los procesos productivos deben combinar satisfactoriamente el recurso humano, la creatividad, los recursos naturales y el capital. Para ello, la formulación de políticas que inciden en el proceso debe armonizar con la selección de instrumentos y estrategias de acción.

       Para ilustrar la enorme competencia a que nos enfrentamos, baste señalar que en el mercado mundial se realizan operaciones comerciales anuales del orden de los cuatro billones de dólares, de ellos el 50 por ciento es concentrado por empresas trasnacionales y alrededor del 80 por ciento es comercio administrado (previamente negociado). Europa responde por el 40 por ciento de este comercio, Asia del 35 por ciento, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) del 17 por ciento y América del Sur por únicamente el 2.5 por ciento. 10 

       Ahora bien, repensando la posibilidad de un incremento de los intercambios comerciales en la región, las expectativas y las oportunidades pudieran derivar no sólo en una mayor presencia de América Latina en el mundo sino, aún más, en un incremento verdaderamente significativo de las relaciones comerciales al interior de la región en función de los acuerdos comerciales, las políticas de cooperación y demás instrumentos de política económica que se tienen y que se pudieran acordar a nivel del subcontinente, remodelando y ofreciendo así una nueva cara de la empresa latinoamericana, lo que haría inaplazable no sólo una nueva estrategia de industrialización y una reestructuración de la industria en América Latina sino, de igual manera, nuevas formas de cooperación de las empresas al interior de sus países, dentro de la región latinoamericana y aún con las de otros países del mundo. Y para ello se requiere también de la participación activa de los empresarios.

Reflexiones finales

       Para llevar a cabo cualquier cambio en el estado de cosas existente es pertinente contar con diagnósticos generales cada vez más precisos y puntuales. No obstante, cualquier recomendación emanada de los diagnósticos y de las experiencias se verá limitada por las condiciones económicas y políticas particulares de cada país, pues los modelos económicos no han respondido a las necesidades sociales y porque esos modelos han atentado además contra la supervivencia del sector de la micro, pequeña y mediana empresa como ha sucedido en México donde se cuenta con un entorno de dificultades: la banca cuenta con recursos pero no presta, se destinan más recursos sociales infinitamente más cuantiosos a salvar a la banca privada  que lo que se destina a educación y a ciencia y tecnología, y en general al gasto social; la burocracia oficial y en ocasiones hasta la privada parecen tener como consigna el entorpecer el desarrollo de la empresa; la corrupción se presenta hoy como signo cultural de nuestro tiempo;  el avance democrático se ha visto fuertemente obstaculizado y lo avanzado ha sido más por los esfuerzos de la sociedad civil que del gobierno mismo; los intereses nacionales se han visto supeditados a intereses extranacionales; no se han sentado las bases para un desarrollo industrial de largo plazo con características diferentes, etcétera.

       En un entorno así las iniciativas por desarrollar y consolidar un sector pequeño y mediano empresarial moderno y competitivo a nivel nacional y latinoamericano se verán fuertemente reducidas a meros enunciados discursivos, de escaso o nulo impacto.

       Digamos que habría que cumplir otras condiciones. Y para ello se requiere, antes que nada, que el proceso de industrialización se finque sobre otras bases, que el sector educativo se vea fuertemente apoyado para formar recursos humanos de una calidad cada vez mejor, que de igual manera el sector científico se vea premiado y no castigado, que se sienten, en suma, las bases materiales y sociales para un desarrollo productivo sostenido de largo alcance que permita prepararnos mejor internamente y estar en capacidad de competir con posibilidades reales en el mercado mundial y en nuestro propio mercado interno.

       Por ello, no deben perderse de vista las limitaciones estructurales que caracterizan a nuestro país y a nuestros empresarios, y tratar de que el empresariado nacional sea un interlocutor que genere influencias e impactos de mayor trascendencia en los tomadores de decisiones. En este sentido los empresarios deben asumirse como actores y protagonistas e incidir en el diseño de las políticas públicas que les atañen, y aquí no me refiero al papel que han jugado históricamente las cámaras empresariales sino a aquel que deberán jugar de hoy en adelante. Ya en el último programa de política industrial del feneciente sexenio gubernamental se consideraba a los empresarios como actores que debían actuar en este sentido. Sin embargo, sus estructuras de representación no se han democratizado como para expresar las inquietudes reales e incidir en la toma de decisiones al momento de diseñar las estrategias, las políticas y los instrumentos de política, tanto a nivel nacional como regional y local.

       Si esto se lograra no sólo en México sino a nivel del subcontinente, entonces la posibilidad de generar un proceso de integración regional se vería fuertemente respaldada, mediante la promoción de la integración y complementación de procesos de producción, de alianzas y cooperación entre unidades económicas de diversos países, de coinversiones, por mencionar algunas posibilidades de integración.

       El próximo gobierno en nuestro país tendrá como presidente a un empresario. Las expectativas son muchas y diversas, pero quizás exista por parte de la próxima administración gubernamental una percepción diferente acerca del sector empresarial, de su importancia para la economía nacional y del innegable papel social que debe jugar. 

 

Notas:

 1 Investigador Titular del Instituto de Investigaciones Económicas y profesor definitivo de la División Sistema de Universidad Abierta de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM. E-mail: [email protected] servidor.unam.mx

 2 Sistema Económico Latinoamericano (SELA), El desarrollo de la pequeña y mediana industria en el contexto de la modernización del aparato productivo y la competitividad en América Latina, SELA, I Reunión del Foro Regional sobre Política Industrial, San José, Costa Rica, 27-28 de octubre de 1994 (SP/IR/FRPI/DT núm. 11), pp. 3.

 3 Ibid, pp. 7-8.

 4 Fuente: Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), con base en cifras del Fondo Monetario Internacional y de entidades nacionales, en: CEPAL, Estudio económico de América Latina y el Caribe 1994-1995, Santiago de Chile, CEPAL/ONU, septiembre de 1995, cuadro IV-10, pp. 99.

 5 SELA,  El desarrollo de la pequeña y..., Op. cit., pp. 3-4.

 6 Enrique Iglesias, Presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en su alocución durante la inauguración del Foro Bolívar de la Empresa Latinoamericana, Punta del Este, Uruguay, 23 al 26 de noviembre de 1995.

 7 SELA, Op. cit., pp. 8.

 8 Ibid, pp. 9.

9 Luz Elena Espinosa Padierna.  Desarrollo industrial y apertura comercial. Consideraciones en torno de la formación de recursos humanos, ponencia presentada durante el IX Congreso de la Asociación Mexicana de Estudios Internacionales (AMEI), Querétaro, México, 19-21 de octubre de 1995.

 10 Cálculos con base en datos presentados por la CEPAL, Balance preliminar de la economía de América Latina y el Caribe en 1994, Santiago, diciembre de 1994. Los datos para 1993, provisionales, provienen de la Secretaría de la ALADI. La participación del TLCAN se ha incrementado un poco en función del aumento sustancial de las exportaciones mexicanas después de la firma de este acuerdo comercial, y ubican hoy a México como la décima principal  economía exportadora en el mundo.

 

 

Fuente: El Papel del Empresario Mexicano en la Integración de América Latina y el Caribe, AUNA México, 2001, páginas 9 a 14.

 

 

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