Asociación por la Unidad de Nuestra América

               

 

Globalización, Regionalización y Trasnacionales Mexicanas en América Latina *

Alejandra Salas-Porras

 

Las trasnacionales y la globalización

Entre los principales estudiosos y teóricos de la globalización no existe acuerdo ni en torno a los orígenes ni en torno a sus principales características (Waters, 1995). Quienes consideran que el proceso se inicia en el siglo XVI (Wallerstein, 1974 y Robertson, 1992) a menudo resaltan la continuidad de la tendencia hacia la integración internacional que atraviesa diversas fases hasta llegar hace aproximadamente 30 años a lo que se reconoce como la fase del sistema global (Sklair, 1995), la época global (Albrow, 1996), la fase de la incertidumbre (Robertson, 1992), el ascenso de la supra-territorialidad (Scholte, 1998 y 1996), de la sociedad de la información o de la sociedad de redes (Castells, 2000). En todos los casos se identifican cambios de gran envergadura que aluden o trastocan los referentes espaciales, temporales, geográficos y territoriales, sin los cuales hasta hace poco era imposible pensar –no se diga investigar o conceptualizar- las relaciones económicas, políticas y sociales (Salas-Porras, 1999).

Entre los hechos que afectan más sensiblemente los referentes espaciales y temporales se mencionan los siguientes: los medios de comunicación que intensifican y potencian la densidad y rapidez de las conexiones transfronterizas gracias a las múltiples, diversas y poderosas combinaciones entre las telecomunicaciones, las computadoras digitales, los medios audiovisuales y los satélites; las nuevas estrategias de las empresas trasnacionales, las redes de alianzas y asociaciones que establecen, los productos globales que desarrollan (desde productos alimenticios hasta programas de televisión, comerciales, periódicos y revistas globales) y que tienden a homogeneizar patrones de consumo; y los organismos supranacionales que se preocupan por armonizar y estandarizar criterios de política económica.

Existe pues un amplio acuerdo sobre el papel fundamental que han jugado las empresas trasnacionales en la integración de un sistema económico mundial, esto es un sistema que tiende a estructurar al mundo como un todo, como un espacio en el que la distancia y las fronteras territoriales pierden importancia; en el que las estrategias corporativas se piensan y articulan a nivel mundial considerando las características, experiencias, ventajas y potencialidades de propiedad, integración y localización geográfica; y en el que un número cada vez mayor de productos, servicios e información fluye sin restricciones a través de las fronteras promoviendo la estandarización en los patrones de consumo a nivel mundial.

Definiciones básicas sobre las trasnacionales

Si bien las trasnacionales son ampliamente consideradas como uno de los principales protagonistas del sistema global, al mismo tiempo los criterios de acuerdo a los cuales se definen estas empresas varían notablemente. Los estudiosos que se han dedicado a analizar a las empresas trasnacionales, multinacionales, globales o negocios internacionales no han llegado a definiciones ampliamente compartidas. Mientras algunos enfatizan en su definición características cuantitativas otros subrayan rasgos cualitativos.

Hasta los años setenta las definiciones sobre las empresas multinacionales y/o trasnacionales ponían más énfasis en criterios cuantitativos. Entre los criterios que  se tomaban en cuenta para evaluar la acción multi o trasnacional de las grandes corporaciones está el número y tamaño de las subsidiarias que la corporación controla en el extranjero; el número de países en los que la empresa tiene actividades que generan valor agregado; el porcentaje de los activos, ingresos, ventas y/o empleo que concentran las subsidiarias en el extranjero; la proporción de propiedad directa internacional (acciones); el origen extranjero de la administración (esto es, el número de extranjeros en los puestos de alto nivel corporativo); y el grado en que las actividades de mayor valor agregado (incluyendo investigación y desarrollo) han sido internacionalizadas (Dunning, 1993:3-4).

Desde los años ochenta en adelante las definiciones ponen más atención a criterios cualitativos, entre los que sobresalen dos: 1) la coordinación de varias unidades productivas que agreguen valor a través de dos o más fronteras nacionales a fin de reducir los costos de producción y 2) la internalización de transacciones a través de fronteras (también conocida como comercio intra-firma) que se propone reducir costos de transacción (Dunning, 1993).

A menudo los conceptos internacional, trasnacional, multinacional y global se utilizan indistintamente. Sin embargo, la tendencia reciente suele distinguir entre, por un lado multinacional y, por el otro, empresa trasnacional o global. La principal diferencia se ubica en el nivel de integración de las operaciones trasnacionales. Mientras que las multinacionales están formadas por un conjunto de subsidiarias (dos o más) que se administran y dirigen independientemente tratando de responder a la lógica de los mercados locales; que su fuerza competitiva proviene de su país de origen en donde se desarrollan sus más importantes ventajas y contribuciones tecnológicas y organizacionales; y que sus operaciones trasnacionales no están altamente integradas. Por el contrario, las corporaciones trasnacionales o globales, requieren altos niveles de integración entre las operaciones de sus filiales a fin de aprovechar al máximo las ventajas específicas de la empresa. 

Hasta la década de los ochenta el esfuerzo se concentró en diferenciar entre empresas multinacionales y trasnacionales. Los estudios más recientes, en cambio, distinguen entre la empresa trasnacional y la global, aunque existen divergencias en cuanto al grado de complejidad y desarrollo de cada una de éstas. Las corporaciones más complejas y avanzadas deben desarrollar la capacidad estratégica para alcanzar un equilibrio entre los imperativos globales y los locales. Un equilibrio entre, por un lado, los imperativos globales de estandarización e integración de los procesos productivos, financieros y comerciales y, por el otro, los imperativos locales. Mientras éstos se expresan en las necesidades y preferencias particulares de cada uno de los mercados, aquellos exigen estandarizar e integrar procesos y productos, lo que se torna extremadamente complejo porque cada uno de los mercados –de consumo, laborales, financieros, de servicios, industriales, etc.– debe alcanzar un equilibrio diferenciado.

Al mismo tiempo, también debe subrayarse que las expresiones de organización corporativa menos desarrolladas no sólo no desaparecen sino que inclusive suelen ser predominantes en ciertos sectores. Así, mientras que en el sector automotriz, electro-electrónico y de telecomunicaciones, la tensión entre las exigencias locales (de mercados cada vez más exigentes, diferenciados y estratificados) y las exigencias globales (que requieren altos grados de estandarización de insumos e integración de procesos) promueven estrategias corporativas globales; al mismo tiempo, en sectores más tradicionales como el de alimentos y cemento, las exigencias de los mercados locales predominan dando continuidad, vigencia y relevancia a la definición de la empresa multinacional. Muchos autores inclusive insisten en que, en conjunto, la organización multinacional sigue siendo la predominante.

Las trasnacionales provenientes de los países en desarrollo

Paralelamente, sobre todo desde la década de los setenta, se observa el fenómeno de las multinacionales del Tercer Mundo. Las empresas más grandes de algunos países del Sudeste de Asia, AL y Africa se expanden hacia otros países en donde encuentran marcos institucionales similares, cercanía geográfica, lingüística o cultural, o bien porque encuentran socios que facilitan su proceso de expansión (Lall, 1983). Se trata, en términos generales, de empresas que desarrollan ventajas competitivas a partir de un mejor aprovechamiento de tecnologías maduras, tecnología de producción en masa, que logran adaptar a mercados más pequeños, aprovechando en particular la disponibilidad de mano de obra abundante y barata. Hasta hace poco la transferencia de tecnología de los países desarrollados hacia los países en desarrollo se concebía como un proceso pasivo que simplemente buscaba la adaptación y adecuación de conceptos, equipo y procesos de innovación tecnológica. Ahora se acepta que dicho proceso se puede traducir también en el desarrollo de capacidades tecnológicas, educativas, administrativas, mercadotécnicas y aun científicas que no son fácilmente codificables y que en determinadas circunstancias transforman las ventajas competitivas de las firmas e inclusive se convierten en palancas de desarrollo y crecimiento. Las licencias y contratos que transferían tecnología a través del equipo, las asesorías y el entrenamiento se traduce en un conocimiento intangible que encarna en la mano de obra calificada, en procesos y capacidades administrativas cada vez más sofisticadas, en el conocimiento del mercado, el diseño de productos y procesos de conocimiento adaptativos. A lo que habría que agregar que los empresarios y los ejecutivos de estos países viven un proceso de aprendizaje que les permite negociar mejores condiciones en sus contratos y asociaciones con inversionistas extranjeros. El desarrollo de todas estas capacidades depende, entre otros factores de la intervención del Estado, la orientación de su política económica e industrial, y de su vinculación con los sectores productivos (empresarios y sindicatos, particularmente). La evolución de tecnología no codificable puede ser inhibida o facilitada por las políticas estatales.

Las nuevas ventajas competitivas de las firmas las pueden situar en mejores condiciones para negociar posiciones y alianzas y, desde luego, para expandirse a otros mercados, ya sea a través de exportaciones o bien de IED. Ello puede a su vez redundar en la posición competitiva del país, razón por la cual algunos gobiernos se han preocupado por fortalecer a sus más grandes empresas, aunque como señalan varios autores (Weintraub, 2000), el mayor o menor éxito depende también del efecto multiplicador sobre otras empresas pequeñas y medianas, y sobre el mercado interno en general.

Características del proceso de integración regional latinoamericano

En el contexto de los procesos de globalización y estructuración del mundo como un todo, el regionalismo se convierte en un mecanismo fundamental de gobierno para mantener un cierto orden mundial. Como en el caso de los procesos de globalización, en los de regionalización se observan diferencias notables tanto en lo que se refiere a su conceptualización, como a la forma en que se relacionan e interactúan con los procesos de globalización. Suelen concebirse a la vez como un paso hacia la globalización o bien como una estrategia –más o menos defensiva y excluyente– frente a los procesos de globalización, lo que básicamente distinguiría a los procesos de regionalización espontáneos de los intencionales. Los agrupamientos adoptan de esta manera un carácter más o menos formal y estructurado según intervengan o no acuerdos comprehensivos entre varios países que se propongan integrar y regular mercados comunes, promover, acelerar y/o ordenar la integración económica, política, social y/o cultural.

Se han identificado diferentes tipos de regionalismo (Rosas, 1996; Butler, 1998) cuyos objetivos varían considerablemente: mientras que algunos de los agrupamientos ponen el acento en maximizar el bienestar económico y promover el comercio y la inversión intra-regional, otros se preocupan por la defensa y seguridad de la región o bien la protección de tradiciones culturales y sociales.

       El grado de intencionalidad varía entre los diferentes tipos de regionalismo. Así, un primer tipo de regionalismo sería aquel proceso en el que se observan vínculos y transacciones informales que se derivan predominantemente de la actividad económica; un segundo tipo se caracteriza por una conciencia e identidad regional, esto es, una mezcla de tradiciones históricas, culturales y sociales comunes, como en el caso de América Latina y los países musulmanes; el tercer tipo de regionalismo involucra una cooperación inter-estatal regional más formalizada; el cuarto tipo consiste en una integración económica promovida deliberadamente por el estado, es la más común; y, por último, el quinto tipo de regionalismo que descansa en una afinidad regional más generalizada en la que la combinación de los tipos anteriores puede llevar al surgimiento de una unidad regional consolidada y cohesionada (el caso más representativo de ésta es la Unión Europea) (Salas-Porras, 1999).

       El gobierno de México ha promovido una serie de acuerdos comerciales, con un contenido más o menos comunitario, defensivo o excluyente, que impulsan procesos de integración de diverso alcance. El más importante sin duda es el TLCAN, que no sólo promueve y ordena la integración de México con los países de América del Norte y muy en especial con Estados Unidos, sino que ha desencadenado otros procesos de integración y regionalización a nivel continental y extra-continental, no desligados del todo de las expectativas generadas por la firma del TLCAN. Es en este contexto que México entra en negociaciones y firma acuerdos más o menos formales con países y entidades regionales. Así, en 1994 entra en vigor el TLCAN; entre 1995 y el 2000 firma acuerdos con 5 países de Centro y Sudamérica; a mediados del 2000 entran en vigor los acuerdos de libre comercio con la Unión Europea y con Israel y se suscribe un acuerdo con el triángulo del norte de Centro América (Guatemala, Honduras y El Salvador). Participa también en el foro de la APEC; y en el periodo de 1994 a 1999 se desarrollan un total de 156 proyectos de cooperación con los países del MERCOSUR en diferentes áreas.

Entre ellos se aprecian no sólo grandes desigualdades en términos de su alcance y sus limitaciones, sino traslapes y contradicciones que vuelven difícil evaluar sus posibilidades como instrumento de desarrollo, a nivel general y en áreas y sectores específicos de la economía. De esta manera tenemos que la integración de México en el TLCAN ha debilitado los lazos comerciales con Latinoamérica y en particular, con los países del MERCOSUR. La concentración del comercio de México con EU pasó del 60% antes de la firma del tratado a cerca del 80% en la actualidad. El intercambio de México con los EU y Canadá se ha triplicado desde la vigencia del TLCAN.

Al mismo tiempo el intercambio bilateral de México con los países del MERCOSUR disminuye, pese a que se amplían tanto las concesiones mutuas de los acuerdos bilaterales, en el marco de la ALADI, como las negociaciones multilaterales con el MERCOSUR. Tan sólo con Argentina las exportaciones de este país hacia México cayeron del 2% del valor de la importaciones totales de México en 1985 hasta 0.4% en 1994 y 0.3% en 1996. Y desde ese año baja el monto de 800 millones de dólares a menos de 500 millones en la actualidad. A medida que avanza la desgravación arancelaria a productos agropecuarios provenientes de EU, pierden competitividad los productos de Argentina. Las importaciones industriales de Brasil, a pesar de ser beneficiadas por las preferencias de la ALADI, cayeron de 1,205 MD en 1994 a menos de 700 millones en 1996. México y Brasil compiten en los sectores automotriz, electro-electrónico, petroquímico y del acero y no han podido llegar a acuerdos de mutuo beneficio. Brasil, en particular, argumenta que la maquiladora en la industria automotriz y electro-electrónica mexicana representa una competencia muy desventajosa para su país.

Las crisis financieras de los países de la región y la contracción de los mercados domésticos limitan, sin duda, el potencial de los acuerdos. Sin embargo, si no se modifica la lógica de suma-cero por una lógica más comunitaria que parta de las posibilidades de complementariedad de las economías y las plantas productivas, los procesos de integración de México con la región latinoamericana se seguirán subordinando a la lógica de la integración con América del Norte.

Algunas características de las trasnacionales mexicanas en América Latina

América Latina y México en particular, se inserta en la economía global no sólo por la presencia de fuerzas e instituciones de alcance global en la región, sino también a través de la acción de las grandes empresas latinoamericanas tanto en la economía global y sobre todo en la economía regional.

       Aunque la trayectoria y el ritmo de expansión de cada grupo varía enormemente, en la primera mitad de la década de los noventa, la gran mayoría de los grupos mexicanos se abrieron paso primero en el mercado norteamericano y en menor medida en el europeo. Su expansión hacia EU los expuso a marcos y reglas institucionales complejas y los vinculó con circuitos comerciales, tecnológicos, administrativos y financieros de alcance global. Esta estrategia de expansión ha facilitado enormemente el camino hacia América Latina en la segunda mitad de la década de los noventa.

Como se observa en el Cuadro, a excepción de IMSA las trasnacionales mexicanas han establecido filiales en países industrializados, especialmente EU y, en menor medida, Canadá y Europa (Salas-Porras, 1998). Sin embargo, su radio de influencia más importante y con mayores posibilidades de crecimiento, sigue siendo América Latina. De las 15 empresas trasnacionales mexicanas más importantes, 14 tienen plantas en EU, 4 operan en Europa y 14 tienen varios establecimientos en AL (con más de 50 filiales).

       Uno de los casos más sobresalientes es Cemex no sólo por el alcance global de su expansión, las dificultades que ha tenido para crecer en el mercado norteamericano y las confrontaciones con sus competidoras Holderbank y Blue Circle (Salas-Porras, 1998), sino porque además se ha convertido en la tercera empresa cementera a escala global y en la primera en el continente americano. Con instalaciones en 4 continentes y más de 30 países, Cemex inicia su expansión hacia América Latina en 1994 con la compra de Cementos Bayano en Panamá. Crece rápidamente en la región a través de numerosas adquisiciones entre las que se encuentran Cementos Nacionales en la República Dominicana (1995), Cementos Diamante y Samper en Colombia (1996) y Cementos Pacífico en Costa Rica (1999). A lo que habría que agregar sus más recientes incursiones en el área de negocios por internet a través de sus filiales PCH, PCI y Latinexus, todas fundadas en el año 2000. PuntoCom Holdings, con sede en Miami, Florida, aspira a convertirse en la principal empresa promotora de negocios por internet por medio de la identificación y el desarrollo de oportunidades de negocios por internet, adaptando modelos de EU y Europa a las condiciones de AL; PuntoCom Invetments es un fondo de inversión con sede en Delaware que se propone invertir en negocios por internet en AL; y Latinexus, cuyas oficinas sede se encuentran también ubicadas en Miami, agrupa inversiones de varias grandes empresas de la región (entre otras, Alfa y Bradespar) a fin de desarrollar y cubrir el mercado de abastecimiento por internet.

       Telmex, filial de Carso-Telecom, ha crecido también vertiginosamente en el campo de las telecomunicaciones. Inició sus primeras exploraciones en EU en 1996 y hasta 1999 en América Latina en donde sin embargo se expande con celeridad. Entre 1999 y el año 2000 se asocia con las más importantes compañías telefónicas de Brasil, Argentina, Ecuador y Guatemala (Algar en Brasil Techint y PatagonCom en Argentina, Consorcio Ecuatoriano de Telecomunicaciones en Ecuador , Telecomunicaciones de Guatemala en Guatemala) para brindar servicios de transmisión de voz, datos y vídeo. En noviembre del año 2000 Telmex anunció la creación de una compañía nueva de telecomunicaciones, Telecom. America, en asociación con Bell Canada International y SBC Communications, que conjuga y consolida los intereses de estas trasnacionales en América Latina (especialmente en Colombia, Brasil, Argentina y Venezuela) y se constituye en el medio principal de expansión en la región. La nueva compañía tendrá una capitalización inicial de 3,500 millones de dólares que incluirán los activos de BCI en Sudamérica y los activos de Telmex en Brasil, calcula ingresos de 4 mil millones de dólares al año y 3 millones de suscriptores en cuatro de los más grandes mercados de la región, a quienes ofrecerá servicios de telefonía local y larga distancia nacional e internacional, incluyendo las comunicaciones alámbricas e inalámbricas, transmisión de datos y vídeo, acceso a Internet, así como soluciones integrales de telecomunicaciones a sus clientes corporativos.

La Moderna, Cemex y Telmex (ésta última filial de Carso-Telecom) son las únicas trasnacionales mexicanas que se han aventurado en áreas de tecnología de punta. La primera ha incursionado en el área de biogenética y las dos últimas en terrenos tecnológicamente cada vez más sofisticados de las telecomunicaciones (servicios de transmisión de voz, datos y vídeo). Su experiencia regional en estas actividades es todavía reciente y aunque parece todavía prematuro anticipar su desempeño, dos hechos pueden influir positivamente: por un lado, la asociación con trasnacionales que cuentan con su propia tecnología y procesos y, por el otro lado, las posibilidades de crecimiento del mercado de telecomunicaciones. El mercado de telecomunicaciones en América Latina es el de más rápido crecimiento en el mundo. Con una población de más de 350 millones de habitantes y una baja tasa de teledensidad, Sudamérica experimenta un rápido crecimiento en el sector de las telecomunicaciones. El mercado de servicios de banda ancha está creciendo a una tasa anual de más de 35%. El mercado de los servicios de Internet está creciendo más del 40% anualmente, superando el crecimiento global por un factor de 4 a 1.

En otro nivel de desarrollo tecnológico, tenemos varias empresas mexicanas que concentran su actividad en áreas más tradicionales como la de alimentos y bebidas (VISA, Bimbo, Gruma), textil (Synkro) y diversos productos manufacturados como el vidrio (Vitro), acero y petroquímicos (Alfa) y otras ramas en las que han logrado capacidades tecnológicas, de organización, transporte y comercialización que representan una ventaja competitiva en la región. El Grupo Maseca y el Grupo Bimbo, por ejemplo, habían incursionado en los mercados centroamericanos desde los setenta. En los noventa, sin embargo, aceleran su expansión tanto hacia EU como hacia América Latina y, en menor medida, Europa, lo que se explica tanto por el crecimiento explosivo de los mercados de comida mexicana en EU y en el mundo en general, como por la concentración de estos grupos en artículos de consumo no duradero que no resulta rentable exportar masivamente. Así, para el año 2000 Bimbo tienen plantas en 6 países centroamericanos y 6 sudamericanos, mientras el Grupo Maseca en 5 y 2, respectivamente.

La red de filiales mexicanas en América Latina es sin duda más extensa y compleja que la alcanzada en otros países industrializados. Algunas empresas medianas también empiezan a explorar posibilidades en AL. Pero, como ya hemos visto, ello no ha contribuido a modificar sustancialmente las pautas de integración y regionalización a nivel continental.

En resumen, la red de filiales en el extranjero revela que las empresas mexicanas concentran su actividad en el continente americano y tienden a crecer sobre todo hacia América Latina. Por lo tanto, salvo en algunos casos aislados, como el de Alfa, Carso-Telecom y Cemex, su lógica sigue siendo fundamentalmente la lógica de las empresas multinacionales que responden en lo fundamental a las exigencias y características de un mercado regional.

 

 

 

Notas:

* El objetivo de este artículo consiste en examinar la presencia de las trasnacionales mexicanas en América Latina. Para ello, sin embargo, considero necesario hacer una referencia, así sea breve y necesariamente esquemática a varias cuestiones: (1) la relación entre las trasnacionales y los procesos de globalización y regionalización; (2) algunas definiciones básicas sobre las transnacionales, las multinacionales y las empresas globales;  (3) las características de las trasnacionales provenientes de los países subdesarrollados; (4) algunas características del proceso de integración regional latinoamericano; y por último, (5) algunas características de las trasnacionales mexicanas en América Latina.

1 Lall, Torentino y el grupo de estudiosos que encabezaron la Comisión de Trasnacionales de las Naciones Unidas (Fujita et al, 1993) han realizado un estudio cuidadoso del desarrollo de estas capacidades en diversos países y el tipo de intervención estatal a la que están asociadas. Evans (1995) agrega que los resultados dependen no sólo del tipo de intervención estatal sino también del tipo de relaciones que se establecen con los empresarios.

 2 Esta ciudad se ha convertido en la sede y centro de operaciones de las trasnacionales latinoamericanas más importantes.

 

 

Referencias

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Fuente: El Papel del Empresario Mexicano en la Integración de América Latina y el Caribe, AUNA México, 2001, páginas 9 a 14.

 

 

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