Asociación por la Unidad de Nuestra América

               

 

La Integración Económica de América Latina, un Reto para el Siglo XXI

     Jorge Marín Santillán

Muchas gracias maestro Carmona, por esta inmerecida presentación pues además de decirme joven me ha dicho académico. Pues de academia la verdad es que tengo poco. Sí de experiencia en la vida de los negocios, sobre todo —y que es un poco lo que trataré de trasmitirles desde el punto de vista del empresario— para poder exponerles lo que creo que deberíamos hacer en nuestra América Latina para lograr lo que todos anhelamos, que es un mejor nivel de vida, una mejor forma de hacer negocios en nuestras empresas y nuestros países. Por tanto, muchas gracias maestro. También mi agradecimiento a la Asociación por la Unidad de Nuestra América, muy especialmente al doctor Alonso Aguilar Monteverde que me ha hecho favor de invitarme. Y a mi amigo Guillermo Ortiz, pues gracias por haberme propuesto platicar con ustedes.

Voy a tratar de dividir mi plática en tres partes. La primera una breve reflexión de lo que ha venido siendo o tratando de ser esta famosa integración latinoamericana en los últimos cuarenta años, lapso en el que algunas otras regiones realmente han logrado una integración como la Unión Europea y en el que nosotros, los países latinoamericanos, todavía seguimos tratando de hacerlo. La segunda parte platicaré un poco, sobre a dónde nos ha llevado, en la posición mundial, esta falta de integración, en el ámbito de competitividad, de la forma de hacer negocios en nuestros países, del nivel de vida que hemos venido teniendo, del empleo y por último, platicar sobre algunas experiencias del sector empresarial en esta lucha por la integración, a través de estos últimos tratados de libre comercio que hemos venido realizando no solamente con Norteamérica y con la Unión Europea, sino también con casi el resto de los países latinoamericanos, y de aquellos en los que siento podemos hacer mucho para que se dé, por ejemplo, con el Mercosur.

Iniciaré la primera parte con la lectura de este documento que preparé, de esta historia muy breve de la Integración Latinoamericana.

“El planeta ya no es un mundo, es una economía global en crecimiento”. Esto lo mencionaba Donald Johnson, que es Secretario de la OCDE. Y qué razón tiene, dado que estamos pasando de una transformación de un mundo bipolar (esa guerra fría que ha quedado un poco atrás entre los dos mundos: el mundo capitalista y el mundo comunista) y nos encontramos con una tendencia a la globalización de las economías; a la creación de bloques económicos y al fortalecimiento de los que ya existían.

Basta señalar esta conformación de un bloque económico como el de Norteamérica, del cual México es miembro, es parte importante de él. Un bloque que por sus siglas en ingles le llaman NAFTA (TLCAN en español), en donde tenemos casi 300 millones de consumidores. Un bloque como el de la Unión Europea, el más grande mercado del mundo conformado realmente con una integración absoluta. Y un bloque como el de la APEC en donde hay más de 22 países, y del que también México forma parte de este entorno de comercio internacional.

Al inicio del siglo XXI que se marca con el reto para todos los países de armonizar procesos comerciales y productivos, inclusive con la necesidad de conservar el medio ambiente; pero con un objetivo muy claro de desarrollar el bienestar económico de la comunidad internacional. En ese entorno, el comercio ha desempeñado una función vital de los países, al eliminar barreras para los productos y servicios, nos ha llevado a una interdependencia. Y esta interdependencia genera necesariamente una mayor solidaridad entre los países, a través de la historia.

Comentábamos, antes de iniciar esta plática, cómo América Latina ha tratado con sus políticas comerciales desde los años sesenta, después en los años ochenta, el ir integrando un bloque, digamos una Integración, no solamente comercial sino casi —yo diría— también política.

El comercio en sus principios generó inclusive algunas guerras. Pero a partir de los años 70 y 80 sus políticas comerciales se caracterizaron por el recurso de restricciones cuantitativas bilaterales, así como el reparto de los mercados y la proliferación de supresiones. El comercio actual ha sido un moderador de la recesión mundial, enseñándonos los múltiples beneficios al eliminar obstáculos, lograr la apertura de los mercados y las economías.

El crecimiento económico en la creación de empleos y la prosperidad son inseparables; son inseparables de la expansión y la diversificación del comercio internacional. Los mercados tienen que abrirse y así mantenerse sin distorsionar la competencia. Es lógico que cada región tenga sus propias características y difícilmente podemos considerar que un mismo proyecto pueda aplicarse, de la misma manera, en los diferentes países o regiones.

Hemos estado inmersos, en la última década, en el proceso de mundialización de los mercados y encontramos que para lograr esta globalización tenemos que ir transitando por procesos de integración y regionalización. Nuestra América Latina ofrece todas las condiciones necesarias para construir una región dinámica y estable en el contexto internacional. Sin embargo nuestros pueblos han vivido aislados, con poca relación y en muchos casos con una muy limitada comunicación. Todo parece indicar que nos ha hecho falta un factor de armonización que estimule el proceso de articulación de la unidad latinoamericana.

Recientemente —lo mencionaba el maestro Carmona- nuestro presidente apuntaba en el Informe Presidencial de la semana pasada, que la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, la OCDE, analizó los retos para la globalización hacia los próximos 25 años, y en este estudio se contempla a Latinoamérica como una de las regiones que podrían convertirse en una fuerza directriz de la economía global para el año 2020. La pregunta es ¿cómo lograrlo y cómo acelerar este proceso? Los últimos cuarenta años Latinoamérica ha hecho algunos intentos: en sesenta crea la Asociación Latinoamericana para el Libre Comercio, la ALALC, con objetivos y proyectos, diríamos, muy ambiciosos. Pero cuyos resultados poco han correspondido a esos objetivos ambiciosos que se establecieron en un principio.

Veinte años después, en 1980, se crea la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI) con objetivos un poco menos ambiciosos, concentrándose en la negociación de acuerdos bilaterales y otorgándose entre las partes preferencias arancelarias; y los resultados que se han obtenido si bien son positivos —o mejores que el primer intento— desde luego no son por mucho lo que se debería lograr entre los países latinoamericanos.

Hay que recordar que en este periodo de los 60 a los 80, los países latinoamericanos estaban en un proceso de estabilización y, por lo tanto, requerían de crecimiento. Razón por la cual establecieron mecanismos de protección a ultranza para conservar sus mercados domésticos, estableciendo permisos de importación, cuotas, altos aranceles y, desde luego, con muy poco interés en buscar serios mecanismos de integración.

Estos cuarenta años poco productivos nos han llevado a la siguiente situación. En un estudio (que se conforma con más de 250 variables y 46 países) presentado en un Foro Económico de Ginebra, sobre la base de datos de la CEPAL y el Fondo Monetario Internacional, con indicadores de competitividad proporcionados por los propios países, encontramos el análisis de lo que podríamos denominar como los tres grandes países latinoamericanos: Brasil, México y Argentina; y el de otro grupo digamos de los medianos: Chile, Colombia, Perú y Venezuela. Todos ellos, en conjunto, representan más del 80% de la población de Latinoamérica, pero sobre todo, más significativo, el 90% del producto. Esto es una buena muestra.

De esos 46 países considerados en el estudio para 1999, el país latinoamericano mejor ubicado es Chile en el lugar 25 (promedio) de ocho criterios que se utilizan en la conformación del modelo de competitividad. Después tenemos a Argentina en el número 33; después está Brasil en el 35, México —yo diría desgraciadamente— en el lugar 36 y, bueno, después países como Colombia en el  43, Venezuela en el 45; y, sólo por mencionar el último lugar, Rusia en el 46.

Si tomamos otro indicador, con solamente los países latinoamericanos, vemos cuáles son las tasas anuales de crecimiento que hemos venido teniendo en tres periodos del 90 al 94, del 94 al 98 y del 90 al 98. Yo quisiera basarme en este último del 90 al 98 por ser un periodo más amplio, que nos puede dar una mejor idea de cuál ha sido el desempeño real, sobre todo el de países como los nuestros donde tenemos tantas variantes de un año para otro. En México, bueno, en términos de inflación hemos tenido periodos que de un año para otro bajamos casi de 50% a 12% o 13%, y sería muy difícil poder ubicarlo en periodos más cortos.

Y si quitáramos a Chile, que es el país que ha tenido un desempeño que puede estar ubicado dentro de márgenes aceptables, para países latinoamericanos, vemos un promedio en el crecimiento del PIB de 7.44% de 90 a 98, pues todos los demás no llegan siquiera a rebasar el 5% o el 4%, escasamente Argentina; y si ubicamos a México —pues a mi es lo que más me importa—, nos ubicamos apenas en un 3% del crecimiento del PIB en estos últimos ocho o nueve años.

Si se establece la necesidad de México de crecer 7% cuando menos, por el tamaño de población y por su crecimiento (México sigue siendo uno de los países latinoamericanos con mayor crecimiento de su población), bueno, ese 3% no nos ha dado para crear siquiera el numero de empleos necesarios que requerimos. Y si vemos PIB per cápita, pues en el crecimiento que hemos tenido ni siquiera el 1% hemos mantenido. Por eso es que se habla de la década perdida, y yo diría de las décadas perdidas en términos de bienestar de la población en México y en muchos países de Latinoamérica.

En las exportaciones, México se ha desempeñado bien. Hay una clara muestra de cómo la política económica mexicana se enfocó, en estos últimos 10 años, a privilegiar el mercado externo, las exportaciones. Pero hemos descuidado realmente nuestro mercado interno. Además, inmediatamente vemos la contraparte que es la importación: si bien crecimos a niveles del 14.17% en exportación, lo hicimos en la importación también 14.77%. Esto quiere decir que no hemos tenido las políticas suficientes, la política de industrialización, para fortalecer nuestra planta productiva. El crecimiento de las exportaciones lo hemos hecho a través de importar más, para luego exportar con un pequeño valor agregado.

Por lo demás, el escaso crecimiento que hemos conseguido no solamente en México sino en el resto de los países latinoamericanos, se refleja en la tasa de crecimiento anual del empleo. Pues aquí también podemos ver reflejadas políticas difíciles como la que se aplica en Argentina, en donde se toma un ancla, una variable económica tan importante como es la moneda, se decide dolarizar prácticamente la economía o fijar el tipo de cambio al dólar; y bueno pues si no se ajusta la economía a una variable tan importante como puede ser la moneda, se ajusta en otras partes de la economía real; esto último es lo que hacemos en nuestro país a través de las devaluaciones. Éstas, desde mi punto de vista, más peligrosas en el caso de Argentina, en donde el crecimiento apenas llega al 0.83% del empleo en un periodo, cuando la población ha ido creciendo a un ritmo muchísimo mayor.

En cuanto a la distribución del ingreso, me parece que es uno de los puntos más importantes, sobre todo en la región latinoamericana. Este coeficiente, que es el porcentaje de crecimiento de la población sobre el porcentaje de ingresos, muestra niveles muy pequeños. Lo cual nos da una clara muestra de la mala distribución de la riqueza que hemos seguido teniendo en nuestra región. Los porcentajes de la población por debajo de la línea de la pobreza son indignantes. En nuestro país, en donde estamos hablando del 38%, esto es con datos del 98, ya hay quien habla de 60% de nuestra población en rangos de pobreza y en pobreza extrema del 20%.

Bueno, pues, desgraciadamente respecto a la indigencia hablamos del 10% en el 98. Sin embargo, yo creo que aquí el gobierno reconoce que está casi el 20% de la población bajo esta línea, ya que ese es el dato real.

Comentemos los indicadores demográficos, en donde México –ya decíamos– sigue siendo el campeón del crecimiento de la población, con una tasa todavía de crecimiento de población de 2.14% y Venezuela 2.33%. De hecho, ninguno está por debajo del 1%. Este es un tema difícil porque a veces entra uno en cuestiones inclusive hasta religiosas, problemas en el control de la natalidad, etc. Pero creo que se tiene que hacer un mayor esfuerzo, sobre todo de educación en este sentido. La educación ha demostrado que es el mejor control de la natalidad, sobre todo cuando se educa a la mujer, a la niña. Existe una tabla, no recuerdo bien las proporciones, pero el hecho espanta: una mujer analfabeta tiene en promedio más de cinco hijos y una mujer con educación primaria tiene un promedio a lo mejor de tres hijos. Y si nos vamos a estratos con estudios profesionales se llega a menos de un hijo por mujer.

Entonces está claramente demostrado que el mejor programa de control de la natalidad que es necesario para países como el nuestro —y en general para nuestros países latinoamericanos— es, sin duda, la educación a la mujer. Esto es lo que mejor resultado da.

Otros aspectos demográficos interesantes se refieren a indicadores de la población menor de quince años y la mayor de sesenta. Esta problemática que se está dando no solamente en el mundo europeo, sino que también ya empezamos a ver en Latinoamérica; se refiere a cómo la base de la pirámide poblacional se empieza a invertir; y cómo tenemos que revisar nuestras políticas de jubilación, de seguridad social, que ya no sean tan solidarias, digamos, sino más en lo particular.

Y algo que me preocupa muchísimo en el tema de educación es la tasa de analfabetismo; México sigue teniendo un analfabetismo muy alto, del 10% de nuestra población. Cuando hay países —bueno todos los países lo han eliminado prácticamente— países como Cuba donde se ha demostrado que se puede eliminar el analfabetismo, a costa de muchas otras cosas pero habría que tomar lo bueno que hicieron y ver cómo lo han logrado. Más aún, hay países dentro de nuestra América también como Brasil con un 17% casi de analfabetismo. Esto verdaderamente preocupa y demuestra que las políticas de integración y de desarrollo en América Latina han fallado. Estoy aquí en un medio académico y, por tanto, no me atrevo siquiera a comentar los indicadores de promedio de escolaridad de alumnos por maestros en primaria y secundaria. Den un vistazo para constatar cómo realmente tenemos indicadores, insisto salvo Chile y Argentina que se salvan un poco, de una situación muy complicada.

En el tema de salud ni se diga: la mortalidad infantil sigue siendo muy alta. Está la esperanza de vida, que si bien se ha elevado ha sido con un costo alto.

En fin, regresando a los primeros indicadores de competitividad, en este mundo globalizado en que nos encontramos, en ninguno de ellos tenemos una posición que pudiera ubicar, por ejemplo, a México dentro de los diez primeros lugares. Somos la décimotercera o décimocuarta economía en el mundo por nuestro tamaño. Somos el octavo país exportador en el mundo. Sin embargo, no aparecemos en ninguno de los indicadores de competitividad en esos rangos digamos de los diez primeros países, en donde yo como mexicano, como empresario aspiraría a ubicarme.

En la situación económica general, México se ubica en el lugar treinta, para 1999. El mejor ubicado, insisto, es Chile en el lugar 19, después de que en el 98 era el cuarto lugar. Pero los demás estamos muy mal ubicados. Venezuela tiene verdaderamente un problema serio. Diría yo que los empresarios venezolanos tienen un problema muy serio, y temo que con el actual presidente no solamente no lo van a resolver sino que lo van a agravar.

En el tema de internacionalización (qué tan abierto o cerrado está un país, qué tanta facilidad tiene para exportación), pues también México está en el lugar 43. Recuérdese que hablamos de 46 países. En cuanto a gobierno (qué tanta corrupción tenemos, qué tanto gobierno) estamos en el lugar 28; Chile sexto lugar. En finanzas, lugar 43. En infraestructura (imprescindible para garantizar ritmos de crecimiento del 5 o 7%) México ocupa el lugar 37, el mejor ubicado Chile, en el 31.

En capacidad empresarial —algo que nos toca a nosotros los empresarios-, factor en que se mide qué tan bien administradas están las empresas, qué tanta inversión tenemos en capacitación, en sistemas de control de calidad, con qué certificaciones de calidad se cuenta, etc., los empresarios mexicanos estamos ubicados en el lugar 32. Y todo esto duele. Porque no se le puede adjudicar al gobierno toda la culpa. Esto nos toca, sin duda, a nosotros los empresarios.

En ciencia y tecnología, que implica qué tanto invertimos en su desarrollo, nuestro país, México, ocupa el lugar 45; yo diría el último lugar porque para mi estar en el 45 o el 46 significa lo mismo. En recursos humanos el lugar 37 y también el mejor ubicado es Chile, otra vez, con el lugar 32.

Bueno, ahora pasaría a la tercera parte de esta plática. ¿Cómo vamos y qué es lo que estamos haciendo los empresarios mexicanos para resolver esta problemática? y ¿cómo realmente ubicar esa integración?

México ha realizado, en los últimos seis o siete años, tratados de libre comercio con Chile (el primero que firmamos); lo hemos hecho con Estados Unidos y con Canadá; con Bolivia; con Colombia y Venezuela; con Costa Rica; con Nicaragua; con la Unión Europea; con Israel; con Guatemala, Honduras y El Salvador (hace apenas unos meses o una semanas se dio la firma de este último tratado) y nos encontramos negociando con Panamá, Ecuador, Perú y Belice.

De igual manera, se han iniciado negociaciones con el Mercosur. Y aquí quisiera yo mencionar la problemática que hemos encontrado por parte de los empresarios brasileños a aceptar que México sea admitido como socio comercial y disfrutar de los beneficios que ellos lograron tener con ese Mercosur. Abiertamente nos han dicho los empresarios brasileños “no queremos negociar con ustedes”, “no nos interesa negociar con ustedes”, “tenemos miedo de entrar a un tratado de libre comercio con ustedes, como empresarios mexicanos”.

Si me permiten aprovecho este momento para contarles una anécdota de cuando íbamos a negociar el Tratado de Libre Comercio con Norteamérica, la Secretaría de Comercio organizó un evento en Acapulco. Y ahí el doctor Serra Puche —que era en esa época el secretario de Comercio— nos explicó las razones y cómo se iban a llevar a cabo las negociaciones con Norteamérica. Nos pidió que cada uno de los diferentes sectores hiciéramos una retrospectiva, un análisis sectorial. Que precisáramos cuáles eran los puntos peligrosos, digamos los puntos sensibles de cada unos de los sectores para cuidarlos en la negociación. Cuando terminó la explicación con aquella habilidad y facilidad de palabra que tiene el Dr. Serra, pues todos nos quedamos complacidos y entendímos que era bueno para el país. Pero también cuando terminó la exposición, nos acercamos los representantes de cada uno de los sectores y muchos de nosotros le dijimos que lo felicitábamos, que realmente creíamos que iba a ser algo muy positivo para México, pero que le suplicábamos que nuestro sector lo dejaran a un lado. Teníamos pánico, teníamos miedo de enfrentarnos en un tratado de libre comercio, en igualdad de circunstancias, con los empresarios norteamericanos y canadienses.

Y bueno la historia nos ha demostrado que muchos —la mayoría de los sectores— han salido beneficiados. Sin duda alguna hay sectores que, como en toda negociación, no se pudieron proteger lo suficiente o no supieron cómo hacerlo. Porque hubo algunos sectores que no participaron en la negociación y por lo tanto los propios negociadores no tuvieron la sensibilidad que los empresarios teníamos de dónde cuidar un sector, dónde abrirlo, de dónde negociar una apertura más rápida o más lenta; y bueno, eso hizo que algunos sectores salieran perjudicados o que no fueran lo suficientemente competitivos y, como consecuencia, que hayan desaparecido alguna empresas.

Sin embargo, los números generales y el saldo del Tratado de Libre Comercio son muy positivos para México. El año pasado, tuvimos casi 20 mil millones de dólares de balanza superavitaria para México con los Estados Unidos. Eso, bueno se dice fácil. Pero yo digo que es un resultado positivo, porque 20 mil millones de dólares generan muchas fuentes de trabajo, muchas oportunidades de negocios. Que el tratado es perfectible, sin duda. Todo en la vida lo es. Pero, insisto, el resultado general ha sido positivo.

Y bueno, esta anécdota que les comento del Tratado de Libre Comercio con Norteamérica creo que es un poco de lo que está presente con algunos empresarios de los países latinoamericanos con los cuales hemos negociado, retardando la concreción de los tratados. Como fue el caso del último con Guatemala, Honduras y El Salvador, en donde casi tardamos tres años en la negociación. Porque era miedo, pánico el que tenían los empresarios de estas naciones para firmar con nosotros.

Y con los brasileños yo no sé si acontezca algo similar. Ya que de hecho, México con todos los países con los que ha logrado tratados de libre comercio tiene una balanza superavitaria. No hay una sola excepción. Por el contrario, con los países o con las regiones con los que no tenemos tratados de libre comercio (o que no teníamos, ya que hoy con Europa lo tenemos, pero apenas acaba de dar inicio) es donde se generan los déficits, como con la región asiática, por ejemplo.

Esto es una clara muestra de que el realizar tratados de libre comercio nos va a llevar realmente a esa famosa integración. El maestro Carmona decía que en los  tratados las reglas, los gobiernos no son sino los marcos digamos en los que los empresarios, las empresas, la población en general nos desenvolvemos para realmente pensar la integración de nuestra América Latina. Yo no podría estar más de acuerdo en eso. Yo creo que a nosotros los empresarios y a la población en general nos corresponde —una vez que tenemos este marco en casi la totalidad de la América Latina negociada realmente— digamos llevar a cabo la verdadera integración. Estoy seguro —como la OCDE lo mencionaba en este estudio en el que nos hemos basado— que América Latina tiene todas las cualidades, todas las condiciones, para realmente convertirse en una de las directrices económicas para los próximos veinte años.

Esto es lo que yo podría comentarles. Esto es lo que yo creo pueden ser tesis interesantes para ustedes. Les agradezco su atención, no sin antes pedirles que si hubiese tiempo pudiéramos tener un intercambio de ideas. Seguramente habrá muchos puntos en que ustedes no estén de acuerdo con algo que yo haya presentado; y para mi, su servidor, el tener la oportunidad de hablar con académicos al nivel de ustedes pues es una forma como puedo ir enriqueciéndome y mejorando mis conocimientos.

 

Fuente: El Papel del Empresario Mexicano en la Integración de América Latina y el Caribe, AUNA México, 2001, páginas 9 a 14.

 

 

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