Asociación por la Unidad de Nuestra América

               

 

La Integración Latinoamericana, un Proceso de Importancia Estratégica* 

Fernando Carmona

 

Para la Asociación por la Unidad de Nuestra América el tema de la integración latinoamericana es uno de envergadura estratégica, es decir, un tema referente a problemas fundamentales del desarrollo de nuestras naciones situados en una perspectiva histórica, de largo plazo, que plantean complejas exigencias económicas, técnicas, sociales, culturales,  y desde luego políticas, que se han venido examinando en su Foro Permanente durante los últimos años y cuyos resultados ha hecho un esfuerzo por publicar en pequeños libros.

       La presente reunión es la segunda en que nuestro tema se analiza desde el ángulo del papel de los empresarios mexicanos y latinoamericanos en la integración. Complace a la AUNA la intervención de tres distinguidos ponentes conocedores del tema. Intervendrá en primer lugar el licenciado Jorge Marín Santillán, quien entre otras cosas en su destacada carrera en el mundo de los negocios ha sido presidente de la CONCAMIN y del Consejo Coordinador Empresarial, los dos importantes organismos del empresariado mexicano, con una amplia experiencia y conocimiento de los problemas de la economía mexicana que incluyen su participación en las negociaciones del Tratado de Libre Comercio de América del Norte y otras de carácter internacional, tanto públicas como privadas.

Contamos asimismo con dos académicos que han dedicado años de su esfuerzo al estudio de diversos aspectos de los procesos internacionales de integración, Alejandra Salas-Porras, antropóloga de origen y con estudios de posgrado en la Escuela de Economía y Ciencia Política de la Universidad de Londres, la célebre London School of Economics and Political Science, actualmente profesora-investigadora de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales donde coordina un sector de la maestría y el doctorado de dicha Facultad. Y escucharemos las reflexiones de Bernardo Olmedo Carranza, investigador del Instituto de Investigaciones Económicas con estudios de posgrado en París, con más de dos décadas de dedicación al conocimiento de la economía mexicana y quien durante los últimos años se ha abocado al estudio de la pequeña y mediana industria mexicana. Ambos son académicos de tiempo completo en la Universidad Nacional Autónoma de México.

Quisiera ahora hacer una breve reflexión intro-ductoria al tema que nos ocupa. Como se sabe los propósitos económicos y políticos integradores de Nuestra América, de una casi bicentenaria estirpe bolivariana, no pasaron de la retórica en discursos de políticos y de odas y ensayos románticos de intelectuales nacionalistas, hasta la segunda mitad del siglo XX. Aún menos se oyeron las voces del empresariado latinoamericano. Todavía a principios de los años sesenta, como lo señalara el licenciado Julio A. Millán en la anterior sesión, cuando se fundaba la ALALC, realmente no había empresarios latinoamericanos con una visión internacional; la mayoría eran empresarios puramente locales y nacionales, si bien algunos empezaban a trabajar en empresas trasnacionales (me atengo a la versión de la revista mexicana, Macroeconomía, Año 8, Nº 87, del 15 de octubre de 2000, pp. 26-27).

       Desde aquellos ya lejanos años, la conversión de la ALALC en ALADI en los ochenta, los fracasos y los modestos éxitos alcanzados por estos organismos y las subsecuentes transformaciones de los escenarios mundial y nacionales del desarrollo del sistema del capital, en las que ocupan un lugar sobresaliente, en el marco de una meteórica internacionalización de economías y sociedades, los procesos de integración tanto regionales –que podríamos llamar continentales: europeo, asiático y americano– como subregionales de integración, son hechos que nos dejan valiosas experiencias. Son procesos que reclaman no sólo la participación de gobiernos, Estados y organismos multilaterales, e inacabables y cada vez más frecuentes negociaciones bilaterales, y que exhiben la sin duda decisiva participación de los empresarios, que en el sistema son los principales ejecutores de la integración real. Y no debiéramos olvidar la indispensable participación de los trabajadores, los partidos políticos, los medios de comunicación, los centros académicos, las instituciones y organizaciones sociales.

       Me parece claro que los empresarios, los gobiernos y los organismos sociales mexicanos tienen un papel fundamental que cumplir en la integración económica latinoamericana, no menos que los de otros países de nuestro subcontinente considerados como países emergentes (Brasil, Argentina o Chile). Recordemos,  como escribe un historiador peruano, que “… cuando surgieron las tendencias unionistas, las empresas trasnacionales procedieron a redistribuir sus propias filiales, de modo que ellas resultaron siendo partícipes del proceso integrador y de la formación de uniones aduaneras y de los bloques económicos”, los cuales “… ocupan un lugar clave en cada región o grupo de países, o son también aquellos  en los cuales ya se había creado una importante industria básica, lo que le sirvió de punto de partida para expandir su base productiva, por causa precisamente de las reconcentraciones de las unidades productivas de las gigantescas empresas de dimensión mundial, que obviamente, las favorecieron …” (Virgilio Roel Pineda, “Los países andinos ante el reto de la globalización”, Desarrollo Indoamericano, Barranquilla, Colombia, año XXXI, No. 110, noviembre de 2000, pp. 20).

       En los años de la llamada globalización la actitud de miles y miles de empresarios mexicanos y latinoamericanos no es ya la que nos recordara en la reunión anterior el licenciado Millán, presidente de Consultores Internacionales, A. C.  Los espectaculares cambios los han lanzado más allá de los ámbitos local, regional interno y nacional para proyectarlos hacia el mercado mundial o al menos al subregional externo (subcontinental). Sin embargo, en los mismos decenios últimos la integración que más ha avanzado en la América Latina no es la de las empresas y el capital nacional latinoamericano sino la propulsada por el capital trasnacional, principalmente el estadunidense. Concretamente la integración mexicana ha sido y es, cada vez más, no hacia Centro, Sudamérica y  el Caribe, sino hacia los Estados Unidos –y Canadá–, no hacia el Sur sino hacia el Norte.

       Recordemos, como afirma un estudio de la CEPAL, que “… el interés de los inversionistas extranjeros se ha centrado de manera creciente en algunas áreas de servicios, particularmente las telecomunicaciones, el comercio minorista, la banca, las administradoras de fondos de pensiones, la energía eléctrica y la distribución de gas. Aunque la apertura de estos mercados no ha estado exenta de dificultades, las empresas trasnacionales estarían apostando a la integración de México en la red de producción y distribución de la economía estadunidense… los planes de inversión en el país –concluye– se están definiendo sobre la base de horizontes de largo plazo” (La inversión extranjera en América Latina y el Caribe. 1999. Santiago de Chile, 2000, pp. 136-137). Me permito añadir una transcripción más de este estudio cepalino, que subraya un aspecto central al que deberá hacerse frente y reclama claridad estratégica tanto de parte de los empresarios como del Estado y la sociedad mexicana en este proceso: “En el periodo reciente, la suscripción del TLC representó una línea divisoria con respecto a la IED y se ha convertido en un techo para la negociación de los tratados bilaterales…”

Prosigue: “En las ramas con mayor participación de IED –automotriz, computadoras y confecciones– para la economía y la industria estadunidenses las operaciones localizadas en México se han convertido en un elemento crucial para hacer frente a la competencia asiática… México se ha convertido en parte integral de la red global de producción y distribución de algunas de las más importantes empresas trasnacionales en el ámbito internacional. No obstante en la mayoría de los casos, México forma parte de la red estadunidense o norteamericana, y no necesariamente de la global… las negociaciones con la Unión Europea podrían atenuar esta tendencia, incrementándose la diversificación de los mercados de destino de las exportaciones mexicanas”.

Empero, conviene tomar en cuenta, como se afirma en una publicación reciente, que la apertura y desregulación de la economía mexicana, “… ha propiciado la llegada de importantes flujos de capital extranjero durante el curso de los noventa. Estados Unidos, su principal socio comercial, es el que más ha aprovechado todos estos cambios: responde por 60% de los flujos de inversión extranjera directa  (IED) que ha entrado al mercado mexicano, cuando los países europeos apenas aportan 20%, si bien las relaciones comerciales con estos últimos están mucho menos desarrolladas” (Banco Nacional de Comercio Exterior, S.N.C., revista Comercio Exterior. 50 Aniversario, México, Vol. 50, Núm. 8, agosto de 2000, pp. 644). Consideremos, además, como opinan dos académicos españoles citados en el editorial de esta revista, que la circunstancia de “… que los recursos del exterior se hayan dirigido de manera preferente a la bolsa o a la compra de empresas establecidas, en lugar de crear nuevas, plantea dudas sobre la contribución favorable de los flujos foráneos para resolver los problemas del sistema productivo mexicano mediante un crecimiento estable y sostenido que permita un mayor y mejor desarrollo económico del país” (pp. 646).

Si se considera que la propiedad implica también el control y desde luego, dado el enorme poder de las trasnacionales modernas, también influencia sobre las políticas económicas puestas en práctica en los países receptores, entenderemos mejor la convicción que muchos tenemos de que, si bien son avasalladores los hechos que se desprenden de esta situación, en la cual, sin embargo, los empresarios mexicanos y latinoamericanos encuentran mejores coyunturas para vincularse al mercado mundial, siempre será posible lograr un mayor espacio a la ahora cada vez más constreñida soberanía nacional de México y, en mayor o menor medida, de todos nuestros países. Lograrlo reclama un gran esfuerzo, con conocimiento de la realidad, incansable y sin desmayo de los latinoamericanos.

Una perspectiva en que seamos nosotros, los latinoamericanos, los que decidamos nuestro propio destino, es cada vez más difícil. Aunque no sin contradicciones continúa avanzando el objetivo estadunidense, planteado con todas sus letras desde las Conferencias panamericanas de Washington de fines del siglo XIX –la de libre comercio y la monetaria, que tan brillantemente analizara José Martí– de crear una zona hemisférica de libre comercio, primero propuesta por el presidente George Bush (senior), retomada por William Clinton con el nombre de Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA), respaldada por los dos principales contendientes de la elección presidencial del 2000 en los Estados Unidos y acordada por los jefes de Estado del continente, excepto Cuba, para quedar constituida en 2005. El designio es que el continente americano  “… se convertirá en la más grande zona de libre comercio en el mundo, con 800 millones de consumidores, cada uno invirtiendo en el futuro de todos, enriqueciendo las vidas de todos y haciendo avanzar los intereses de todos” (citado por Leopoldo Zea, “TLC para las Américas”, Excélsior, 22 de octubre de 2000, pp. 9-A).

Si el libre comercio de nuestros días significa, cada vez más, la libertad de los consorcios trasnacionales que dominan ampliamente las transacciones internacionales y en cada nación, las de mercancías, tecnologías y recursos financieros, y ejercen una influencia determinante en los principales organismos internacionales desde el FMI y el BM hasta la OMC, la OCDE y demás, esta dominación también será cada vez la realidad. Por esto en nuestro empeño de preservar un espacio respirable, autónomo, que de viabilidad a la liberación de nuestro gran potencial acumulado, tanto o más importante que la diversificación del comercio, el origen de los flujos de capital extranjero y de nuestras relaciones económicas internacionales todas hacia Europa, con la cual se ha desplomado el peso de nuestro comercio (menor del 5 o 6% del total), es impulsar la diversificación hacia América Latina, con la que nuestras relaciones se han vuelto verdaderamente minúsculas. Hoy el gran capital mexicano y latinoamericano, no sólo el más dependiente del trasnacional, de cuya tecnología y recursos ninguno puede realmente prescindir, realiza inversiones y transacciones significativas y crecientes en nuestros países.

Hay un medio centenar de empresas mexicanas industriales, comerciales y de servicios con inversiones en Centro, Sudamérica o el Caribe, aunque en una cada vez más importante medida también en los Estados Unidos mismos. Esto nos habla de posibilidades, sí, pero también de las necesidades, más y más urgentes, de redefinir rumbos, estrategias de desarrollo, formas de frenar los procesos que subordinan al empresariado y a la nación, y que lo coloca ante una amenaza que crece de verse convertido en “cola de león”, en vez de “cabeza de ratón”, de un ratón con vida y objetivos propios. Este propósito se verá fortalecido si los empresarios se deciden a impulsar la integración económica y cultural de nuestros países, objetivo que reclama la unidad de nuestros gobiernos, nuestros empresarios y nuestros pueblos. No debiera ser el único camino posible para los mexicanos el de servir como plataforma estadunidense hacia nuestra América y el mundo, y de las trasnacionales europeas y asiáticas hacia el mercado de Estados Unidos.

Dispongámonos a escuchar a nuestros tres ponentes y a intercambiar con ellos dudas, preocupaciones, ideas sobre este trascendente tema.

 

 * Presentación de la Segunda Sesión del Seminario El Papel del Empresario Mexicano en la Integración de América Latina y el Caribe de AUNA México, 6 de septiembre de 2000, Sala de Actos del Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana (INEHRM).

 

 

Fuente: El Papel del Empresario Mexicano en la Integración de América Latina y el Caribe, AUNA México, 2001, páginas 9 a 14.

 

 

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