Asociación por la Unidad de Nuestra América

                                                                               

 

El Esfuerzo Empresarial Significa Crear, Promover, Organizar y Competir Eficazmente

 Julio A. Millán Bojalil

 

Agradezco la posibilidad de estar aquí con ustedes y desde luego quisiera ubicarme esta tarde en el tema que me han asignado, ya que en la presentación de mi semblanza que hizo la maestra María Guadalupe me percato que he realizado diversas actividades. Cuando se acumula un curriculum largo, se da cuenta de lo viejo que se va convirtiendo uno. Por lo demás, el compartir esta mesa con Alicia Ortiz,  francamente lo considero una gran oportunidad.

Empezaría diciendo que soy un verdadero enamorado de América Latina y del Caribe, que se unen y se plasman en muchas inquietudes, las que en gran medida se ven frustradas en muchos aspectos. 

No pretendería esta tarde hacer una apología con respecto a lo que constituye la presencia empresarial mexicana en América Latina, por una razón: porque esta ha sido muy discreta, muy modesta y poco eficaz.

Habría que decir que la presencia del  empresario mexicano, se había incrementado durante el periodo del desarrollo estabilizador, después de la segunda guerra mundial, a partir del proyecto de la CEPAL. Este proyecto era desarrollar la economía con base en sustitución de importaciones con productos nacionales, y esto obligaba a la creación de empresas que con este perfil requeriría. Este proyecto de desarrollo y crecimiento  tenía grandes ventajas, una de ellas era que permitía organizar la planta industrial del país, promoviendo  un mecanismo de oferta con base en producciones nacionales.

Sin embargo, tenía por otro lado un elemento de contrapeso, que restaba a los empresarios capacidad para enfrentarnos a la competencia mundial. La incorporación de tecnologías y las asociaciones estratégicas entre el empresariado nacional e internacional eran muy modestas. Este fenómeno que se dio por el desarrollo de la CEPAL generó dos aspectos importantes: el primero, los grados de desarrollo desde el punto de vista tecnológico fueron cortos, y; el segundo, los niveles de financiamiento aunque eran suficientes para los mercados nacionales, nunca fueron suficientes para los mercados internacionales.

De manera que nuestras empresas –en ese entonces– quizá fueron “empresas de invernadero” desde el punto de vista internacional: porque no teníamos capacidad de competencia mundial. Estoy hablando de los años 1950 a 1970, cuando empieza el gran movimiento de cambio a partir de los 60 en el cual en el mundo ya se estaba dando un proceso de la apertura económica hacia fuera; México en ese entonces tenía un enfoque (en el 60, 65, 68) consistente en terminar el proceso estabilizador y convertirlo gradualmente en un proceso de promoción exportadora y de competencia abierta; lo hicimos, la señal que tomamos en ese entonces, fue una señal de fortalecimiento de la estructura hacia adentro y esto nos llevó a que el proyecto de la CEPAL, que había cumplido su función, se alargara y se distorsionara porque ya no tenía vigencia, desde el punto de vista nacional.

Pero ahora, ¿qué pasó con el aspecto internacional? El proyecto de la CEPAL, que tenía la lógica de crear un mecanismo de formación de capacidad productiva interna, tenía un segundo proyecto que era fundamental; la ALALC, la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio. Este mercado ampliado, después de tener las estructuras, sólidamente fincadas o por lo menos desarrolladas, hubiera dado el paso o brindado la posibilidad de hacer de las industrias, de las empresas, pilares del desarrollo económico en cada uno de los países.

Había la posibilidad de crear un mercado, en ese entonces, de 300 millones y eso permitiría la capacidad de enfrentar, y prepararnos a ese cambio que se estaba dando en el mundo a partir de los sesenta y, a partir de los setenta, para estar en condiciones de operar.

Pero desafortunadamente se cometieron algunos errores de fondo –y es bueno recordarlos– que eliminaron la posibilidad de concretar el proyecto de la ALALC. En éste, el empresariado jugó un papel importante de participación. Seguíamos el proyecto de la ALALC como un objetivo de crear un mercado ampliado. Pero, desafortunadamente, no contemplábamos en el esquema del escenario general tres aspectos fundamentales:

El primero de ellos –y quizá, para mí, el más grave–  es que no había realmente la voluntad política de crear un  proceso de integración. La Asociación Latinoamericana de Libre Comercio, que era el primer paso para un proyecto integracionista, no se daba porque los gobiernos tenían grandes dicotomías: no estaban dispuestos a cambiar a un desarrollo que se venía dando hacia adentro, por un proceso ampliado en donde tenían que hacer políticas fiscales, monetarias y comerciales unidas. Entonces no había la voluntad política, había todavía muchas dictaduras, y existían muchos valores de control en América Latina.

El segundo aspecto es que no se dio la recomendación en aquel momento; (y quiero decir que yo participé en las negociaciones de la ALALC y estuve en total desacuerdo, desde el principio), de que para crear la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio tenía que haberse usado el principio de “todo libre excepto lo negociado”.

Se hizo al revés: “todo estaba prohibido excepto lo que se iba a negociar”. Esto nos llevó a tener que negociar punto a punto, producto por producto, sector por sector... con un acotamiento en el cual si no estaba de acuerdo Uruguay o no estaba de acuerdo Chile o Bolivia, no había manera de continuar.

Y si los tres grandes Argentina, Brasil, México estabamos de acuerdo, en ocasiones aún así no funcionaba. De tal manera que la lista de exclusiones de productos era muchísimo mayor que la lista de productos incluidos. Cada una de las áreas se convertía en un área de guerra, el temor de perder la capacidad de empleo era tal que los empresarios nos encontramos maniatados para poder seguir adelante, dada la sobre protección de nuestras “empresas de invernadero”.

Quisimos negociar aspectos textiles y no fue posible. Se formó la Asociación Latinoamericana de Industriales (de la que yo formé parte) y junto con las Cámaras de Comercio trabajábamos para darle sentido a la Asociación, pero sucedía que nos la pasábamos muy agradablemente en Punta del Este (largos periodos en donde recuerdo a nuestro embajador Espinosa de los Monteros y otros embajadores) pero no avanzábamos y no logramos avanzar porque el mecanismo era de inclusión.

El tratado de libre comercio no era un tratado de libre comercio. Se trataba de una negociación multilateral para incluir productos, uno por uno. De antemano hay que señalar que los productos agrícolas ni siquiera se discutían y los otros productos sensibles todavía menos.

Tenía que haberse avanzado, para luego llegar inmediatamente a dos elementos que eran fundamentales: la dinamización de la telecomunicaciones y la infraestructura carretera, porque como bien lo saben ustedes América Latina está fracturada, no tenemos buenas comunicaciones; y el segundo aspecto implicaba mantener una política igual de aranceles que nos permitiera unificar el mecanismo de estos, pero México desafortunadamente que era uno de los lideres del proyecto, no estaba en el GATT y eso nos limitaba muchísimo ya que teníamos que discutir cuotas de importación, aranceles compensatorios y aranceles directos.

El problema era complicadísimo. La ALALC nació muerta. Con grandes ilusiones, a tal punto que yo diría que si la ALALC hubiera convertido en un dólar cada palabra que los latinoamericanos expresamos y usamos nos hubiéramos convertido en multimillonarios con capacidad suficiente para financiar el desarrollo. Pero no fue así. La realidad es que gastamos palabras –por que somos muy buenos para hablar pero muy poco prácticos para concretar– en ese entonces para tratar de darle alguna mínima salida a la ALALC

La Asociación Latinoamérica de Libre Comercio ideó un mecanismo que era “la integración sectorial” y lo que se llamaba “la complementación industrial”. Eso fue lo que se hizo. Entonces dijeron: Bueno, ¿qué sectores son en los que podemos crear una complementación industrial?

Se encontraron tres o cuatro sectores que podían tener complementación industrial, como el de máquinas de oficina. Pero para ese entonces eran sectores nuevos que tenían que ser manejados por empresas internacionales, que crearon el mecanismo de lo que se llamaba “la distribución sectorial y la complementación industrial”. Me tocó participar en uno de los proyectos que era el de Olivetti (entonces una empresa italiana) que decidió su desarrollo industrial en América Latina para tener la posibilidad de tener aranceles menores bajo la fórmula de producir ciertos productos en México, ciertos en Argentina, ciertos en Brasil o en otros países de América Latina, con un arancel negociado hacia abajo.

Recuerdo que decidimos varias cosas, la primera era que los argentinos dijeron: “queremos las máquinas de alta tecnología”; entonces se quedaron con las máquinas calculadoras y las máquinas registradoras que eran las de alta tecnología. Los brasileños decidieron quedarse con las máquinas grandes: las de escribir, las “Lexicon”, las máquinas calculadoras y las máquinas de contabilidad.

México decidió quedarse con las sumadoras y con máquinas de escribir portátiles.  No teníamos mayor pretensión. No había mayor estructura. Fue así como ese proyecto se convirtió en un ejemplo. Y entonces nosotros exportábamos nuestras máquinas a toda Latinoamérica. Exportábamos y compensábamos las máquinas de escribir con las máquinas calculadoras.

Recuerdo (me gusta mencionarlo) que lo que pensaban los argentinos que iba a ser maravilloso, no sería así. Yo había estado en Japón apenas hacía un año y medio y ya había visto las máquinas calculadoras electrónicas. Ya sabía que con esas máquinas electrónicas las máquinas grandes todo se nos iba a venir para abajo; esta línea de manufactura industrial de Olivetti se quedó obsoleta en menos de tres años. Aún hoy México produce máquinas de escribir portátiles. Producimos 400 mil máquinas y las exportamos a todo el mundo. Olivetti fábrica aquí todo.

Este caso de Olivetti es uno de los ejemplos que se mantienen vigentes de esa época, del proyecto de integración industrial, de complementación industrial de la ALALC. Aunque son ya muy pocos ejemplos los que han quedado vigentes. El trabajo de participar en el mercado de  América Latina era un trabajo extremadamente complicado. Para las empresas que deseaban ir a Sudamérica, el costo estratégico de trasladar nuestros productos era enorme. El tráfico marítimo nos dilataba cerca de mes y medio de Veracruz a puertos de Brasil o Argentina.

Los productos por supuesto perecederos no aguantaban. ¿El proceso vía el Pacífico? Pues no había forma de desembarcar porque el mercado principal estaba en Brasil y  en Argentina. Las comunicaciones terrestres: cero. Nunca hemos logrado romper el tapón de Darien. No había salida a Guatemala. No tenemos salida, los mexicanos estamos aislados del resto de América Latina.

Incluso en el plano ferroviario, aquí tenemos a un ex director de Ferrocarriles Nacionales de México, gran amigo mío y que admiro muchísimo, y él sabe que no podemos mandar un tren hacia el sur porque nuestro sistema de vías es diferente a las vías centroamericanas. No hay carreteras viables por que hemos decidido no intercomunicarnos con América Latina y apartarnos de Guatemala. Aquí tenemos un freno para la capacidad del empresario.

Entonces dentro de los propósitos de ALALC teníamos que fabricar productos muy exclusivos, muy específicos y además con tecnologías muy especiales para poder llegar a sus destinos. Productos terminales era casi imposibles producir, porque en eso somos competidores en mano de obra.

De manera que aparte de lo anterior, si yo fabrico un producto aquí y lo quiero exportar a América Latina diría que “es fácil ya que todos hablamos español”. Pero lamentablemente no es así. Las etiquetas debían ser iguales, mas esto no era fácil ya que los términos de referencia de cada país, las condicionantes de salud, las reglas de descripción del producto en cada país eran diferentes y no podíamos ponernos de acuerdo en que la etiqueta del producto fuera igual. Era verdaderamente una enorme complicación. Entonces cuando hablábamos de la integración económica latinoamericana o la asociación de libre comercio, esto se convirtió en una fantasía, de la cual se logró muy poco.

¿Cuál era la realidad? Hace 30 años las ventas nuestras en el comercio con América Latina representaban el 12% de su comercio. Hoy representan el 4% y no porque América Latina se haya derrumbado. En ese entonces nosotros teníamos un comercio exterior que no llegaba a 30 mil millones de dólares que representaba este 12%, hoy tenemos cerca 350 mil millones de dólares y representa el 4%. Las proporciones han sido realmente caóticas y para alcanzar el punto óptimo, si tuviéramos un proyecto latinoamericano sólido que cambiara todo el esquema estructural y los empresarios fuéramos a trabajar a Centroamérica y Sudamérica, pasarían 30 años, óigase bien, 30 años, para alcanzar nuevamente el porcentaje de 12% de nuestro comercio exterior con América Latina.

Entonces yo creo que para México y sus empresarios, cuando se vino el proyecto de ALALC, estos no estaban capacitados de manera internacional. Teníamos, como decía, industrias de invernadero. Y había algo más –por favor no me vayan a mal interpretar– en ese entonces el empresario constituía un elemento marginal. El empresario estuvo estigmatizado por un tiempo. No era éste un elemento vital, necesario. Incluso en economías intermedias socialistas como el caso de Francia, no se le daba el lugar o no se le promovía. El empresario era algo así como un mal necesario porque generaba utilidades no deseadas o algo similar.

Ha necesitado el país 20 años para entender que no requiere uno ni la globalización ni el libre mercado para entender que el esfuerzo empresarial –“empresario” que significa crear, promover, organizar la oferta y crear eficacia en competencia– es necesario. Y esto obviamente retraso la conformación de grupos empresariales sólidos. ¿Qué ha sucedido? Que sí tenemos empresarios en México, pero son relativamente pocos y los pocos que tenemos son muy ricos y no hemos tenido empresariado de medio nivel que se haya logrado filtrar a un nivel digamos social. Incluso en países como Italia, como en Japón, como Corea por dar algunos ejemplos.

Entonces creo que básicamente ese hecho por el que nosotros luchamos mucho en los años sesenta-setenta por participar en América Latina se frustró por razones extremadamente complicadas. No quiero exculpar a los empresarios. Simplemente no puede haber excusa de algo que no existía. No éramos empresarios internacionales. Había organizaciones de tipo transnacional de empresas internacionales. Eramos los que actuábamos, pero éramos mexicanos metidos en esas empresas, pero empresas mexicanas en un 100% no existían para que pudieran haberle hecho frente a un proyecto de integración de tal magnitud.

Recuerdo que cuando ya el mundo asiático estaba en plena apertura, cuando los países como Europa habían creado un mecanismo de libre comercio, apenas nosotros, con López Mateos, andábamos haciendo nuestros primeros pininos en Indonesia; y los primeros productos y sus ventas que hicimos en Indonesia, no las cumplimos cabalmente. Por lo tanto tampoco tuvimos una alta estatura de credibilidad.

Entonces yo creo que el cambio ha costado. Es un proceso reciente. Apenas estamos entendiendo una relación que es fundamental para América Latina. Y cuando hablamos de América Latina, generalmente en nuestras mentes nunca ubicamos a Centroamérica. En verdad, creemos que Centroamérica está por ahí y que América Latina empieza por Colombia. A veces, pues América Latina la relegamos mentalmente sólo a Brasil, Argentina. Pero Centroamérica no existe. Grave error: piensen que es nuestro mercado natural. Por años, entre 1960 y 1975, México suministró de cada dólar que compraba Centroamérica un centavo y medio. Nuestro más próximo vecino del sur, todo Centroamérica, compraba un dólar al exterior y nosotros le vendíamos solo un centavo y medio, ¡esto es inaudito!

La distancia que hay entre nosotros y Centroamérica hace de esta zona un mercado natural. Tan natural que tendríamos nosotros que haber hecho un gran esfuerzo de participar. Sin embargo, apenas hoy estas empresas tanto de televisión, como empresas panificadoras, como del cemento, como las empresas de refrescos, de cerveza y algunas constructoras, etc., están presentes ahí.

Pero Centroamérica ha sido olvidada y yo siempre me he preguntado ¿cómo el primer fenómeno de integración económica se dio en Centroamérica a partir de los años sesenta?, y ¿cómo nosotros no pudimos participar? Porque la primera visita de un presidente mexicano a Centroamérica ¿saben cuándo se hizo, en la historia independiente de México?, ¿saben cuándo se hizo? Cuando Díaz Ordaz fue allá en los años sesenta, 1965. En esa época fue la primera visita en la historia de un país como México a Centroamérica. Y de ahí que ha pesado una actitud muy separatista. Y claro todavía los guatemaltecos, con justa razón, en sus historias enseñan que el territorio de Chiapas se convirtió en territorio mexicano de una manera violenta. Y todavía en este año, tendría que verse en los municipios del Soconusco el definir si pertenecen a México o a Guatemala. No, eso nunca se ha dicho. Está en la mesa.

Ahora porque estamos en una posición diferente y la globalización nos lleva a una posición de integración. Pero la verdad que hay muchas cosas no resueltas.

Entonces yo quisiera decir que hoy ya somos un mercado de 426 millones de habitantes. Que no es poca cosa. Y que tenemos realmente un producto interno bruto cercano a 2 billones de dólares, que tampoco es cosa a ser despreciada. Claro que en este sentido, Brasil lleva la delantera con cerca de 700 mil millones de dólares y nosotros andamos por los 500 mil millones de dólares, somos la segunda economía. Argentina anda en los 300 mil millones de dólares.

Pero la verdad es que también tenemos otro problema en América Latina que es  ineludible de abordar: la distribución del ingreso per cápita es muy desigual. Bueno, el per cápita es un tema de comparación que nos revela que hay distancias muy grandes. La pobreza en América Latina es algo muy doloroso, porque América Latina tiene más de 200 millones de pobres sobre sus 426 millones de habitantes. Esto es una cifra alarmante. Y si ustedes agregan el ingreso per cápita, encontramos que México es de los menores niveles de ingreso.

A veces pensamos que México está muy bien. Que está en los altos niveles. Lo cual no es así: nosotros tenemos casi la mitad, la tercera parte del ingreso per cápita de Argentina y casi la mitad de Chile y el 50% menos que Brasil. Entonces como que es bueno saber dónde estamos, conscientes de la potencialidad que tiene América Latina. Preguntarnos ¿por qué nosotros no hemos luchado por unirnos?, y ésta será una de las grandes cuestiones del siglo XXI que no ha tenido respuesta.

La inversión directa en América Latina se la lleva Brasil, con cerca de 30 mil millones de dólares; 28 mil nosotros y Argentina sobre unos 11 mil millones de dólares de inversión directa. Efectivamente, Brasil sigue siendo el primero y Argentina capta casi la mitad de nosotros, igual que Chile la mitad de nosotros. Pero Chile tiene muy pocos habitantes comparado con nosotros, Chile tiene 15 millones de habitantes, de manera que el ingreso de inversión directa per cápita es cerca de seis veces mayor que el nuestro.

En esperanza de vida creo que somos los más avanzados. Brasil es de los más atrasados. Bolivia tiene 61 años, nosotros tenemos 71 años. Y en analfabetismo andamos en el nivel medio, porque quien tiene menos analfabetas en América latina es sin duda Argentina. Y francamente Argentina y Uruguay, son dos países medianos.

Entonces es imprescindible hacer un rápido recorrido sobre esta América Latina. Primero hay que entenderla. Hay que conocerla. No podemos nosotros olvidar América Central que tiene 32 millones de habitantes; 32 millones de habitantes en América Central es una cifra importante y tiene un producto interno bruto de 50 mil millones de dólares, que tampoco es despreciable.

Yo insistiría que el proyecto que tenemos que hacer en los próximos años es un proyecto ante todo realista. Y ser realista obligaría primero a entender que si no hay una voluntad política y un liderazgo de los propios latinoamericanos, tal proyecto va a ser impuesto por los norteamericanos, por los Estados Unidos. Parecería que ellos van a tomar el liderazgo de hacer, con el proyecto del Área de Libre Comercio de las Américas, ALCA, un continente unificado.

De tal manera que tenemos que hacer una dicotomía: o alguien toma liderazgo o se perdió la capacidad de hacer una región Latinoamericana. México está obligado no a firmar un tratado de San José con Centroamérica, sino a crear un mecanismo de una unión económica con Centroamérica. Como primer paso crear carreteras, mecanismos de comunicación, educación, telecomunicaciones, participación accionaria en empresas. Segundo, tenemos que volcarnos a Centroamérica para  tener la oportunidad de ir al Cono Sur. Y tercero, requerimos sin lugar a dudas un trabajo diplomático intenso con Brasil. Brasil es la clave. ¿Por qué? Porque Brasil puede ser o la llave para abrir o la llave para cerrar. Desafortunadamente siempre ha sido la llave para cerrar. Con Brasil estamos haciendo un trabajo de prospectiva de entre cincuenta y cien años.

Brasil tiene una característica en que nos supera por muchas cosas. Es una de la pocas economías casi autárquicas. Tiene una dependencia del producto interno bruto en relación a su sector externo, que sólo representa el 10%. Evidencia de que puede cerrar sus fronteras y no pasa nada. Tiene una autosuficiencia local impresionante, tiene crisis financieras y tampoco pasa nada. Y eso sumado a sus recursos naturales, los hace un líder del mundo y ellos lo saben, y México ha barajado sus cartas con Norteamérica.

El cuarto punto es definir ¿cómo vamos a jugar con Norteamérica, frente a Latinoamérica?, ¿cómo vamos a jugar si ya declaramos que queremos un mercado común norteamericano? A lo mejor los centroamericanos se nos suman, pero los sudamericanos dicen: si no tengo ventajas no voy. Entonces, el Cono Sur se convierte en un centro diferente de desarrollo. Entonces si nuestra intención es crear un mercado común norteamericano y ver integrado un ideal, porque este tipo de acciones son acciones de largo plazo, casi lo único que hemos logrado a final de cuentas es vacunar a la opinión publica canadiense y americana de un proyecto que no se va a hacer.

Yo les puedo asegurar hoy, que en seis años no se hace un proyecto de integración de mercado común con Estados Unidos, se haga lo que se haga. A menos que estemos dispuestos a ofrecer parte del territorio. ¿Qué vamos a ofrecer?, ¿el petróleo? Porque para una integración de Norteamérica algo tenemos que ofrecer. Entonces el planteamiento estratégico con Norteamérica va a jugar un papel muy importante para América Latina.

Finalizo, apuntando hacia ¿cómo los empresarios podemos y tenemos que jugar? Pues hemos ido poco a poco participando en inversiones primero en Centroamérica. Algunas inversiones en Chile, donde tenemos un tratado de libre comercio. Podríamos abrir algunos espacios de competencia en Brasil y en Argentina. Pero les puedo decir a ustedes que si no hay un proyecto que dinamice y le dé cierta capacidad de vinculación entre nosotros, los empresarios seguiremos haciendo una labor muy marginal. Solamente las empresas muy grandes y las empresas asociadas con las internacionales podrán hacer algo. Los demás estamos fuera del juego, no hay manera de lograrlo. Y con esto, que no es muy optimista, termino esta participación.

 

Fuente: El Papel del Empresario Mexicano en la Integración de América Latina y el Caribe, AUNA México, 2001, páginas 9 a 14.

 

 

Otros Capítulos del Libro

 

Otras Publicaciones de AUNA México

 

Página Principal de AUNA México