Asociación por la Unidad de Nuestra América

 

 

 

Desafíos para América Latina y el Caribe * 

María Guadalupe Acevedo

 

La naturaleza de los acuerdos de integración que se desarrollan en la región latinoamericana, y la profundidad de los cambios históricos que se viven a raíz de la mundialización de la economía hacen patente que, en nuestras sociedades, la cultura empresarial es incipiente y, además, que el empresariado latinoamericano no ha sido tema frecuente en los análisis de las ciencias sociales de la región. Pero es ahora que en la economía mundial cambió tanto el papel de los empresarios, como las características de las empresas, cuando el diagnóstico y la comprensión de las funciones de las empresas y de los empresarios se hace urgente. Así lo entendieron los organizadores del Foro Permanente de la Unidad Latinoamericana al acudir a la tarea con la realización del Tercer Seminario bajo el tema El Papel del Empresario Mexicano en la Integración de Latinoamérica y el Caribe, cuyo objetivo es nutrir un debate público que esclarezca los retos que enfrentan las naciones latinoamericanas para reorganizar sus unidades productivas y crear los recursos humanos que las dirijan, en atención a los objetivos del desarrollo de Nuestra América.

Las conferencias que ahora se publican, de la primera sesión de este Seminario, contribuyen en dos dimensiones centrales del diagnóstico que se persigue. La intervención del licenciado Julio A.  Millán Bojalil enjuicia el trayecto de los esfuerzos de integración desde la posguerra, en los cuales participó el empresariado mexicano, y lo hace autorizado por su larga y reconocida experiencia como empresario, como dirigente, y como consultor del ramo. La ponencia de la maestra Alicia Ortiz Rivera desde su especialización en el tema, como docente y periodista, presenta un valioso análisis y enjuiciamiento, sobre los cambios que se registran en la acción política de las organizaciones que representan al empresariado latinoamericano y mexicano.

Sus ponencias confluyen en aspectos fundamentales de los profundos desafíos que hoy plantea la situación de las naciones latinoamericanas y, nos parece que son de gran utilidad para señalar áreas de trabajo impostergables. Pues si de integración económica y de desarrollo empresarial se trata queda claro que, en la región, han debido confluir las iniciativas de tres vertientes; por un lado la desarrollada por la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) –y posteriormente por la ALALC y el BID– y, por los otros, las iniciativas de los  gobiernos y de los propios empresarios. En retrospectiva ahora se puede establecer que sus iniciativas no tuvieron la claridad ni la solidez que demandan los proyectos de integración de mercados. Así, siguen en pié urgencias centrales ya que la integración requiere infraestructura de comunicaciones, y de todos los tipos de transportes, terrestres, marítimos y aéreos. Lo mismo que se requiere de leyes, de acuerdos y normas de alcance regional, en materia fiscal, arancelaria, monetaria y comercial. Tales requerimientos demandan, sí, de voluntad política, como se afirma, pero proponemos girar sobre este punto y señalar que los funcionarios de los gobiernos también requieren capacitación para trabajar en prospectiva regional y mundial. Señalar asimismo que la formación de funcionarios para las políticas de integración, es una tarea que las naciones latinoamericanas deben enfatizar sin dilación. Aquí las universidades, como sabemos, no están exentas de responsabilidad. Hay que avanzar también en la formación de cuadros y  en el desarrollo del debate público sobre los objetivos y  las vías de las políticas públicas, que son necesarias para reconstruir, tanto la integración de las economías en Latinoamérica, como el modo de operar en la economía mundial. Estas son prioridades que competen a los ciudadanos que, a raíz de los procesos de integración y de mundialización en curso, registran las transformaciones en sus expectativas de vida, aún sin haber participado en su definición.

Uno más de los aspectos tratados en las ponencias se refiere a las funciones mismas de los empresarios. Se comienza por recordar que, al igual que en nuestros países, en el conjunto de los países desarrollados, la mayor parte del siglo XX transcurrió sin una verdadera comprensión sobre el papel del empresariado, y antes bien, se les estigmatizó (lo que nos recuerda que en el ámbito de las ciencias sociales no fue sino hasta que Alfred Marshall retoma el análisis teórico del trabajo aplicado a la toma de decisiones complejas). Pero –ser empresario, marca el licenciado Millán, «significa crear, promover, organizar,» y ser eficiente para participar en el mercado–, la diferencia está en que, en nuestra región, el empresariado se ha desarrollado incipientemente; y , por lo que respecta a los grandes negocios, éstos han estado ligados a las grandes empresas internacionales. Los empresarios mexicanos no se han desarrollado como empresarios de talla internacional, salvo unas cuantas excepciones.

El entendimiento de lo que es un empresario y de lo que son las organizaciones de negocios es pues, uno de los grandes desafíos históricos no sólo para los sectores empresariales, sino para las sociedades de la región. La ruptura del modelo de economías protegidas, toma impulso irreversible, al cambiar la política con la que se conduce a las organizaciones empresariales; que en lo substancial, es un cambio en el modelo de toma de decisiones. Este cambio acentuó la incapacidad de los empresarios latinoamericanos para mantenerse como actores del mercado. Desde luego, el cambio confluyó con los complejos procesos de endeudamiento de las economías y la posterior renegociación de la deuda que, como ha sido ampliamente estudiado, desencadena las decisiones de abrir el  funcionamiento de las economías latinoamericanas. Pero el resultado de todo ello es innegable. La planta industrial latinoamericana se ha debilitado y en buena parte está siendo substituida por las empresas maquiladoras que son unidades productivas estrechamente ligadas en su funcionamiento a la toma de decisiones de los grandes negocios internacionales.

La transformación no sólo afecta a las industrias, también en las actividades comerciales y de servicios se ha operado el cambio fundamental del modelo de toma de decisiones. Se trata de la expansión vertiginosa, en el mundo y en la región, de negocios franquiciados, sobre todo en la década de los 90. Otra modalidad más del nuevo modelo de toma de decisiones que está presente en la forma de hacer negocios en nuestras sociedades, la constituyen las variadas formas de asociación –notoriamente en los negocios financieros– y de acuerdos entre las empresas de presencia internacional. Todas estas nuevas formas de tomar decisiones en las empresas son las que canalizan la creciente inversión extranjera directa (IED), de la que nos informan nuestros conferencistas. No cabría duda sobre la necesidad de que una cabal comprensión, por parte de los diferentes sectores de la sociedad, sobre la nueva forma de tomar las decisiones en las empresas, debe nutrir a las políticas públicas que habrían de seguir construyendo la integración latinoamericana.

       Entre las importantes líneas de reflexión expuestas en las ponencias, quisiéramos destacar otra más. La que señala la necesidad de entender la redefinición en las relaciones entre el empresariado y el poder político, para que pueda darse paso al fomento de una cultura que comprenda, evalúe y fomente la función social de los empresarios. Este llamado de nuestros ponentes no tendría que ser tan radicalmente urgente, si no fuera porque en la historia de las sociedades latinoamericanas no se ha desarrollado. Nuestras sociedades no han cultivado una comprensión de su radical importancia. Hasta el punto en que las crisis económicas que desencadenaron el debilitamiento de las fronteras económicas, mostraron que, aún entre los empresarios, no existe el conocimiento, ni la organización, para promover la integración de la planta de empresas para el desarrollo del mercado interno, y para elucidar, los cursos de acción que hacen falta para que las economías nacionales se integren en los ámbitos de las economías regional y mundial.

 

* Presentación de la primera sesión del Seminario El Papel del Empresario Mexicano en la Integración de América Latina y el Caribe de AUNA México, 30 de agosto de 2000, Sala de Actos del Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana (INEHRM).

 

Fuente: El Papel del Empresario Mexicano en la Integración de América Latina y el Caribe, AUNA México, 2001, páginas 9 a 14.

 

 

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