Asociación por la Unidad de Nuestra América

 

 

 

La Industria Maquiladora en México y El Caribe

Josefina Morales 1

 

Contexto histórico

Aprender a pensar nuestra realidad en la dimensión latinoamericana es indispensable, no sólo para comprender mejor nuestra realidad contemporánea, sino particularmente para pensar en una alternativa al desarrollo nacional.

Pensar América Latina, sí, y al mismo tiempo pensar en las subregiones latinoamericanas, pues somos un continente inmenso con profundas desigualdades y con diversas experiencias subregionales: el Mercosur, el Pacto Andino, el Mercado Común Centroamericano, la Asociación de Países del Caribe, etcétera.

En México, la realidad del peso específico del elefante llamado Estados Unidos fortalecido con la firma del TLCAN ha llevado a privilegiar en los últimos años al análisis de la relación México-Estados Unidos, por lo que es urgente pensarnos asimismo como economía latinoamericana y prestar especial atención a nuestra relación con Centroamérica y El Caribe, nuestra relación natural y al mismo tiempo frecuentemente ignorada o desconocida.

Baste recordar ahora, los vínculos culturales históricos que compartimos: la civilización mesoamericana que dejó huellas profundas y sobrevive y reproduce en la cultura de los pueblos indios de México y Centroamérica;. la histórica relación con Cuba; la tradicional política de asilo de México que hasta los años ochenta permitió relaciones privilegiadas con los pueblos cubano, dominicano, haitiano y centroamericanos.

Y también el que esta subregión latinoamericana comparte al vecino común de nuestras fronteras, que ha desempeñado un papel decisivo en nuestra historia política y económica: Estados Unidos. País con el que definimos nuestra inserción internacional desde hace más de un siglo.

La etapa actual del capitalismo mundial se abrió paso en medio de la larga crisis estructural del capitalismo y durante las últimas tres décadas se llevó a cabo una recomposición del capital sin precedente que impulsó nuevas formas y niveles de internacionalización del capital, de acumulación y centralización que han conducido a la formación de una compleja oligarquía financiera trasnacional y a la redefinición de sus principales instituciones internacionales. Al mismo tiempo, como parte de ese proceso la revolución científico-tecnológica ha transformado radicalmente al sistema productivo, la organización del trabajo, la distribución, comercialización y consumo a partir de la escala mundial con la que las trasnacionales organizan la producción y la realización de sus mercancías.

Estas transformaciones plantean nuevas modalidades de subordinación y dependencia de nuestros países, nuevos desafíos cuyas respuestas nos exigen pensar en la dimensión latinoamericana de nuestro desarrollo.

Esta nueva etapa para América Latina se manifestó en la larga crisis estructural, tanto económica como política y social que atravesamos desde los años setenta con las dictaduras militares en el cono sur, la agudización de la lucha revolucionaria en Centroamérica y el agotamiento del modelo económico sustentado en la política de sustitución de importaciones que abandonó crecientemente la producción agropecuaria, no advirtió la modernización tecnológica en curso y propició una expansión inadecuada del sector público en contubernio con los grandes capitales nacionales, sustentada en esa década de endeudamiento externo creciente, déficits públicos y políticas monetarias expansivas.

La crisis de la deuda externa, como sabemos, precipitó el colapso de esas viejas estructuras productivas provocando procesos hiperinflacionarios y devaluatorios. Su renegociación impuesta por el gran capital trasnacional y aceptada por los gobiernos en turno y los grandes capitales nacionales beneficiados con las políticas de reajuste, las privatizaciones y las medidas favorables al capital especulativo, significaron una sangría sin precedente que sumergió a nuestros países  en la llamada década pérdida.

Uno de los ejes del cambio estructural impuesto con sudor y sangre en la década pérdida fue la apertura comercial que implica nuevas modalidades en la reinserción internacional tradicionalmente subordinada de nuestras economías, cuya máxima expresión es el Tratado de Libre Comercio de la América del Norte (TLCAN) entre Estados Unidos, Canadá y México que entra en vigor, como todos sabemos, el l° de enero de 1994. Proceso que corresponde a la reestructuración productiva internacional que exige esa liberalización para la libre circulación de partes y componentes de un producto que hoy se fabrica en forma simultánea y dispersa mundialmente. A este proceso internacional corresponde un crecimiento explosivo en los años noventa de la industria maquiladora en México, Centroamérica y El Caribe; entre la marginalidad económica internacional y la nueva división internacional del trabajo aparece el eslabón industrial de la maquila.

Dinámica maquiladora en la región

Para tener una idea del mundo industrial al que nos referimos tengamos en mente que para este año cero del siglo y del milenio, la industria maquiladora en la región tendrá, en una estimación conservadora, alrededor de 5000 establecimientos que ocuparán a más de 1.9 millones de trabajadores, de los cuáles en México habrá 3500 maquiladoras y 1.4 millones de trabajadores, en Centroamérica, cerca de 1000 plantas con 318 000 trabajadores y en la República Dominicana 550 empresas con cerca de 224 000 personas (véase cuadro 1).2 La región exportará en ese año alrededor de 195 000 millones de dólares y cerca de la mitad corresponderá a la exportación de la industria maquiladora.3 La maquila en México exportará más de 80 000 millones de dólares, en Santo Domingo lo hará por unos 7 536 millones, la de Honduras realizará en el exterior cerca de 1 870 millones de dólares, la de Guatemala, 1 362 y la de El Salvador, 1 588 millones de dólares.

La década de los noventa para América Latina fue una de recuperación económica, contención radical del proceso inflacionario y reformas estructurales que privatizaron la empresa pública y facilitaron la entrada de capital extranjero, entre crisis financieras, bancarias y políticas. Recuperación que ha profundizado la desigualdad regional, entre países y entre sectores sociales y productivos. La recuperación del crecimiento económico no se ha traducido en la del nivel de vida de la población, pues, como sabemos, ha aumentado el número de latinoamericanos que viven en condiciones de pobreza. Mientras el Producto Interno Bruto (PIB) registró una tasa de crecimiento medio anual del 3.6% entre 1991-1998, el PIB por habitante apenas lo hizo al 1.8%.

La mayoría de los países de el Caribe registraron incluso una tasa media anual de crecimiento superior a la media latinoamericana y sólo México y Nicaragua una menor, del 3% en el caso del primero y del 2.9% en la segunda, pues México registró la crisis de 1995 y Centroamérica en su conjunto sufrió la destrucción provocada por el huracán Mitch, que agravó la precaria situación nicaragüense.4 Sin embargo, en los últimos años, 1997-1999, han registrado tasas mayores de crecimiento: La República Dominicana una superior al 6.5%, Costa Rica también superior al 4.5%, Guatemala del 4.5%, El Salvador alrededor del 4% y México del 5%; crecimiento que tiene al sector externo como uno de sus principales factores.

Uno de los ejes de las transformaciones de la década es la inversión extranjera directa (IED), que registra altas tasas de crecimiento, 30% anual promedio, superiores en mucho a las de la inversión privada. El flujo anual pasó de 8359 millones de dólares en 1990 a 32 182 en 1995 y sobrepasó los 85 000 millones de dólares en 1999 5. Muy probablemente alrededor de la tercera parte de la IED se destine a la industria maquiladora. Entre 1990 y 1999 se canalizó a América Latina un monto acumulado de 399 895 millones de dólares, de los cuáles llegaron al Caribe, Centroamérica y México el 29.76%, y de ésta, se concentró 67% en México (Cuadro 2).6

 Especialización y estructura productiva

La industria maquiladora en México es la que presenta mayor diversificación, al mismo tiempo que es un proceso de tres décadas, mientras que en los otros países de la región data de sólo dos décadas, con precarios antecedentes en los setenta en Haití, Guatemala, Honduras y El Salvador. Por diversos motivos, la mayoría por la dinámica  de la lucha social que llevó a la guerra en varios países de la región, puede decirse que a excepción de Honduras, la maquila inicia su presencia en los años ochenta, en medio de la década perdida, pero su real dinamismo se da en los noventa con una alta especialización en la confección en la mayoría de los países; de igual manera en México  registra su mayor dinámica en la última década con una presencia sobresaliente de la confección la que se impone como especialización productiva en las nuevas localidades maquiladoras. Es sobresaliente la rama electrónica en Costa Rica, con la empresa INTEL que transforma la estructura productiva en ese país.

En México 7 la industria maquiladora data de 1965, tiene un crecimiento moderado en la década de los setenta, registrándose en 1980, 620 establecimientos que ocupaban a 119 546 trabajadores, de los cuáles 78 880 eran obreras. Desde entonces el ensamble de materiales y accesorios eléctricos y electrónicos empleaba 33% de los trabajadores, el de maquinaria, equipo y aparatos eléctricos y electrónicos 25%, y la confección 15%.

La primera rama, si bien aumenta en números absolutos y registra en 1999 a 512 establecimientos donde laboraban 293 031 trabajadores, es proporcionalmente menor. Su importancia en la cadena industrial norteamericana, muestra que de México proviene el 20.3% de las importaciones de la industria electrónica de Estados Unidos.8

La industria de autopartes crece sensiblemente en la década de los ochenta y para 1990 proporciona empleo a más de 100 000 trabajadores (más del doble de los de la confección) en 156 plantas. En 1999 ocupa más de 200 000 trabajadores en 225 plantas, destacando las de la gran trasnacional de autopartes, Delphi, hasta 1998 división de la General Motors, donde en sus 55 plantas laboraban más de 75 000 trabajadores. En 1998 Estados Unidos compra a México el 13.5% de sus importaciones de la industria automotriz.9

En 1999, el 60% de los 3297 establecimientos son de la confección y en ellos laboran alrededor de 250 000 trabajadores, la maquila de materiales y accesorios eléctricos y electrónicos ocupa a una  proporción del total de trabajadores (25%) menor a la de 1980. También es de anotarse, por el número de trabajadores que emplea (54 725), la maquila de muebles y accesorios de madera y metal.

Paralelo a su crecimiento explosivo destacan los cambios en el proceso productivo y en su dispersión geográfica, pues de estar concentrada en 12 municipios de la frontera norte en 1980, ahora simultáneamente se despliega en otros 180. En el proceso de trabajo, a partir de la maquila automotriz se generalizan las formas de producción con nuevos sistemas de control de calidad, flexibilidad laboral y producción justo a tiempo. La reestructuración industrial mundial descansa en estos nuevos sistemas de producción, de los que la maquila es uno de sus eslabones. Lo anterior se expresa en una gran heterogeneidad de esta industria, pues en ella se encuentran empresas gigantes que emplean entre 4000 y 10 000 trabajadores cada uno y hasta 813 que ocupan a menos de 100 personas por establecimiento, coexistiendo así empresas modernas y tradicionales.

La industria maquiladora de México está integrada al proceso industrial de los Estados Unidos, pues su producción prácticamente en su totalidad se exporta a ese país, independientemente del capital de origen. El 66% de los establecimientos son de capital estadounidense, las de Japón (4.8% del total) emplean 9% de los trabajadores y las de capital mexicano, si bien son cerca de la cuarta parte del número total de plantas industriales apenas ocupan 11% de los trabajadores.

Para comprender mejor la expansión en la última década de la maquila de la industria de la confección, tanto en México como en Centroamérica y El Caribe, es necesario tener presente la reestructuración de esta industria a nivel internacional, particularmente la de Estados Unidos que ha desplazado hacia estas regiones la confección, estableciendo para ello acuerdos comerciales que favorecen la circulación de estos artículos con muy bajos aranceles (La Iniciativa de la Cuenca del Caribe desde 1983 y el TLC en 1994), al tiempo que mantiene en su territorio la rama textil y, sobre todo, ha modernizado radicalmente su estructura gerencial, de producción y comercialización.10

Estados Unidos “... mantiene cuotas a la importación de prendas de vestir de la mayor parte de los países del mundo, y además impone aranceles de 16%, en promedio, a la importación de ese tipo de bienes. Sin embargo, en la última década se eliminaron las cuotas aplicadas a la importación de prendas de vestir de México, la región del Caribe y América Central...”.11 Lo que permitió que las importaciones estadounidenses de la confección  provenientes de esta región crecieran  “... de 3 400 millones de dólares (12% de las importaciones totales de Estados Unidos en el rubro) en 1990, a 14 500 millones de dólares(27%) en 1997 (14.2% originados en la cuenca del Caribe y 11% en México... ).”12 Desde 1998 México supera incluso las exportaciones de China  a Estados Unidos y le corresponden al año siguiente alrededor del 15% de las compras externas de Estados Unidos en esta rama.

Internacionalmente se advierten los cambios en la participación en el comercio internacional del vestuario. Entre los 50 países, principales proveedores de los miembros de la OCDE, 24 vieron disminuir su participación entre 1980 y 1995, la mayoría de ellos países desarrollados o de los denominados tigres asiáticos, al tiempo que lo incrementaban  26, la mayoría de ellos subdesarrollados. Destaca en primer lugar la participación de China que se eleva del 2.7 al 17.6% y las bajas de Italia (12.9 al 7.9%), Hong-Kong (13.7 al 7.3%), Alemania (6.9 al 3.9%), y República de Corea (9.1 al 3.8%).13

De los países de la región de estudio, todos la elevan sensiblemente y en conjunto proporcionaron el 5.3% de las importaciones de vestuario realizadas por los países miembros de la OCDE en 1995. Proporción que será sensiblemente mayor, casi del orden del 10% para el año 2000.

En 1996, el 80% de la industria maquiladora en Centroamérica era de la confección, exportando el 90% de su producción a Estados Unidos:  en la República Dominicana la maquila de la confección realiza las dos terceras partes de la exportación y en México en 1999 había 976 establecimientos en esta rama (28% del total) que ocupaban a 249349 personas (25% del total). También tiene como principal centro receptor a Estados Unidos, por lo que México se ha convertido en el primer país exportador de la industria de la confección a Estados Unidos, seguido por China, Hong Kong y la República Dominicana; esta última proporcionó 4.6% de las compras exteriores de Estados Unidos en 1998.14

Las maquiladoras de la confección se clasifican en cuatro tipos según la complejidad del proceso que realizan: confección-acabado-empacado; corte-confección-acabado-empacado; corte-manufactura-accesorios y paquete completo. Su instalación se acompaña de creación de infraestructura estatal o privada que se realiza en los llamados parques industriales en donde se localiza gran parte de esta actividad. En la República Dominicana existían 36 parques industriales en 1996 y en México, el último censo industrial registra 381 parques en 1998.

Un aspecto a destacar es la participación del capital nacional en la maquila de la región, determinada en gran parte por el peso de la industria de la confección. Según la CEPAL, en 1996 el 65% de las empresas maquiladoras de El Salvador tenía un capital de origen nacional,  43% de las de Guatemala, 32% de las de Honduras, 21% de las de Costa Rica y 16% de las de Nicaragua. En México en 1999 el 23.3% de las empresas maquiladoras eran de capital nacional, las que ocupaban al 11% de los trabajadores.

Estados Unidos es, por supuesto, el capital que tiene mayor número de empresas maquiladoras en casi todos los países de la región. En 1996 a él pertenecían el 60% de dichas empresas de Costa Rica, el 36% de las de Honduras y el 32% de las de Nicaragua; en México en 1999 concentraba el 66% de las empresas que ocupaban al 74% de los trabajadores. En Guatemala el capital coreano era el que tenía mayor presencia en 96 maquiladoras (44% de los establecimientos), mientras en México tenía 40 (1.6% del total).

La industria maquiladora: ¿una opción para el desarrollo industrial regional?

La maquila se concibió desde el principio como eslabón de una industria trasnacional, por lo cual su localización fue en las zonas francas, fronterizas, cuya característica fundamental era la exención de impuestos para la importación de sus insumos, ya que su producción estaba destinada al mercado internacional. Así se diseñaron y aplicaron políticas fiscales y de promoción con la creación de infraestructura en transporte y comunicaciones, configurándose plataformas territoriales exportadoras de precaria integración regional y nacional, pues los insumos nacionales se reducen al consumo de energía, agua  y fuerza de trabajo.

La dinámica descrita de las últimas dos décadas, plantea la urgencia de promover una política industrial para que convierta al sector maquilador en una parte integrante de la industria y del desarrollo regional. Esto requiere diseñar alternativas para proveedores regionales, que podrían conformarse con carácter multinacional, centroamericano o  caribeño, para estar en condiciones de atender la demanda de insumos de estas empresas que responden a un mercado trasnacional.

Particular atención exige la situación de los trabajadores, pues con frecuencia éstos viven sin organización y sin derechos, ya que la mayoría son mujeres y jóvenes que entran por primera vez al mercado de trabajo en regiones sin tradición obrera y con salarios considerados entre los más bajos del mundo..

Sin duda, una alternativa integral al desarrollo industrial de la región tiene que enmarcase en la dimensión latinoamericana para replantear una inserción internacional en mejores condiciones, tarea urgente ante los cambios que se registrarán para el año 2005, cuando, por acuerdo de la OMC, se liberalizará completamente el comercio mundial del vestido y por lo tanto se eliminará el régimen de cuotas internacional.15

 

MEXICO, CENTROAMERICA Y EL CARIBE

 

 

Exportaciones

  Maquiladoras

   Trabajadores

 

1990

1996

2000*

1996

2000**

1996

2000***

México

48805

106901

165850

2553

3500

803060

1400000

Costa Rica

1963

4462

9343

189

230

47972

62882

El Salvador

973

2204

3175

190

231

42000

55053

Guatemala

1588

2767

3891

220

281

61800

81007

Honduras

997

1920

2966

174

222

78583

103006

Nicaragua

392

805

925

19

24

13000

16412

República Dominicana

1832

6193

8910

434

548

164639

223990

Total

56550

125252

195060

3779

5036

1211054

1942350

Fuente: CEPAL, Estudio económico de América Latina y El Caribe 1998-1999, Santiago de Chile, 1999. Centroamérica, México y República Dominicana: Maquila y transformación productiva, México, 1998. * Estimaciones hechas a partir de la tasa media anual registrada entre 1995-1998. ** Estimaciones para México a partir de los datos hasta 1999, para la República Dominicana aplicamos una tasa media anual de 6% y de 5% para los demás países. *** Estimaciones para México a partir de los datos hasta 1999, para la República Dominicana aplicamos una tasa media anual de 8% y de 7% para los demás países.

 

 

INVERSIÓN EXTRANJERA DIRECTA EN AMÉRICA LATINA 1990-1999

Millones de dólares

 

 

1990

1991

1992

1993

1994

1995

 

 

 

 

 

 

 

TOTAL

8359

15421

17718

17301

30220

32182

Centroamérica y El Caribe

1050

3858

4533

5441

4247

2005

Centros financieros del Caribe

 

 

 

 

 

2427

Argentina

1836

2439

4044

2557

3067

5279

Bolivia

66

94

121

122

128

393

Brasil

989

1103

2061

1292

3072

4859

Chile

590

523

699

809

1773

2957

Colombia

500

457

729

959

1667

969

Ecuador

126

160

178

469

531

470

México

2634

4762

4393

4389

11503

9526

Paraguay

76

84

137

119

180

155

Perú

41

-7

136

670

3084

2000

Uruguay

 

32

58

102

155

157

Venezuela

451

1916

629

372

813

985

 

 

 

 

 

 

 

 

1996

1997

1998

1999/1

Acumulada

1990-99

TOTAL

46643

69404

76727

85920

399895

100.00

Centroamérica y El Caribe

2108

4251

5776

5500

38769

9.69

Centros financieros del Caribe

3119

4513

6486

5000

21545

5.39

Argentina

6513

8094

6150

21000

60999

15.25

Bolivia

474

731

872

800

3780

0.95

Brasil

11200

19650

31913

31000

134799

33.71

Chile

4637

5219

4638

8900

32647

8.16

Colombia

3123

5703

3038

350

17495

4.37

Ecuador

491

695

831

470

4421

1.11

México

9186

12831

10238

10000

79462

19.87

Paraguay

246

270

256

100

1652

0.41

Perú

3226

1785

1930

1500

14365

3.59

Uruguay

137

126

164

100

1031

0.26

Venezuela

2183

5536

4435

1200

18520

4.63

1Cálculo de la CEPAL sobre la base de proyecciones de los bancos centrales u otras fuentes, a diciembre de 1999. FUENTE:CEPAL, La inversión extranjera en América Latina y El Caribe 1997, Santiago de Chile, 1998, pág. 28. Datos de 1990-1994. La inversión extranjera en América Latina y El Caribe 1999, Chile, enero del 2000, p.19. Datos de 1995-2000. En estos años se desglosa la inversión del Caribe.

 

NOTAS:

1  Investigadora titular del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM.

2  Estimaciones, como se señalan en el cuadro con tasas de crecimiento medio anual entre el 6 el 8%, para Centroamérica y la República Dominicana muy conservadoras, aplicadas al dato registrado por la CEPAL de 1996, pues las exportaciones, por ejemplo, registraron tasas de crecimiento entre 1995-1998 del 15.9% en Costa Rica, 11.4% en Honduras, 9.2% en la República Dominicana, 7.6% en El  Salvador, 6.7% en Guatemala y 7.4% en Nicaragua. CEPAL, Centroamérica, México y República Dominicana: maquila y transformación productiva, México, 1998. Véase también Rudolf M. Buitelaar, Ramón Padilla y Ruth Urrutia, “Industria maquiladora y cambio técnico”, Revista de la CEPAL, Santiago de Chile, abril 1999, no. 67, págs. 133-152.

3 El valor de las exportaciones de la maquila para el año 2000 se estimó de acuerdo a los datos de la CEPAL, Estudio Económico de América Latina y El Caribe 1998-1999, Santiago de Chiles, 1999. República Dominicana, 85%; Costa Rica, 28%; El  Salvador, 50%; Guatemala, 35%; Honduras, 63%. Para México se estima 50% a partir de los datos de 1999.

4  CEPAL, Estudio Económico de América Latina y El Caribe ..., Op. Cit., págs. 64 y 65.

5  Idem. Dato estimado por la  CEPAL para 1999. La inversión extranjera en América Latina y El Caribe. Informe 1999, Santiago de Chile, 2000, pág. 41.

6  En esta estimación no se toma en cuenta la inversión realizada en los centros financieros del Caribe, pues de incluirse, como se registran en el cuadro 2, el monto acumulado por la IED en México, Centroamérica y El Caribe sería el 35.2% del total de América Latina, y lo destinado a México sería el 56.6% del total acumulado en la región de estudio.

7 Los datos de México, provienen de un trabajo reciente de la autora: “Maquila 2000”, en Josefina Morales (coord.), El eslabón industrial. Cuatro imágenes de la maquila en México, Nuestro Tiempo, México, 2000, págs. 17-102.

8  CEPAL, La inversión extranjera en América Latina..., Op. Cit., pág. 107.

9  Idem.

10  Véase, Michael Mortimore, Industrialización a base de confecciones en la cuenca del Caribe: ¿un tejido raído?, Revista de la CEPAL, Santiago de Chile, abril 1999, no.67, págs. 115-131.

11 Robert E. Scott, Reconstrucción de la región del Caribe. Bases firmes para un crecimiento económico sostenible, Economic Policy Institute, Washington, D.C.,  Briefing Paper, http://epinet.org

12  Michael Mortimore, Op. Cit., pág  123..

13   Idem., cuadro de la pág. 116.

14  CEPAL, La inversión extranjera..., Op. cit., p. 107.

15  Robert E. Scott, Op. Cit., pág. 8.

 

Fuente: Jiménez Lazcano, Mauro, Morales, Josefina et al., Integración de América Latina y El Caribe, Asociación por la Unidad de Nuestra América (AUNA México), 2000.

 

 

Libro Integración de América Latina y el Caribe

 

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