Asociación por la Unidad de Nuestra América

 

 

 

Comentarios Sobre el Panorama Actual y sus Perspectivas

Alejandro Sobarzo

 

Antes que nada deseo agradecer a la Asociación por la Unidad de Nuestra América, especialmente a Don Alonso Aguilar Monteverde, la invitación que me fue formulada para participar en este Seminario sobre la "Integración en América Latina y el Caribe..." Este es un tema de gran interés: un poco por lo logrado y quizás más por lo que no se ha podido lograr.

En las primeras décadas del proceso, si bien pueden detectarse algunas experiencias positivas, los resultados fueron bastante escasos, lo que generó cierto desencanto, sobre todo, como se señala en un documento de la OEA, “debido al enorme abismo que existió entre las realizaciones y las expectativas que había generado.”

Un vistazo general a la evolución del proceso creo resulta interesante, si bien es materia que ustedes conocen muy bien, vale la pena recordarlo para llegar al momento que vivimos.

Como es bien sabido, los primeros pasos del proceso integracionista de América Latina se dieron en los comienzos de los años sesenta. Al inicio de esa década surge la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio, integrada por diez Repúblicas Sudamericanas y México. La ALALC se convertiría en ALADI, Asociación Latinoamericana de Integración, en 1980. Por lo que respecta a Centroamérica, ese mismo año de 1960 se creó el Mercado Común Centroamericano. Posteriormente se crearon esquemas como Grupo Andino en 1969 y el Mercado Común del Caribe en 1973.

En un principio estos esquemas de integración fueron más o menos exitosos, ya que propiciaron, entre 1960 y 1980, un crecimiento del comercio intrarregional.

Sin embargo, los mecanismos de integración de entonces no pudieron traducirse en la práctica en avances y realizaciones concretas. Se podrían esgrimir diversas razones para explicarlo. Una de las más importantes fue que, desde sus inicios, la integración nunca fue concebida como un proyecto político, y por lo tanto integrada plenamente en las políticas nacionales de desarrollo de cada país.

Por otra parte, el modelo de desarrollo que siguieron los países de la región durante buena parte de ese período tampoco propició el avance de la integración. Y es que dicho modelo se caracterizó por una proyección "hacia adentro", bajo el amparo de altas barreras arancelarias y no arancelarias, que favorecían en cada país la sustitución de importaciones y no el desarrollo de sus propias capacidades y competitividades reales para poderse insertar mejor en el entorno regional y mundial.

Una tercera razón que se pudiera señalar se refiere a las dificultades de integración física que prevalecen en un vasto territorio como el de América Latina y el Caribe. Cabe mencionar las carencias en infraestructura física, en particular en carreteras; las deficiencias en los sistemas de transporte y telecomunicaciones y la ausencia de sistemas de información fueron, entre otros, elementos importantes que dificultaron el desarrollo y crecimiento de flujos de comercio entre los países de la región.

Por otra parte, los conflictos limítrofes, la presencia de gobernantes autoritarios, los conflictos bélicos y turbulencias políticas en muchos Estados, fueron factores que desalentaron los intentos de cooperación en América Latina y el Caribe.

Después de la "década perdida" de los ochenta se logró una reactivación de los procesos regionales de integración, como lo demuestran, por un lado, el fortalecimiento que experimentaron esquemas como el Mercado Común Centroamericano, el Mercado Común del Caribe, y la Comunidad Andina y, por el otro, la creación de nuevos mecanismos como el Grupo de los Tres, el Mercado Común del Sur, La Asociación de Estados del Caribe y los múltiples acuerdos bilaterales de libre comercio vigentes y en proceso de negociación.

Como resultado de este nuevo impulso, el actual mapa de integración de América Latina y el Caribe es considerablemente distinto al de hace unos cuantos años. Actualmente existen cuatro mercados comunes, diez tratados de libre comercio, otros de éstos en proceso de negociación, así como numerosos acuerdos adicionales de diferentes características (entre ellos, sesenta y cinco acuerdos de alcance parcial o de complementación económica).

Este cambio llevó a algunos a llamar a los noventa como la década de la integración de América Latina y el Caribe.

Diversos factores han influido en este nuevo panorama.

Como tales podemos señalar los profundos cambios que se vienen realizando en la economía mundial. En particular, los procesos de globalización e interdependencia de dicha economía, la formación de grandes bloques económicos y los avances en el desarrollo tecnológico.

Esta nueva situación puso de manifiesto el retroceso sistemático de la América Latina y el Caribe en el sistema de las relaciones económicas internacionales. Se ha ido tomando conciencia que estas profundas transformaciones y nuevos desafíos son hechos reales con los que la región debe coexistir y ante los cuales no debe permanecer pasiva o indiferente, si no quiere seguir perdiendo peso y gravitación y quedar aun más marginada de un entorno mundial de rápida evolución.

Otro factor de importancia proviene del establecimiento y consolidación de los procesos democráticos de la región. Esta coexistencia de regímenes democráticos ha terminado con las sospechas y ambiciones hegemónicas y de dominación, para ceder paso a un auspicioso ambiente de convivencia y cooperación entre los países del área.

Una causa adicional es que la adopción de políticas similares por parte de los países de la región, orientada hacia una mayor apertura hacia el exterior, ha creado también un ambiente favorable para que los Estados Latinoamericanos se embarquen en procesos integradores más ambiciosos que los previos.

 

Otra consideración que debe señalarse es el carácter más pragmático y realista que ha adquirido el proceso de integración. Este, se ha venido instrumentado a través de mecanismos más ágiles y operativos, como son los acuerdos subregionales y bilaterales dejándose de lado, al menos por ahora, la utilización de los mecanismos regionales.

Es un hecho que la integración económica con América Latina y el Caribe ocupa un lugar fundamental dentro de los objetivos de la política exterior de México. La estrategia mexicana busca fortalecer y profundizar las relaciones de México con los países de la región, a través de una eficiente complementación de nuestras economías.

Conviene destacar que actualmente no hay un solo país de América Latina con quien México no tenga un acuerdo comercial en vigor o negociaciones o, como en el caso de los países del Caribe, la puesta en marcha de un mecanismo regional con claros propósitos integradores.

Los acuerdos de libre comercio suscritos por México han desempeñado un papel importante en los procesos de apertura comercial. En 1992 entró en vigor nuestro primer Tratado de Libre Comercio, el de México con Chile. En 1995 entraron en vigor los Tratados de Libre Comercio suscritos con Bolivia y Costa Rica, así como con Colombia y Venezuela en el marco del Grupo de los Tres.

En julio de 1998, entró en operación el Tratado de Libre Comercio México - Nicaragua y el 1º de agosto entró en vigor el nuevo Tratado de libre Comercio México - Chile (se incorpora la liberación del comercio de servicios, compras del sector público, propiedad industrial e inversión extranjera). Por otra parte, en diciembre se suscribió la ampliación del Acuerdo de Complementación Económica México - Uruguay.

Desde su entrada en vigor en 1992, el acuerdo con Chile ha permitido aumentar el comercio bilateral en 504.4%. Los tratados de libre comercio con Bolivia, Costa Rica, Colombia y Venezuela también han contribuido a aumentar el comercio total con esos países. Las ventas totales de México han aumentado de manera notable: en 1994 exportamos 588 millones de dólares y cinco años después dicho monto se incrementó a 1 086 millones de dólares, lo que representó un crecimiento de 84.7%.

México acaba de terminar la negociación de un tratado de Libre Comercio con los países del Triángulo del Norte (El Salvador, Honduras y Guatemala) el cual se espera suscribir en estos días en el marco de la IV Cumbre del Mecanismo de Diálogo y Concertación de Tuxtla. Con Trinidad y Tobago también se tienen negociaciones en curso para suscribir un Tratado de Libre Comercio y lo mismo sucede con varios otros países, entre ellos Panamá.

En el ámbito multilateral México participa activamente en la Asociación de Estados del Caribe (AEC), mecanismo que permite interactuar y fortalecer la integración económica con los países del Caribe.

Con todo y esta nueva dinámica que han adquirido los procesos de integración de América Latina, algunas cifras no dejan de desorientar.

Mientras que nuestro comercio con Centro América ha registrado un crecimiento sostenido de 1993 a 1999, período en el que pasó de 621 a 1,610.9 millones de dólares, no sucede lo mismo en el caso de los otros diez países de la ALADI pues en 1998 nuestro comercio con dichos países disminuyó con respecto a 1997 y la cifra de 1999 se redujo con respecto a la de 1998, o sea que después del 97 esta cifra ha ido a la baja.

Nuestro comercio con Sudamérica no ha podido conservar, pues, una línea ascendente.

Es de desearse que el creciente comercio con América del Norte, especialmente con Estados Unidos, no vaya en detrimento de nuestro comercio con otras regiones del mundo. Cabe recordar que a raíz del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, el intercambio con Estados Unidos ha alcanzado cifras sorprendentes, pues de 88 mil millones que arrojaba en 1993, o sea el año previo a la entrada en vigor del Tratado, se superaron los 225 mil millones en 1999.

Nuestro comercio con Canadá, si bien es muchísimo menor, no es nada desdeñable, pues los 5,200 millones que arrojó en 1999 supera el comercio que tenemos con nuestros diez socios de ALADI.

Aunque resulta muy explicable que nuestro principal socio comercial sea Estados Unidos, también resulta obvio que tenemos que empeñarnos en buscar formas tendientes a diversificar nuestro comercio exterior. Éste, está excesivamente concentrado geográficamente y poco diversificado en cuanto a empresas y líneas de productos. Hay que tener presente que nuestras exportaciones se concentran principalmente en el sector maquilador, el cual representa casi la mitad de las mismas y, además, se compone de un insignificante porcentaje de insumos nacionales.

No cabe duda que hemos puesto poco empeño en fortalecer nuestro comercio con otras regiones del mundo, lo cual es preocupante.

Tomemos como ejemplo nuestra relación con Asia Pacífico, países de la Cuenca del Pacífico de la que tanto se habla. Aunque nuestra relación comercial con esa zona ha crecido un poco en los últimos años, el intercambio sigue siendo pequeño y no nos ha sido favorable. Cifras preliminares indican que en 1998 nuestro déficit comercial con Asia Pacífico superó los 10,300 millones de dólares. No sólo tenemos una balanza deficitaria con Japón y China, también la tenemos con Corea, Malasia, Tailandia, Filipinas e Indonesia.

Se advierte a las claras, una relación mucho más intensa con aquella región del mundo por parte de algunos países sudamericanos como Argentina, Brasil y Chile.

Es cierto que hemos participado activamente en los foros de Asia Pacífico. México, nada menos, será sede de la X Cumbre de Líderes de APEC en el año 2002. Sin embargo, es obvio que nos ha faltado un esfuerzo adicional y no sólo en el aspecto comercial, sino también en fomentar otros tipos de lazos que propicien un mayor conocimiento mutuo y vayan logrando un mayor acercamiento entre los pueblos. De manera especial, deben hacerse mayores intercambios de tipo político y fortalecer las relaciones de carácter cultural. Se advierte claramente que estamos procediendo con desgano ante una región que representa cerca del 40% de la población mundial.

Sería grave error pensar en el TLCAN, por importante que sea, como la solución de los problemas comerciales y financieros de México sin más referencia al resto del mundo.

Nos exponemos a serios problemas el día de mañana, pues veremos en extremo limitada nuestra capacidad de acción y estaremos muy expuestos a los cambios de política que dicte la composición del Congreso de Estados Unidos.

Debemos recordar nuestra experiencia reciente en lo que respecta al tomate, al atún, a las escobas de mijo, al transporte de carga, al aguacate, etc.

Las ideas claves que deben orientar nuestro comercio exterior son pues, "diversificación" y continuar con el proceso de integración con América Latina.

 

 

Libro Integración de América Latina y el Caribe

 

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