Asociación por la Unidad de Nuestra América

 

 

La Educación Superior en América Latina: Problemas y Perspectivas *

 

Dr. Abelardo Villegas, moderador de la reunión: Damos la palabra al Dr. Alonso Aguilar Monteverde para que sea tan amable de plantearnos algunos de los problemas de educación superior en América Latina, y decirnos por qué interesan a la Asociación por la Unidad de Nuestra América.

Dr. Alonso Aguilar Monteverde (AUNA México): Muchas gracias. La Asociación por la Unidad de Nuestra América, AUNA, se creó recientemente como un esfuerzo para hacer posible un mayor conocimiento de nuestros problemas, para así poder articular de manera más estrecha nuestras acciones, promoviendo la causa de la unidad latinoamericana, convencidos de que muchos de estos problemas comunes alteran las condiciones en que se desarrolla la educación superior en nuestros países, y conscientes de la necesidad de trabajar conjuntamente para superar obstáculos. Dichos problemas nos afectan, en mayor o menos proporción a todos, pero parecería que ninguno de nuestros países es capaz de resolverlos satisfactoriamente de manera aislada. Problemas que en otros tiempos fueron considerados propios del Estado, hoy día nos desbordan y nos obligan a ver las cosas en otra perspectiva y a pensar en nuevas soluciones.

Al comenzar a trabajar en este propósito, hemos encontrado una respuesta muy alentadora. Sentimos que en primer lugar es necesario conocer a fondo el estado actual en que se encuentra la educación superior en los países latinoamericanos, sus problemas y sus perspectivas. Es así que conociendo la importante labor que realiza la Unión de Universidades de América Latina (UDUAL), nos acercamos al Dr. Abelardo Villegas, quien gentilmente aceptó formar parte de la Asociación y de su Consejo Coordinador, para que nos dé su opinión sobre el gran problema social, cultural e incluso político de la educación superior en América Latina, sus retos y sus perspectivas.

Entrando al tema de nuestra reunión, ayer escuché un diálogo entre el Presidente mexicano y el Presidente Cardoso de Brasil, donde ambos mandatarios contrajeron el compromiso de cooperar en materia científico-tecnológica-educativa, y a partir de ello me surgieron una serie de preguntas que quisiera compartir con ustedes: ¿Qué es lo que realmente podemos hacer para mejorar la educación superior en América Latina?, ¿en qué situación estamos?, ¿hacia dónde tratamos de avanzar?, ¿cuáles son nuestras propuestas?

Pareciera que son más las inquietudes que las respuestas, pero creo que si trabajamos en conjunto a partir de los esfuerzos que ya han desplegado algunas instituciones latinoamericanas lograremos avanzar, aprovechando y enriqueciéndonos de dichas experiencias.

Para finalizar les diré que este tipo de actividades que apenas está iniciando la AUNA, va por buen camino. Ejemplo de ello es la reunión que en días pasados tuvimos en el Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM con dos personas vinculadas al sector empresarial, quienes expresaron su opinión acerca de lo que se está haciendo en torno a la promoción comercial, al desarrollo industrial y a la cooperación de nuestros países con miras a una integración regional. Intercambios como ése, estamos seguros, enriquecerán nuestro conocimiento y comprensión sobre los problemas y perspectivas de la educación superior en América Latina. De paso menciono que ya se tienen contemplados otros dos encuentros, uno sobre los problemas de la mujer en Latinoamérica, y otro sobre la comunicación e información en nuestros países, donde periodistas y comunicadores se han ofrecido a ponernos al tanto de lo que se viene haciendo en ese ámbito. También les informo que ya están a su disposición los Boletines 2 y 3, así como varios Cuadernos de Información publicados por AUNA.

Agradezco a todos su presencia en nombre de la Asociación por la Unidad de Nuestra América, y de la Unión de Universidades de América Latina, rogándoles que antes de externar su opiniones digan su nombre a fin de conocernos mejor. Sin más preámbulo ruego al Lic. Luis Bernal nos haga favor de abrir el foro.

Lic. Luis Bernal Tavares (UDUAL). Para dar un marco al problema que vamos a tratar en este diálogo informal, habría que señalar que la crisis de la educación superior en la universidad es una dificultad general, una crisis mundial, que se ha venido agravando a últimas fechas sobre todo en Latinoamérica. En mi opinión creo que esta crisis se debe principalmente al cambio en las relaciones económicas de las distintas regiones del planeta, que ha conducido a la llamada globalización económica, a la liberalización comercial y a todas esas modificaciones que ha contribuido, de manera decisiva, a que los gobiernos estén dejando de apoyar presupuestariamente a las universidades.

Los programas de liberalización económica y el hecho de que el Estado ya no participe de igual forma en la economía de las instituciones universitarias, ha traído como consecuencia una dura crisis en la educación superior, principalmente en el ámbito financiero. Las protestas y desencanto que ha causado este tipo de políticas es patente a nivel mundial, ya que no sólo afectan a los países de América Latina, sino también a otras naciones europeas como Francia e Inglaterra. No obstante, es en Latinoamérica donde dicha problemática se ve acrecentada porque la mayoría de nuestros gobiernos atraviesan por una etapa de ajuste estructural fomentado por las enormes necesidades económicas y por la presión de los organismos financieros internacionales, que condicionan el préstamo de recursos a esta fijación de políticas de austeridad. Es por ello que los gobiernos latinoamericanos están implementando, con mayor o menor ortodoxia, estos programas económicos, estrangulando financieramente a la universidad pública y limitando sus recursos. En consecuencia la Universidad se ha visto obligada a revisarse y a contemplar la necesidad de cambio; un cambio que hoy día es aceptado unánimemente en el ámbito de la educación superior. Sin embargo, es allí donde nos encontramos con varias interrogantes al parecer difíciles de responder, como serían ¿cómo debe hacerse ese cambio?, ¿hacia dónde debemos encaminarnos?

Y es que el cambio es fundamental. Un cambio que tienda hacia la elevación de la calidad académica y al mejoramiento de la relación entre la institución universitaria, la sociedad y el Estado; así como a lograr un acceso equitativo y general a la educación, donde individuos de todos los estratos sociales puedan alcanzar una instrucción superior. Estas son entonces, las tres líneas sobre las cuales debe encaminarse el cambio. De hecho el tema central de la Asamblea General de la UDUAL realizada en noviembre del año pasado fue Calidad y Entorno Social, mientras que los fundamentos principales del Programa de Educación del Gobierno Federal para la Educación Superior 1995-2000 son Pertinencia, Equidad y Calidad.

Creo que para todos es claro que la misión de la Universidad debe ser el tratar de que se cumplan estos objetivos, transformarse y rectificar los vicios, las fallas y los anacronismos, a fin de mejorar el panorama de la educación superior en América Latina. Esa revisión es fundamental para que la institución universitaria aumente sus recursos, administre mejor sus prepuestos y aprenda a jerarquizar sus necesidades. Ello nos está obligando a utilizar diversos instrumentos como la generalización de los sistemas de evaluación, a fin de examinarnos y criticarnos por nosotros mismos y ya no por medio de organismos externos que condicionan sus recursos financieros a criterios particulares y ajenos a nuestra condición de países latinoamericanos.

Dr. Juan Eduardo Esquivel T. (Centro de Estudios sobre la Universidad-CESU/UNAM): El Dr. Villegas mencionó algo sobre lo cual he estado pensando y que quisiera comentar con ustedes desde mi posición como miembro académico e investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Pienso que la crisis de la Universidad no es sólo una crisis financiera, de regulación o de evaluación, sino que también es una crisis de identidad, de referencia. Existe una gran distancia entre el ideal de universidad que tenemos y la universidad real que vivimos. Esa universidad liberal que se creó para satisfacer las necesidades de la sociedad, y con el propósito de pensar la verdad sin restricciones, como dijo Luis Enrique Orozco, Vicerrector de la Universidad de los Andes, es la que no tenemos actualmente. Hoy día la universidad se evalúa a sí misma en busca de su identidad y autonomía a fin de conocer y apoyar los esfuerzos de la investigación, y de elaborar políticas y criterios acordes a sus necesidades, y en este momento nos encontramos que la vida académica está regulada, de alguna manera, por esta superposición entre la universidad ideal y la universidad real.

En conclusión, creo que no se ha trabajado sobre esta discrepancia que existe entre la universidad que planeamos pero que no vivimos, y lo que es realmente la universidad latinoamericana en nuestros días.

Dr. Ignacio Sosa (Facultad de Filosofía y Letras-FFL/UNAM). A mi me gustaría intervenir para recalcar que sí existe una preocupación general por la crisis que vive la universidad latinoamericana actualmente. Muestra de ello es la labor que llevan a cabo tanto la Asociación por la Unidad de Nuestra América, como la Unión de Universidades de América Latina. Sin embargo, existen grandes asimetría entre las diversas instituciones, como por ejemplo la Universidad de Campinas o la Universidad de Sao Paulo en Brasil o la Universidad Autónoma de México, en comparación con otras instituciones de Centroamérica. Tanto las universidades brasileñas como la institución mexicana son tomadas como prototipo del concepto Universidad, siendo que ninguna de ellas tiene la capacidad suficiente para satisfacer las necesidades de la sociedad. Muestra de ello es el encuentro celebrado en diciembre de 1995, en el que la ASUM solicitó, tanto a la Universidad de Campinas como a la de Sao Paulo, ayuda para echar andar el proyecto de posgrado y hasta la fecha dicho proyecto no ha sido realizado.

Los institutos politécnicos y los institutos españoles, por citar un ejemplo, cuentan con una política estatal de intercambio y fortalecimiento mutuo, capaz de brindar apoyo a las demás universidades de América Latina, las cuales se encuentran volcadas hacia su propio interior, impidiéndoles socializar sus experiencias.

Quiero señalar que casi todas las universidades latinoamericanas viven una profunda crisis, a excepción de la Universidad de Campinas que es una universidad muy rica, con el mayor número de doctorados, importantes tareas de investigación y un alto porcentaje de recursos financieros otorgados por el Estado. Dicha experiencia tampoco ha sido socializada en favor de la educación superior de América Latina; experiencia que podría servirnos de modelo a seguir a fin de salir de la mencionada crisis por la que atraviesan nuestras instituciones. Incluso en la misma UNAM vivimos experiencias muy positivas que deberíamos propagar a fin de servir como parangón y mejorar las condiciones de otras universidades.

Dr. Abelardo Villegas (UDUAL): Yo quisiera agregar algo en torno a lo que dijo Ignacio Sosa. Para la última Asamblea General realizada en Santo Domingo en noviembre de 1995, invité al Dr. Martins, Rector de la Universidad de Campinas, a participar con nosotros. El Dr., además del valioso apoyo que ha brindado a la UDUAL, se mostró muy empeñoso en difundir las experiencias positivas vividas en su Universidad. Dicha institución percibe un porcentaje de los impuestos del Estado de Sao Paulo, pero también recibe importantes ingresos gracias a los trabajos de investigación que realiza para los Estados Unidos, Japón y Alemania, entre otros países. Además, Campinas cuenta tan sólo con once mil alumnos -la mitad de los cuales son de posgrado- y el 95% de sus profesores ostentan el grado de doctores. Por supuesto que esta universidad tiene los recursos necesarios para hacer mejores cosas que la Universidad Nacional Autónoma de México, la cual tiene trescientos setenta mil alumnos en el nivel profesional, y ciento cincuenta mil alumnos de tercer nivel, cantidad que nada tiene que ver con los once mil discípulos de Campinas. El Colegio de México, cuyo presidente se encuentra aquí entre nosotros, es el modelo que más se acerca a la institución brasileña. Esa universidad cuenta con menos de trescientos alumnos, por lo que el resultado de sus experiencias no puede aplicarse por igual al resto de las universidades latinoamericanas, que viven situaciones totalmente diferentes. No todos tienen la suerte que tiene Campinas, universidad fundada y apoyada por el gobierno militar, que cuenta con una ley que obliga al Estado a otorgarle una parte de los impuestos.

Así podemos observar que Brasil ha tomado conciencia verdaderamente acerca del enorme valor de las universidades, al grado que el Ministerio de Educación ya está implementando políticas de apoyo financiero a la educación básica, tal y como lo recomiendan los organismos internacionales como el Banco Mundial. Y como indicó el Dr. José Martins F., en la última Asamblea, la nación brasileña ha volcado todo sus esfuerzos para impulsar la educación básica a fin de asegurar el futuro de las universidades, y sobre todo de las universidades públicas, privilegio al que tienen derecho todos los latinoamericanos.

Dr. Eduardo Tellez (Facultad de Veterinaria y Zootecnia-FVZ/UNAM). Yo me voy a referir al quehacer particular de las escuelas veterinarias en México con relación al resto de América Latina.

Debido a la firma del Tratado de Libre Comercio con Norteamérica, México se ha visto en la necesidad de ajustar criterios, evaluar y acreditar a una gran número de instituciones universitarias de Medicina Veterinaria y Zootecnia que no necesariamente cumplen con los requisitos indispensables para otorgar títulos de posgrado. Concretamente son treinta y ocho las universidades mexicanas que han recibido certificación por parte de la Asociación Civil de Directores de Escuelas y Facultades de Medicina, de las cuáles sólo dos son privadas.

En el pasado era el gobierno federal el creador de los programas de desarrollo rural. Sin embargo, hoy día las instituciones universitarias de México se rigen por políticas extranjeras que no siempre se adaptan a nuestras circunstancias.

Sin duda alguna el aspecto económico influye terminantemente en el desarrollo de las instituciones de educación superior, de allí que no se puede comparar a la Escuela Veterinaria Altamirano en Guerrero, con la Facultad de Veterinaria y Zootecnia de la Ciudad de México, ni con la Universidad del Rosario de Argentina o la Escuela Veterinaria de Buenos Aires.

Países como Guatemala y Costa Rica cuentan con el apoyo financiero de poderosas naciones como Alemania, Holanda, Estados Unidos o Canadá, sin embargo, no exis te una estrecha relación de cooperación con el resto de las universidades latinoamericanas: un mexicano no va a estudiar el posgrado a Buenos Aires, sino que va a Estados Unidos o Canadá, mientras que un brasileño va a Holanda, Alemania o Inglaterra en vez de ir a estudiar a Costa Rica por ejemplo. Eso, en mi opinión, es un problema muy grave.

Dr. Andrés Lira (El Colegio de México): Otro asunto que no podemos pasar por alto es la manera tan violenta y precipitada en que ha venido cambiando el mercado laboral; cambio que ha superado en mucho cualquier previsión.

Cada vez es mayor el número de estudiantes que tocan las puertas de los institutos de educación superior, y al terminar su preparación se encuentran con que no hay suficiente mercado laboral que absorba su trabajo. Y esto es una pena, porque las nuevas generaciones están cada vez más preparadas obligando a las instituciones a superarse y esforzarse para cubrir sus exigencias.

Sin embargo, el financiamiento de proyectos educativos está determinado, en gran medida, por el tipo de resultados que se desea obtener, y por las circunstancias económicas y políticas por las que atraviesa cada uno de los países.

La afluencia de estudiantes a carreras del área social, como Relaciones Internacionales, Administración Pública, Economía, etc., es cada vez mayor, mientras que el campo profesional disminuye considerablemente. La visión utilitaria, inmediatista y eficientista ha provocado que ciencias comprendidas en el área de Humanidades pasen a un segundo plano desplazadas por aquellas áreas que atienden al desarrollo económico y tecnológico de las naciones. Es necesario destacar que la desocupación profesional causada por la crisis económica del Estado no es sólo un problema en naciones como Estados Unidos o Canadá, sino que también lo es para los países latinoamericanos, donde la afluencia de estudiantes aumenta y por lo tanto la competencia laboral crece.

Por otra parte, considero que debemos hacer una gran esfuerzo para rescatar a la universidad pública, ya que este tipo de institución es el sostén, inclusive, para un buen número de escuelas privadas que se erigen sobre los recursos materiales y humanos de las universidades públicas. Y para ejemplificar diré que como las bibliotecas del Instituto Tecnológico de México son insuficientes para sus estudiantes, éstos recurren a El Colegio de México.

Creo que la revolución de la informática va a modificar todo esto, imponiendo otros estilos y planteando nuevas perspectivas que nos harán valorar los recursos que ha generado las instituciones públicas de educación superior.

Dr. Fernando Carmona (Instituto de Investigaciones Económicas-IIEc/UNAM): Es un placer estar aquí con personalidades que dan forma, sistematizan, viven, transmiten experiencias y plantean situaciones en torno a muchas de nuestras inquietudes, respecto a las cuales considero que es necesario dar soluciones.

La crisis de la universidad forma parte de una crisis más profunda: la crisis económica que se da a nivel mundial. Crisis relacionada con el derrumbe del socialismo, los tropiezos del capitalismo y los acelerados cambios de la sociedad. Una crisis que ha tenido un fuerte impacto sobre la universidad, y especialmente sobre la universidad pública.

Como decía Martínez Estrada, es necesario profundizar sobre las afinidades y diferencias que existen entre nues tros países a fin de intercambiar experiencias que nos ayuden a entender y superar dificultades.

El aumento de las matrículas universitarias en los años sesenta y setenta, según nos dijo el Dr. Villegas, tuvo que ver con el acelerado crecimiento demográfico de los países latinoamericanos, que dicho sea de paso, en cada país fue diferente. No obstante, hoy día en que la explosión demográfica sigue en aumento, la cantidad de alumnos matriculados en las universidades ha disminuido. En el caso de México pienso que debería hacerse un gran esfuerzo para aumentar presupuestos para que apoyen instituciones como el Colegio de Ciencias y Humanidades o la UNAM, a fin de incrementar el número de matrículas y satisfacer así las necesidades de la población joven.

Otras cuestión que quisiera plantear es la gran diferencias del porcentaje de recursos económicos invertidos en la educación superior con respecto al Producto Interno Bruto, PIB, en cada uno de los países latinoamericanos. Al igual que la Universidad de Campinas, otras instituciones cuentan con el subsidio del gobierno. Recuerdo por ejemplo que pesar de la crisis de la dictadura de Somoza, la Universidad Nacional de Nicaragua jamás dejó de recibir el apoyo financiero que le permitió sostenerse con un importante número de profesores de tiempo completo.

Ahora bien, hablemos de las diferencias que existen en el presupuesto destinado a la investigación y desarrollo que se realiza en los centros universitarios. Día a día es mayor la necesidad de impulsar el crecimiento de una universidad tecnológica con gente de primer nivel capaz de dedicar tiempo completo a la investigación; pero debido a la falta de recursos y a las políticas vigentes, dicha tarea se debilita en vez de fortalecerse. La investigación en las instituciones universitarias se ve entonces subordinada y determinada por la participación de las grandes corporaciones transnacionales, a las fundaciones, a las becas y a las formas de financiamiento ajenas al ámbito educativo. Ni siquiera en algunas ramas de las Ciencias Sociales se tienen los recursos necesarios para desempeñar un mejor papel aquí en los países latinoamericanos.

Pienso que la UDUAL ha hecho una labor grandiosa y tenaz significando un esfuerzo serio por recopilar y socializar las experiencias de las diversas instituciones universitarias de América Latina, y considero que su trabajo puede ser punto de partida para que conozcamos y comprendamos cada vez mejor nuestra situación a fin de actuar efectivamente.

Dr. Carlos Pallán (Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior-ANUIES): Yo quisiera marcar algunos puntos de discrepancia. Se ha partido del planteamiento de una crisis de la Universidad, pero a mí me parece que dicho término se ha utilizado con mucha liberalidad dando lugar a muchos equívocos.

Reconozco la dificultad de hablar de la Universidad de América Latina sin datos concretos, pero cuando el entorno inmediato salta a la vista, las vivencias hablan por sí mismas. En el caso de México, y concretamente en la de la UNAM, debemos especificar cuándo comenzó esta crisis y de qué tipo es: material, financiera, etc. Por supuesto que la UNAM de ‘29, sumida en la insuficiencia económica y con pocos recursos materiales, no es la misma que la UNAM del ‘34, condenada a vivir de un patrimonio que el gobierno jamás le entregó, ni a la UNAM del ‘45 en la que coexistieron dos Rectores y dos Consejos Universitarios, y mucho menos es la misma que esta UNAM de los ‘90s, con cuarenta mil profesores de carrera -no todos con la preparación que se quisiera-, pero en la que se han realizado importantes inversiones que han servido para el mejoramiento de los recursos humanos y la implantación de diversos programas educativos. Hoy día no podemos negar que las mejoras en la UNAM han sido importantes, y que a pesar de todas sus carencias es una institución de primer nivel. Entonces yo me pregunto: ¿Cuándo comenzó esta crisis? Porque pareciera que es una especie de vuelta al pasado, una añoranza de lo que antes fue la crisis universitaria. Pareciera, pues, que hay una gran dificultad para reconocer y difundir los avances de nuestras instituciones. Por ello considero que la crisis de la que se ha hablado no es un fenómeno constante y avasallador; si no, ¿cómo podríamos explicarnos el aumento del 15% anual en la matrícula universitaria en los años setenta? Es ese crecimiento el que nos permitió tener condiciones de vida diferentes a las de las generaciones precedentes; un crecimiento que tuvo que ver con los proyectos del Estado mexicano de poder llevar a más niños y jóvenes hacia la universidad. Es por ello que después del ‘68, el fortalecimiento de las finanzas nacionales hicieron que las universidades públicas contaran con más recursos.

No obstante, es necesario reorganizar el reparto de utilidades a las universidades, ya que algunas instituciones se mantienen con un presupuesto donde el 94% de los fondos provienen de la federación, mientras que en otras, dichos recursos son inferiores al 68%. Con ello no quiero decir que la Universidad deba ser mantenida exclusivamente con los recursos estatales, sino que debe atenderse a un criterio de equidad y compensación.

En los años setenta los recursos no pudieron ser aprovechados cabalmente porque no había proyectos en qué aprovecharlos, y a semejanza de lo que sucedió en el sector público, la simple afluencia de recursos por sí mismos no configuró proyectos diferentes, generándose un gran dispendio y desperdicio. En aquel entonces el apoyo financiero que se dio al sector universitario fue mucho mayor que el que se otorgó a la educación básica. Fue hasta el gobierno del López Portillo que el secretario de Educación, Fernando Solana, implementó el programa Primaria para todos, con el que se logró que casi el 100% de los niños mexicanos asistieran escuelas primarias. Desafortunadamente los sexenios siguientes no pusieron tanto empeño en la educación, y si bien el gobierno federal seguía sosteniendo las casas de estudio, gran parte de la infraestructura se derrumbó. A pesar de todas las dificultades creo que el financiamiento por parte del Estado a las universidades sigue siendo muy alto, representando un poco más del 6% del Producto Interno Bruto. Claro que las proporciones deberían ser mayores, pero no a costa de sacrificios en otros sectores.

Es importante destacar que este año, con todos los problemas e implicaciones, el presupuesto destinado al sector educativo presenta un crecimiento real del 2.9% en un esquema donde los ingreso del sector público, fiscales y no fiscales, se han reducido a un 3%. Así pues, existe una prioridad sobre la educación y el mejoramiento de las universidades. Los fondos para la formación del personal académico, las becas, el mejoramiento a las percepciones salariales y proyectos similares deben ser prioritarias para las universidades.

Cabe señalar que actualmente México sigue ocupando el lugar número doce o catorce en la proporción de jóvenes en edad escolar, lo cual indica que existen otros países latinoamericanos en condiciones socioeconómicas mejores que las nuestras; países que se han modernizado y que cuentan con más personal académico con estudios de postgrado. Así que no comulgo con la noción de la crisis universitaria, aunque sí creo que debemos luchar conjuntamente para que se cumplan los programas de desarrollo educativo.

A pesar de que en nuestro país no ha habido ningún anuncio sobre el sistema nacional de becas, considero que es una cuestión que va mejorando, ya que hoy día algunos de los objetivos principales de la política educativa están dirigidos a aumentar el número de graduados universitarios, abatir los rezagos, mejorar los índices de permanencia escolar y reducir los índices de deserción. Incluso ayer mismo escuchamos la conferencia de Enrique Cardoso, quien abordó las innovaciones del sistema educativo brasileño en el nivel básico, semejantes a las que México puso en marcha a partir de 1959, donde se incluían los desayunos escolares y los libros de texto gratuitos.

Tampoco creo que los organismos financieros no educativos estén tratando de implantar medidas ajenas a la naturaleza de la universidad mexicana, sino que por el contrario, todas las modificaciones al sistema de educación superior se están dando en función de ella.

Por último quiero agregar que tanto el Estado como la sociedad se están cuestionando sobre el destino de las instituciones, por lo que no creo que la Universidad Latinoamericana esté atravesando por esa crisis que se ha venido mencionando.

Dr. Abelardo Villegas M. (UDUAL): A fin de no alargar más nuestra conversación, yo quisiera escuchar dos o tres opiniones con respecto a lo que debe ser la Universidad Latinoamericana en un futuro próximo, a partir de lo que hemos planteado.

Dr. Alonso Aguilar (AUNA México): Yo no puedo dar una respuesta definitiva al planteamiento del Dr. Villegas, pero sí quisiera expresar otras inquietudes. Desafortunadamente no conozco a fondo lo que ocurre en nuestros centros educativos en cuanto a su manejo, su financiamiento y su proyección, pero como investigador estoy familiarizado con ciertos aspectos del trabajo de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Creo que no es fácil saber hacia dónde va nuestra universidad si en un principio no sabemos hacia dónde va nuestro país, hacia dónde va América Latina. En México hoy día se habla frecuentemente de la necesidad de crear una estrategia de desarrollo, pero antes de pensar en eso, es necesario tener claro el proyecto de nación que queremos crear y la dirección en que deseamos avanzar. Parece que ni en el Estado, en la empresa privada o en otros ámbitos nacionales tenemos claro qué hemos de hacer en los próximos años; años que nos imponen nuevas condiciones a las que no podemos sustraernos y a las que debemos ser capaces de responder. Así, pues, yo siento que no hay suficiente claridad respecto a los cambios que deben darse en la sociedad mexicana en los próximos quince o veinte años, ni sobre el papel que debemos asignar a las universidades para que contribuyan en la solución de nuestros problemas.

Por muy serias que sean nuestras limitaciones siempre habrá avances, progresos. Los que estamos vinculados al trabajo universitario sabemos que hay gente espléndida que, con gran desinterés y verdadera generosidad, trabajan con verdadero cariño por su oficio en beneficio de la universidad. Tengo la impresión de que existen muchos rezagos en la educación superior de los que no somos plenamente conscientes, pero que significan verdaderos obstáculos que debiéramos tratar de superar en conjunto.

Por otra parte se sabe que hoy día son muchos los profesionistas que no logran trabajar en condiciones satisfactorias, y al parecer esto se va agravar más en los próximos años; pero si no intentamos definir con más claridad hacia dónde vamos y definir nuestro papel dentro de la sociedad mexicana y dentro de la comunidad internacional, no podremos atacar la raíz de éste y todos los problemas que se nos presenten.

Es necesario replantear el rol de la Universidad sin perder de vista sus valores fundamentales. Las instituciones de educación superior deben ser flexibles para adaptarse a las nuevas condiciones de vida y responder a las exigencias de América Latina, ya que nuestros países no son los mismos de antes. Replantearse ese papel a fin de encarar nuestra realidad de forma más adecuada y exitosa deben ser uno de nuestro principales objetivos. Muchas gracias.

Dr. Ignacio Sosa, (FFL/UNAM): Yo creo que es necesario concretar un poco más sobre el planteamiento de lo que deber ser la universidad latinoamericana en un futuro próximo, ya que lo que está aquí planteándose en realidad es la redefinición del concepto de autonomía.

Esta vieja noción liberal de una especie de estado frente al estado que se tenía de la universidad ha sido superada; pero creo que este tópico de autonomía que por demás no ha sido mencionado, es el que está en tela de juicio.

De igual forma debemos reflexionar sobre el verdadero sentido de las universidades nacionales a fin de mejorar su condición actual.

Felicito al Dr. Pallán por su intervención, pero le recuerdo que el término crisis tiene una doble aceptación: la negativa, y la positiva entendida como cambio. Yo creo que estamos en una crisis positiva, y que los cambios pueden ser favorables.

Lic. Luis Bernal Tavares (UDUAL): Generalizar es siempre un problema. Por eso cuando hablamos de crisis universitaria no podemos hacerla extensiva por igual a todos los países de América Latina. Por supuesto que existen diferencias, pero también semejanzas como se comentó hace un momento.

En la UDUAL nos estamos dando cuenta cada día más de que ya no podemos hablar de la Universidad Latinoamericana simplemente, sino más bien sobre lo que está sucediendo en la educación superior en cada unos de nuestro países. Es preocupante ver que las brechas entre nosotros son cada vez más anchas, y que el rezago de la educación superior en cada uno de nuestros países. Es preocupante ver que las brechas entre nosotros son cada vez anchas, y que el rezago de la educación superior en naciones como Ecuador, Perú o Bolivia con respecto a México, Chile o Brasil, es cada vez mayor.

Cuando hablamos de la crisis de la universidad pública en América Latina estoy pensando principalmente en los países centroamericanos donde las instituciones fueron agredidas por los gobiernos dictatoriales o autoritarios, y que hoy día, en períodos de paz, no hay quien se atreva a impulsarlas por considerarlas instituciones contestatarias. Así pues, no hay interés en construirlas. Habría que observas, por ejemplo, el caso de la universidad de El Salvador, donde no ha habido interés del gobierno ni la iniciativa privada para reconstruir a la universidad.

Por otra parte, la investigación científica es realizada en esos países sólo por la universidad pública. Esta resulta sumamente costosa, y es sólo el apoyo gubernamental, el que es capaz de restituirla e impulsarla. Especialmente ante la apatía de la iniciativa privada de nuestra región, que no se interesa en invertir en investigación, aunque ésta, a largo plazo, sea buen negocio. Pero nuestros empresarios con poca visión parecen estar interesados sólo en los negocios seguros y a corto plazo.

Dr. Abelardo Villegas M. (UDUAL): Hemos tenido una buena conversación. Les agradezco mucho su presencia y tolerancia. Gracias también por no haber incurrido en lo que Vasconcelos llamaba «el lastre ciceroniano de la pasión latinoamericana», ya que hemos sido muy concretos al abordar algunos de los problemas más importantes de la Universidad Latinoamericana.

A todos ustedes, muchas gracias.

 

* Segunda sesión de los Coloquios de AUNA México, llevada a cabo en el auditorio de la Unión de Universidades de América Latina (UDUAL), entre la AUNA México y la UDUAL, el 21 de febrero de 1996. Texto tomado originalmente de la revista Universidades Nº 12, UDUAL, México, julio-diciembre de 1996.

 

 

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