Asociación por la Unidad de Nuestra América

 

 

La Organización y el Quehacer Actual de los Empresarios en Torno a la Integración Económica de América Latina *

 

Mtro. Luis González Souza, moderador de la reunión: Bienvenidos a esta primera sesión de los Coloquios de la Asociación por la Unidad de Nuestra América. Vamos a platicar sobre el quehacer empresarial en América Latina en torno a la integración económica, a profundizar nuestro conocimiento sobre lo que hacen los empresarios y distintas agrupaciones para impulsar la integración regional. Se sabe mucho del quehacer gubernamental, no así del quehacer empresarial; para este efecto nos acompañan dos personas muy autorizadas: Gerardo Gil Valdivia, director de MEXPETROL, quien tiene mucho tiempo, mucha trayectoria, en estos asuntos, y Horacio Mondragón, quien dirige actualmente en México el Programa Bolívar, un programa con una perspectiva de crecimiento muy importante y que tiene como uno de sus objetivos centrales el impulsar a la pequeña y mediana empresa para efectos de integración. Ambos exponentes son además miembros del Consejo Coordinador de nuestra Asociación.

Horacio Mondragón: Muchas gracias ante todo por la invitación. Quisiera comentar qué es el Programa Bolívar, en qué contexto surge, cómo ha evolucionado, porqué el programa ha sufrido una evolución muy interesante, sobre todo tratando de responder a las demandas que el propio contexto latinoamericano va planteando en relación con la pequeña y mediana empresa. Empezaría por decir que el Programa Bolívar es una organización internacional no gubernamental cuya visión es promover la integración tecnológica, productiva, financiera y comercial entre los países latinoamericanos, y de estos con otras regiones del mundo, con el fin de incrementar la competitividad de los bienes y servicios generados en América Latina y el Caribe.

El contexto en el que surge el Programa sobre todo, atiende a la crisis de los años ochenta -que la CEPAL llama la década pérdida de Latinoamérica- y a los cambios que la economía de mercados abiertos ha venido ocasionando, en una escena internacional que particularmente ha afectado negativamente al sector de la pequeña y mediana empresa.

En el Programa Bolívar entendemos esto como los articuladores sociales importantes por sus características y escalas de producción. En estas condiciones era la ventaja competitiva de productos y servicios de los países desarrollados, de larga experiencia en la penetración de mercados externos y respaldados por políticas nacionales de apoyo, créditos a largo plazo, aliento a la exportación, y precios competitivos.

En una economía globalizada, los productos latinoamericanos deben confrontarse en condiciones de competitividad con los que generan las sociedades desarrolladas, lo cual relativiza la distinción entre empresarios volcados a los mercados externos y aquellos abocados exclusivamente a ocupar nichos del mercado interno en los países latinoamericanos.

La concurrencia externa es, por tanto, un imperativo en la contemporaneidad; por ello es que el sector productivo latinoamericano debe rápidamente innovar, modernizarse y procurar la ampliación de mercados. Se trata de internacionalizarse, poniendo particular atención en el mercado regional, uno de los que hoy por hoy son de los más abiertos del mundo.

Una reconversión de estas empresas, orientada a redimensionarlas en su internacionalización, sólo es posible de acuerdo con el Programa, por medio de la cooperación, las asociaciones complementarias y la integración regional. La demanda apunta hacia el desarrollo de mecanismos e instrumentos de gestión social más adecuados para la integración de las economías, mediante la absorción del proceso tecnológico y el establecimiento de asociaciones competitivas.

Ese es el contexto en el cual surge el Programa Bolívar, a partir de algunos antecedentes. En 1987, en una reunión cumbre de los países miembros del Grupo de Río, el presidente Carlos Andrés Pérez comentaba con sus pares que el proceso de integración latinoamericana había evolucionado en distintos sectores y aspectos de manera más o menos satisfactoria, pero que había una omisión que a él le parecía importante.

Esta omisión se refería sobre todo al aspecto de la integración regional, de la integración tecnológica regional, por lo que él estimaba conveniente desarrollar un instrumento que permitiera a todos los países latinoamericanos acceder de mejor manera a tecnologías adecuadas para elevar sus niveles de productividad y competitividad. De esta manera, en una relación más estrecha entre los propios países de la región, se podría alcanzar poco a poco el objetivo original del Programa, esto es: la integración tecnológica regional y la innovación para la competitividad.

Esta iniciativa es aprobada por los presidentes miembros del Grupo de Río y se le pide al Banco Interamericano de Desarrollo que tome la iniciativa y estructure un programa que permita llevar a cabo actividades con esa orientación. Con ese objetivo surge el Programa Bolívar en 1992 en Caracas, que es hoy la sede de la Secretaría General y de la oficina coordinadora del Programa en Venezuela.

Los instrumentos con los que cuenta hoy el Programa para estas actividades y objetivos son lo que llamamos la Red Bolívar. La Red Bolívar son hoy unas 20 oficinas nacionales de enlace, ubicadas cada una de ellas en casi todos los países de América, lo que incluye tanto a América Latina como también a Estados Unidos y Canadá.

Originalmente, el programa integró nueve oficinas a través de Caracas; México entre ellas y otra más que todavía permanece ubicada en París, Francia. Este era el universo, que además tenía un objetivo particular distinto al que acabo de comentar. El objetivo original del Programa era la vinculación universidad-empresa.

Se trataba de ubicar universidades en la región que estuvieron en capacidad de generar tecnologías, o de cooperar y coejecutar proyectos de desarrollo tecnológico con otras universidades de la región, y de encontrar ofertas tecnológicas de parte de las universidades que pudiesen interesar a empresas de la región también para hacer alianzas; en sentido inverso, se busca que las empresas latinoamericanas que requiriesen de alguna tecnología acudieran con su demanda tecnológica a los institutos o a las universidades de la región.

Ese fue el objetivo original del Programa Bolívar; sin embargo, francamente hablando, el nicho se acabo muy pronto. El Programa se dio cuenta de que no había suficiente material, no había las estructuras nacionales adecuadas de desarrollo científico y tecnológico que permitieran efectivamente contar con instituciones que pudiesen ofrecer tecnologías del nivel que la propia empresa latinoamericana estaba demandando.

Se logró encontrar una masa crítica interesante con la cual se trabajó durante un año y medio, pero que definitivamente no respondía a las expectativas que se habían planteado en esta materia. Entonces, el Programa continuó evolucionando y buscando el nicho más adecuado en el que pudiera desarrollarse y se encontró con un proceso de globalización. A partir de un estudio que hace el propio Banco Interamericano de Desarrollo se identifican los efectos negativos que la empresa pequeña y mediana en América Latina está padeciendo por este proceso y se solicita entonces al Programa que estructure un mecanismo que permita apoyar a las empresas en la globalización.

En este sentido, el discurso del Programa Bolívar se convierte en un instrumento que permitiría a la pequeña y mediana empresa latinoamericana un papel que cumplir, en las mejores condiciones posibles del proceso de globalización que caracterizaba a la economía mundial. Esa es la actividad que se está llevando a cabo en este momento, con lo que se puede observar una evolución interesante a partir del objetivo inicial y su tarea en la actualidad.

El Programa busca la internacionalización de la pequeña y mediana empresa; ofrecer los mecanismos y las herramientas más adecuadas para que efectivamente lleve a cabo este proceso, así como las modalidades en las que la empresa se pudiese insertar al mercado internacional.

Dichas herramientas son aquellas que se han identificado como potenciales para que se desarrolle efectivamente este proceso: alianzas estratégicas, coinversiones, gestión financiera directa, proyectos  nacionales por parte de instituciones financieras internacionales, transferencia, oferta y demanda de tecnología, asociaciones directas entre empresarios para el establecimiento de nuevas empresas en uno u otro país.

En fin, cualquier propósito de asociación, cualquier propósito de alianza es hoy objeto del Programa Bolívar y el programa ofrece toda su estructura para apoyarlo.

Es decir, la Red Bolívar es lo que yo llamaría el producto más importante generado por el Programa: 20 oficinas nacionales de enlace, con gente contratada localmente en cada una de ellas, lo que presume un conocimiento del mercado y de los sectores, y una mucho mejor difusión de las propuestas que se reciben de otros países.

El Programa acude permanentemente a las empresas, ya sea en forma directa, en lo individual o a través de sus organismos gremiales. Visitamos institutos de desarrollo tecnológico y todo aquello que pudiese tener el nivel competitivo adecuado para acudir al mercado exterior. Hoy, por ejemplo, se tienen registradas más de 200 propuestas mexicanas que están circulando por otros 20 países de la Red y de manera excepcional se cuenta con más de 600 propuestas recibidas del resto de la Red que buscan socios mexicanos; esas son las dos vertientes en las que está trabajando el Programa Bolívar.

El otro instrumento importante que ha desarrollado el Programa es lo que llamamos la Liga de Bancos. Una de las demandas más naturales de la empresa en este momento es la de los recursos financieros para crecer, para lograr inversiones, ampliaciones. Excepto para pagos de pasivos, estamos en posibilidad de gestionar recursos financieros: para ello el Programa creó la Liga de Bancos, que son instituciones financieras internacionales no limitadas solamente a la región latinoamericana o sólo a Europa.

Uno de los bancos más importantes que han apoyado financieramente productos del programa es el Crellone de Francia, un socio muy importante para el Programa, pero hay en ese sentido 100 instituciones financieras internacionales de todo tipo. Francamente hablando, yo diría que el 70% de estas instituciones ofrecen esquemas de financiamiento que podemos encontrar si vamos a cualquier banco comercial; es decir, las condiciones no varían demasiado. Pero la otra parte es la más importante. Es la parte de la oferta financiera de las instituciones financieras multilaterales de desarrollo; sobre todo me refiero al Banco Centroamericano de Integración Económica, a la Corporación de Línea y Fomento, al Banco de Desarrollo del Caribe, al propio BID.

Como un hijo del BID, el  Programa tiene acceso a recursos de la Corporación Interamericana de Inversiones y del Fondo Multilateral de Inversiones, además de un nuevo fondo, el llamado PROPIMET, que Enrique Iglesias, el presidente del BID, anunció en una reunión organizada por el Programa Bolívar, y que se llamó Foro de la Empresa Latinoamericana. El PROPIMET es un fondo de promoción de la pequeña y mediana empresa latinoamericana que está en proceso de estructuración como un mecanismo de financiamiento y se ha pedido al Programa que participe en su diseño.

La Liga de Bancos ofrece más de 200 esquemas de apoyo financiero a las empresas latinoamericanas que ingresan a la Red para promover sus proyectos. Hay dos formas de financiarlos. La más expedita es cuando se encuentra un socio interesado en una propuesta; es decir, cuando se logra una alianza. Entonces regularmente la institución financiera evalúa el proyecto y ofrece recursos financieros.

La otra forma, que yo llamo la vía larga, es cuando hay un proyecto nacional que obviamente busca generar interés financiero. Es el caso de la Cooperación de Línea de Fomento, que ha ofrecido un monto que por hoy no tiene techo, y que tiene un piso de 100 mil dólares. Aquí estaríamos trabajando para el caso de México con una cartera de 20 proyectos, dado que México es el único país que ha entregado proyectos para negociarse con la CAF en este momento, aunque a partir de marzo se nos ha anunciado que es posible financiar proyectos nacionales, por ejemplo andinos. Hoy esa posibilidad se limita a proyectos donde empresas mexicanas han encontrado un socio, en estos cinco países del Pacto Andino, a los cuales financiar directamente para llevar a cabo este negocio con empresas mexicanas.

Yo creo que estos son los dos instrumentos más importantes, aunque hay también una Red Jurídica, que no ha prosperado del todo; pero en el acercamiento a las empresas hemos venido conociendo otras posibilidades. Por ejemplo, hay muchas empresas de México que se están acercando al Programa. Estas son presentadas como empresas de servicios, consultores y que hoy han visto -como muchos- abatido el mercado. Para tratar de promoverse nos están pidiendo asociarse al Programa, pues se supone que cuando una empresa efectivamente logra la internacionalización empieza a demandar de estos servicios. Este grupo de consultores está ofreciendo un elemento interesante que se gesta al menos para el caso de México y que el Programa espera poder apoyar.

Otro caso similar es la solicitud de asociación al Programa de la empresa concesionaria de Servicios Portuarios de Proceso, que espera encontrar un socio de una empresa yucateca que requiere exportar sus productos precisamente por ese puerto. Ahí yo creo que hay un nicho que el Programa, en la oficina de México, está empezando a descubrir y que queremos y esperamos desarrollar. El programa se ha asociado a distintos organismos regionales e internacionales con objetivos similares.

Hay una gran demanda de recursos financieros por parte de las empresas mexicanas. En todos los países el Programa tiene una Comisión Nacional, que es un organismo al mas alto nivel donde participan los cuatro sectores que se pretende articular: sector público, sector científico-tecnológico, sector financiero y sector privado. Pronto constituiremos la Comisión Nacional del Programa Bolívar para el caso de México.

Una de las actividades más recientes que se han desarrollado es precisamente el Foro Bolívar de la Empresa Latinoamericana, que surge de la necesidad que advierte el BID de contar con un Foro donde se pudieran expresar abiertamente los empresarios de la región, confrontándose incluso en los mejores términos con los otros sectores que el Programa Bolívar esta articulando. Así, el BID le pide al programa que organice una región donde coincidan representantes de los cuatro sectores, con el interés de que se abra un franco diálogo sobre la situación y los temas que en este momento inquietan a todos ellos, con la orientación clara de promover y continuar el fomento a la pequeña y mediana empresa en América Latina.

Se convocó, así, al Foro en Punta del Este, Uruguay, en febrero pasado, y en él estuvieron presentes tres presidentes de repúblicas sudamericanas: Wasmosi de Paraguay, Sanguinetti como anfitrión y Fujimori del Perú; había confirmado también su participación el presidente Menem, sólo que ese día tuvo otra actividad y no llegó. Tampoco acudió el presidente Figueres por algunos problemas técnicos, pero estaban confirmados los cinco presidentes. Por otra parte, acudió una cantidad importante de funcionarios del propio BID, y también representantes de bancos latinoamericanos; de México fue gente de Nacional Financiera y de Bancomex, que son dos participantes de la Liga de Bancos. Del sector público, además de los presidentes estuvo una representación de ministros de comercio del Mercosur, del Pacto Andino, varios líderes empresariales de los países de la región y muchos otros empresarios en forma individual. Para el caso de México llevamos una delegación de 12 personas e incluso otros de varios países de Sudamérica.

Los temas que se discutieron fueron la integración de la región en los mercados internacionales, el papel de la empresa privada y de la pequeña y mediana empresa y el papel del Estado, sobre todo respecto a las tendencias políticas; después se abordó el de la visión de los empresarios sobre la situación de la pequeña y mediana empresa, las oportunidades y obstáculos y los nuevos roles del sector productivo. Hubo páneles tales como el papel del sector público, las experiencias de colaboración con los empresarios, el financiamiento de la empresa mediana y pequeña, el crédito al capital de riesgo, el mercado de capitales, los instrumentos financieros a la pequeña y mediana empresa y el papel de la banca multilateral de desarrollo.

Otro tema fue la movilización de recursos del pequeño y mediano empresario, las políticas y actuaciones de la banca multilateral, el caso particular del BID, los sistemas de apoyo a la innovación y de competitividad, las experiencias internacionales de centros tecnológicos -visto esto todavía como el objetivo original del Programa Bolívar que era la vinculación universidad-empresa, que aún se mantiene como objetivo, aunque no sea prioridad del Programa- y por último el acceso a los mercados por parte del nuevo empresariado latinoamericano.

Acerca de estos temas, precisamente tuvimos una reunión la semana pasada para discutir cuál iba a ser el siguiente paso, una vez que el presidente Fujimori solicitó un segundo Foro en Perú. La estrategia es que todas estas numerosas participaciones dentro del Foro se van a recoger, más que para tener conclusiones, para señalar las distintas opiniones de toda la gente que participó, confrontándolas cuando sean los casos, marcando sus diferencias, pero dejándolas ahí. En otros temas como el financiamiento hubo opiniones similares, sobre todo las que señalaban la necesidad de contar con mayores y mejores mecanismos de financiamiento. En todo caso, que cada quien saque sus conclusiones. Eso es la idea.

Además de lo que he mencionado, podríamos comentar sobre algunas posiciones e ideas que tiene el Programa, percepciones que tenemos desde la oficina de México respecto al sector empresarial en nuestro país. Cómo es que lo hemos visto reaccionar cuando se ofrecen este tipo de mecanismos, cuáles son sus demandas más sentidas, qué es lo que se piensa, por ejemplo, en materia de política in dustrial, cómo participaría el Programa Bolívar también en los programas nacionales de apoyo a las pequeñas y medianas empresas, sumándose a los servicios que Nacional Financiera ofrece a las pequeñas y medianas empresas.

Una discusión que es muy interesante es porqué el nicho del Programa Bolívar deben ser sólo estas empresas y por qué no también las grandes en aspectos en los cuales el Programa pueda también apoyar. La diversidad y realmente heterogeneidad que ofrece el empresario latinoamericano puede dar muchísimo de que hablar, porque hay cuestiones que realmente no se entenderían si no se contextualizan locamente y si se plantean solamente en un foro regional. Son cosas muy interesantes en las que nosotros pretendemos ahondar también, aunque no se ha planteado el Programa Bolívar el papel de analista de la situación empresarial; es quizá una inquietud más de la oficina de enlace en México la que ha llevado a escudriñar un poco en estos aspectos, descubriendo algunas cosas interesantes, que en otra ocasión podríamos comentar más a fondo.

Asistente: Yo quisiera hacer dos preguntas a Horacio Mondragón que quizá me responda muy rápidamente. La primera es: ¿ya se agotó el nicho de vinculación universidad-empresa?, ¿ya se explotaron todas las posibilidades?, ¿faltó profundizar en ciertas regiones o hubo poca capacidad de respuesta para la creación de tecnología y poca demanda por parte de los empresarios? La otra es: ¿cómo se consideran las tecnologías?, porque ese es un punto importantísimo en la delimitación de qué mercado ofrecer y qué bienes ofrecen algunas empresas; ¿se está realmente demandando, no tecnología de punta, sino una tecnología adecuada?

Horacio Mondragón: Se agotó, en tanto que no era un nicho. No respondía a la gran infraestructura en la que se había constituido el Programa Bolívar. Seguimos trabajando el tema por supuesto, incluso aquí en México y sé que en los casos de Chile y Argentina se esta trabajando mucho con la asociación de incubadoras de empresas, directamente con los centros de investigación y desarrollo para la promoción de estas tecnologías. Yo les diría que todavía hay una intencionalidad de justificarse ante el BID para cumplir con este objetivo de desarrollo, por todos los medios de difusión con los que cuenta el Programa y uno de ellos es una revista. En esa revista se promueven algunos de los proyectos que están circulando por la Red; todos esos proyectos son de carácter tecnológico, pero yo en un sentido autocrítico diría que lo que se busca más es una justificación frente al BID que todavía está financiando un programa de innovación y de integración económica.

Pero seguimos trabajando el tema cada vez con mayor intensidad. El problema es otro: no hay respuestas de parte de las empresas y no hay respuestas tampoco de parte de ningún centro de desarrollo tecnológico.

Mtro. Luis González Souza: Gracias Horacio por estos interesantes puntos de vista. Ahora Gerardo Gil Valdivia nos podría aportar otra perspectiva del empresariado.

Gerardo Gil Valdivia: Antes que nada quiero decirles que agradezco mucho a la AUNA México la invitación y estoy muy contento por dos motivos: uno, que esta reunión sea en el Instituto de Investigaciones Económicas, que es un instituto que ha ofrecido una enorme contribución a la discusión de la política económica y en particular en los períodos de la crisis que ha vivido la América Latina; y en segundo lugar, que sea exactamente en este sitio de la Torre de Humanidades II, porque aquí trabajé cuando era investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas.

Yo quisiera referirme en términos muy generales a lo que ha sido la experiencia reciente en la que he participado, en la ejecución de proyectos industriales en América Latina, entre países latinoamericanos y en torno al proceso de integración latinoamericana desde la perspectiva no sé si de los grandes emprendimientos industriales, pero sí de algunos de los más significativos de los últimos años.

Quisiera referirme brevemente a dos experiencias profesionales que he tenido la suerte de vivir en los últimos años: una de ellas fue en la dirección de la TINEQUIP y la otra ha sido en la dirección de MEXPETROL. Creo que las dos empresas han sido intentos de promoción de negocios internacionales, uno de ellos latinoamericano y otro desde México hacia el exterior. Si ustedes me lo permiten, yo haría una síntesis muy somera de estas dos experiencias, para después tratar de sacar algunas conclusiones referidas a este esfuerzo de las grandes empresas latinoamericanas y también a algunas medianas y pequeñas.

Yo tuve la suerte de participar, en 1989-90, en la TINEQUIP. Fue un esfuerzo muy interesante impulsado por el sociólogo brasileño Borelio Ballariguen, que tenía como idea fundamental promover la integración latinoamericana en el ámbito industrial, para lo cual se le ocurrió crear una empresa de instituciones financieras públicas de los tres países, supuestamente con mayor desarrollo industrial en la región, es decir: Brasil, México y Argentina.

Para esos efectos, Ballariguen que había sido profesor en el Mesón Rodán en la Kennedy, Harvard, de Miguel de la Madrid. Vino a ver al propio de la Madrid y le propuso que apoyara ese esfuerzo. De la Madrid lo encargó a Nacional Financiera y así fue haciendo las ligas; en el caso de Brasil gobernaba José Sarney. Sarney involucró al Banco del Estado de Sao Paulo, que es la entidad con más peso industrial y más poderosa, y en el caso de Argentina se vinculó con el Banco de la Provincia de Buenos Aires.

Gobernaba Argentina el gobierno Radical de Raúl Alfonsín y a través de una serie de contactos que se lograron hacer, no fue el Banco de la Nación que es un banco gubernamental -una mezcla de banco de primer piso con segundo piso-, sino que fue el Banco de la Provincia de Buenos Aires, que es el banco de primer piso, aunque en esa época con algunas funciones de carácter promocional. Ahí fue determinante la presencia del economista Aldo Ferrer, que había creado un programa de apoyo a la ciencia y a la tecnología y que tenía un enorme interés por propiciar esa serie de proyectos vinculados a la ciencia y a la tecnología.

Contando, digamos, con la bendición del entonces canciller uruguayo Enrique Iglesias, y el fuerte apoyo de Antonio Ortíz Mena en el BID; y siendo testigo de honor en el acta el expresidente Pastrana de Colombia, se constituyó la TINEQUIP con sede en Buenos Aires -incidentalmente, porque uno de sus promotores, Petriccioli, decidió que el lugar más tanguero y agradable era sin duda Buenos Aires, y afortunadamente para mí, que posteriormente fui beneficiario de esa decisión.

Desde su arranque, el proyecto mostró grandes lecciones que se han aprovechado parcialmente: la primera es que la idea fue muy buena pero llegó en un momento muy difícil, porque era la plena crisis de lo que la CEPAL -como dice Horacio- ha calificado tan atinadamente como la década perdida. Pero yo creo que fue más dramático el proceso; es decir, las políticas de apertura, que sin la de bida preparación previa de varios países, sorprendieron a los sectores industriales de esos países de una manera verdaderamente impresionante. Ya la industria se estaba, si no devastando, si ya pasando momentos muy difíciles, y dentro de la industria el sector de bienes de capital sin duda era de los que vivían momentos más dramáticos.

La segunda lección que me pareció particularmente interesante fue la participación brasileña. Los brasileños tuvieron un empuje y un enfoque internacional, que es simplemente fiel reflejo de su tradición internacionalista. De todos los latinoamericanos, los brasileños han sido hasta hace pocos años los empresarios que más habían salido al exterior, con grandes éxitos y grandes fracasos. Es un empresariado más audaz, a diferencia del empresario industrial argentino de esta época quizá menos dependiente del Estado, más acostumbrado a ser empresario de riesgo y a salir como empresario de riesgo, cosa que en nuestros países hemos estado apenas afrontando.

La tercer lección, así, en grandes pinceladas, es que en América Latina todos los grandes proyectos industriales estaban virtualmente detenidos, es decir, había una crisis financiera impresionante y muchos de esos grandes proyectos industriales estaban con esos problemas. En la frontera de Paraguay con Argentina, estaba la famosa presa brasileña del Motum de 19 turbinas, que no alcanzaban a llegar a término desde hacía 30 años. La TINEQUIP la impulsó tanto, como para bajar hierro de Bolivia para hacer una planta en donde Hylsa, Hojalata y Lámina, estaba muy metida en forma muy interesante en Argentina y podía impulsar procesos industriales importantes.

Es decir, los grandes proyectos eran muy difíciles, y la cuarta lección, fue que la competencia internacional en ese momento era verdaderamente descarnada. Era todavía una época en la que los países industriales ofertaban la instalación de plantas industriales y la instalación o la realización de obras de construcción pesada o de grandes obras de infraestructura, atadas a financiamientos muy blandos.

Y no estoy hablando de las líneas del rey de España, sino de cosas mucho más importantes: Japón ofertaba así, Canadá ofertaba así, Francia, Italia ofertaban así, Alemania también entonces; y era muy difícil competir contra proyectos de países con empresas de alto prestigio internacional, que además llevaban un financiamiento sumamente blando.

Quizá la experiencia más dramática que nosotros vivimos fue el proyecto de construcción del Metro de Bogotá; se armó un paquete con tres empresas: una empresa constructora mexicana de primer nivel (Bufete Industrial), una empresa constructora brasileña de primer nivel (Norberto Odreveg), y una empresa constructora de Argentina de primer nivel (Tequing), que ahora está fuertemente posicionada en México, a través de la adquisición del paquete accionario que le da el control de Tamsa (ellos son tuberos de origen italiano que al final de la segunda guerra mundial se fueron a Argentina, desarrollaron una empresa de ingeniería impresionante y después entraron a la construcción de tubos de acero sin costura, Siberca, se han posicionado a nivel mundial en el mercado, parte de cuyo eslabón es ahora Tamsa); eso da un poco la idea de que eran empresas latinoamericanas que unidas bien podían dar un frente razonadamente competidor ante empresas del primer mundo.

El resultado fue que fuimos punteando el primer lugar del concurso, y Canadá asociado con Francia -que era una combinación también de singular dimensión por el prestigio tecnológico de Francia en la materia- fue en segundo lugar, hasta que en un momento dado Canadá ofreció un financiamiento sin intereses a cincuenta años.

Entonces, no había ninguna posibilidad de competir y el resultado es que no hay Metro en Bogotá, porque ese proyecto no se hizo. Así nos pasó en varios lugares más, donde después de que nos sacaban de la competencia era muy difícil sostener la oferta. En Italia nos pasó con un proyecto de tren elevado en Ecuador; y después de que salimos, el parlamento italiano analizó la operación y no la aprobó. A mí me tocó entonces reorganizar la TINEQUIP para aterrizarla un poco más a las posibilidades concretas de América Latina; olvidarnos un poco más de los grandes proyectos, porque había esos grandes proyectos atorados, y después no competir en ese tipo de grandes emprendimientos donde las empresas latinoamericanas quizá no necesitaban del apoyo de los Estados nacionales de los gobiernos, para defenderse y para competir.

En todo caso, es una de las cuestiones abiertas, porque la ideología del libre mercado exige que cada quien se valga con sus medios; sin embargo, era paradójico ver cómo llegaban las empresas europeas, japonesas, norteamericanas y canadienses con el embajador en el portafolios, a argumentar y argumentar fuerte no solamente con ofertas financieras sino con ofertas políticas importantes. Al respecto no lo veo mal, finalmente todos son negocios y los mercados hay que competirlos, pero quizá esa era una discusión abierta.

El otro aspecto entonces, fue tratar de vincular a la mediana empresa con los proyectos intralatinoamericanos. También la época de la TINEQUIP enfrentó diversos problemas. México estaba ya pensando en el Tratado de Libre Comercio con América del Norte y era su prioridad, quizás económicamente muy entendible, pero en ese momento América Latina no era un polo de atracción particularmente importante -sin discutir si era razón o no del gobierno mexicano. Posteriormente en 1989-91 modificó el discurso a uno muy latinoamericanista, pero los intereses -era muy percibible- estaban en el norte, la prioridad política era concretar los esfuerzos de integración o de libre comercio hacia el norte, en tanto que los latinoamericanos eran parte de un discurso de equilibrio ideológico y de exposición, más que de un interés concreto en ese momento. Creo que las cosas pueden estar variando por muchos motivos, pero en ese momento cuando menos esa era mi personal percepción después de haber hecho muchos viajes a México para platicar con funcionarios públicos mexicanos.

El segundo aspecto es que la empresa mediana industrial mexicana ya pasaba en 1990-91 por una situación extremadamente difícil. Las reuniones en CANACINTRA eran muy distintas a las de CONCAMIN o a las del Consejo Coordinador Empresarial. Uno parecía, después de escuchar los discursos de la CANACINTRA, estar frente a un partido de la oposición más que frente a un empresario; era un partido de oposición criticando la política del gobierno federal, más que un planteamiento de tipo empresarial.

El tercer aspecto que me gustaría resaltar es que había un gran desconocimiento de los mercados. Había mercados desconocidos y también creo que quien mejor aprovechó a la TINEQUIP fue precisamente el Brasil, porque era también el que tenía una mediana empresa con más capacidad de riesgo y -como dicen popularmente- con más calle, es decir, que había salido más al mundo. Uno se encuentra en la India, en Malasia, en Egipto o en Italia, siempre con un brasileño que anda por ahí viendo a ver qué pesca, y todavía relativamente pocos mexicanos.

Así las cosas, lo que hicimos en la TINEQUIP fueron algunos proyectos muy interesantes, coinversiones de pequeñas y medianas empresas argentinas y mexicanas para exportar a los Estados Unidos. Ganamos un concurso con transformadores eléctricos de una empresa de Monterrey que ese momento iba en su fase de consolidación y crecimiento en Sao Paulo, pero los principales negocios se dieron en Argentina y Brasil, quizás por razones obvias, y ya se veía un poco a México muy interesado en el TLC, y la idea del Mercosur estaba en proceso de consolidación.

Yo quisiera quizás al final de la reunión ofrecer algunas de las conclusiones sobre este particular, pero en obsequio del tiempo aquí lo dejaría pues creo que me excedí un poco en la descripción de la TINEQUIP. Quisiera ahora hablar de MEXPETROL.

MEXPETROL es otra empresa de promoción de negocios interesantes. Es un poco lo mismo que la TINEQUIP pero con empresas mexicanas. Ahí fue un grupo de cinco empresas de la ingeniería y la construcción industrial en México: ICA, PROTEXA, BUFETE INDUSTRIAL, EPN y LANZAGORTA, que se unieron con el apoyo de PEMEX, el Banco Nacional de Comercio Exterior y el Instituto Mexicano del Petróleo, cubriendo esa fase de la investigación tecnológica de la que se hablaba, para efectos de promover negocios en el exterior de tipo de ingeniería, es decir: gasoductos, soliductos, plantas petroquímicas, refinerías, desde la fase de la ingeniería de detalle hasta la fase, muy interesante para mí, de construcción de plantas, lo cual implicaba por una parte a la empresa petrolera del Estado mexicano que es con mucho la más sólida e integrada de las que existen en América Latina y creo que una de las grandes empresas en el mundo desde cualquier perspectiva que se le vea, el Instituto Mexicano del Petróleo como tecnologista, el socio financiero que es Bancomext, la agencia oficial de promoción de las exportaciones del comercio exterior, y las principales empresas en ese momento de ingeniería y construcción con perfiles un poco distintos.

La idea era juntarse para competir. Lo que se vio es que las grandes empresas mexicanas, ICA, PROTEXA, BUFETE INDUSTRIAL, ya estaban posicionadas en América del Sur. ICA tiene 45 años en Colombia y un representante en Argentina desde 1960; PROTEXA tiene ocho ductos por toda América Latina, carreteras, grandes obras de construcción pesada; BUFETE INDUSTRIAL también importante (ahora incidentemente compró una empresa constructora en Chile que es la líder del mercado en ese país y tiene posicionamiento en modernización de refinerías en Argentina) pero no sólo eso, sino que había estado en muchas otras regiones en el mundo; LANZAGORTA era en esa época un fabricante de válvulas que exportaba, todavía llegado el cambio tecnológico que les ha afectado mucho en el mercado; EPN estaba desarrollando proyectos geotérmicos en Colombia, y en El Salvador estaba tratando de hacer la interconexión eléctrica centroamericana.

En fin, había ya una experiencia importante, por lo que la pregunta era: ¿para qué se necesitaba asociarse? Bueno, se necesitaba para todos aquellos proyectos que fueran de tal envergadura o estado de riesgo que coadyuvara a unirse y con el respaldo de PEMEX, del Instituto y el apoyo financiero eventualmente del Banco de Comercio Exterior, que si bien cobra tasas de intereses altas cuando menos puede financiar proyectos con garantía de riesgo, lo cual la banca comercial no haría en una serie de circunstancias.

No pretendíamos obtener los mecanismo de apoyo financiero de los países industriales, pero sí una mayor facilidad para hacer mayor el arranque al menos de los proyectos, si el apoyo generaba un flujo de ingresos que permitiera sustituir ese crédito por otro de la banca de inversión o de la banca comercial internacional. El impacto de MEXPETROL fue interesante porque caímos en todos aquellos mercados que eran de particular dificultad, porque a todos aquellos mercados que eran estables, las empre sas privadas preferían atacarlos ellas solas y no compartir el negocio con nadie más dentro del contexto de varios.

Así fue como el primer proyecto que cerramos incidentalmente no tiene nada que ver con América Latina: la modernización de una refinería en vacunas cuya negociación se hizo con la Unión Soviética. Al poco tiempo la Unión Soviética desapareció y la negociación se siguió con la República de Aservayán, hasta que estalló la guerra de Aservayán con Armenia.

Así, ha habido una serie de proyectos frustrados, pero yo siento que eso no es un fracaso ni es perder el tiempo. Es decir, los proyectos industriales y los negocios así son. Hay que ir ajustando por aproximaciones de cuestiones muy complejas y MEXPETROL estuvo en condiciones de ofrecer servicios, como el que en un momento dado estuvo a punto de concretarse en Cuba, que era la adquisición de una refinería y su modernización con tecnología y suministro de ingeniería mexicanos, aprovisionamiento de la materia prima que era petróleo mexicano, procesamiento y distribución en mercados regionales que podía abarcar por supuesto desde Cuba y otros países del Caribe hasta el propio México.

Independientemente de que el proyecto era un proyecto sujeto a cantidad de condiciones suspensivas y algún riesgo político, todo mundo que participó en el proyecto y que financió los estudios entendía que existía subyacente un riesgo político pero también se apostaba a que se dieran condiciones suspensivas y a que surgiese la conyuntura histórica del cambio político en la región, que seguramente algún día se dará. En ese momento no parecía tan descabellado apostar a esa carta y también había un poco la idea de que como empresa, si no íbamos a esos mercados cuando las condiciones políticas variaran entonces iba a verse la cantidad de empresas dispuestas a llegar con ofertas financieras atractivas, en donde difícilmente íbamos a estar nosotros con posibilidad de entrar. Estuvimos haciendo una promoción de negocios en Irak muy avanzada; después vino la guerra, después vino la reconstrucción de Kuwait y a la hora de entrar nos dijeron “pues sí, nada más que aquí hay que hacer cola, por que hay compromisos políticos”, los países que metieron plata y que hicieron el esfuerzo y que metieron tropa...; entonces, nosotros teníamos que esperar.

Pero es que así es y todos lo sabemos, es decir, si nosotros esperamos a las condiciones sociales y políticas ideales… Además, las condiciones sociales se dan en Alemania, en Francia o en Gran Bretaña. Lo que pasa es que ahí uno compite no solamente con las grandes empresas mundiales sino además con mucho de los tecnologistas, de nuestros socios que muchas veces al momento de hacer los convenios de participación tecnológica, plantean divisiones territoriales en los mercados.

Esa fue la experiencia de MEXPETROL, una experiencia muy interesante. Entre los proyectos en ciernes yo mencionaría el del famoso gasoducto de Santa Cruz de la Sierra en Bolivia y Sao Paulo, Brasil, que es un proyecto de suministro de gas muy interesante porque puede tener un impacto macroeconómico en la economía boliviana, y es surtir de energía a la zona industrial más grande de América Latina, junto con la de la zona metropolitana de la ciudad de México. Yo creo que en peso específico, es más grande la de Sao Paulo, que tiene una crisis de energía.

Finalmente, MEXPETROL decidió no participar, después de haber promovido nosotros el proyecto. Es decir, nosotros incluso compramos acciones de la empresa que organizó el emprendimiento, pero después se decidió que fueran los socios en lo individual los que participaran por una cuestión de estrategia comercial-; o sea, también nosotros somos una empresa de generación de nuevos negocios para los socios.

Tenemos en este momento tres emprendimientos que no son exactamente de riesgo petrolero, aunque son de exploración petrolera. No son de riesgo petrolero porque ya estaban explorados y varios de ellos en producción. A lo que nosotros llegamos fue al mejoramiento del esquema productivo de sus proyectos en Argentina, en Perú y en Guatemala.

Estamos en esta fase de evaluación de lo que hemos hecho para saber si conviene seguir unidos o si nos separamos en virtud de los cambios que se han dado en la economía mexicana, que conllevan un reacondicionamiento de las empresas. Lo que es claro es que las grandes empresas de ingeniería y construcción tienen cada vez más necesidad de captar negocios del exterior para no estar sujetos a los altibajos del gasto público federal en México; es decir, si PEMEX o CFE por alguna cuestión de política económica restringen el gasto, hay que empezar a despedir gente y esto es un drama patético.

Para no sufrir esas oscilaciones es muy importante para estas empresas tener una red internacional de capacitación de negocios; incluso una de estas empresas dividió su estructura operativa en dos: la internacional y la interna, otra de las empresas contrató a cuatro o cinco gentes para fortalecer sus áreas internacionales, y otra más muy activa y otra más que puede ir hasta la suspensión de pagos para salvarse por los mercados internacionales.

Para las empresas medianas, aterrizar ha sido extremadamente difícil. No hay ni la cultura ni la filosofía ni el conocimiento de los mercados, ya no digamos en América Latina, sino en cualquier parte del mundo incluyendo los Estados Unidos. Una experiencia personal ha sido viajar con ejecutivos de empresas medianas a los Estados Unidos y percatarme de que ninguno de ellos habla inglés, todos hablan un inglés coloquial y cuando ven un contrato enfrente y una serie de cuentas se les bajan los colores, no tienen el idioma suficiente, tienen que estar contratando asesores y abogados, etc., lo cual es un gasto muy alto para analizar perspectivas de negocios. Conocen bien toda la parte turística y se saben mover bien en la parte frívola, pero la parte de negociar es un esfuerzo a veces mucho más complicado.

Hace poco un amigo mío del CEMAI invitó a un grupo de medianos empresarios en un viaje de una semana por Perú y Argentina. Levantaron pedidos en servicios oficiales, por la complementariedad de estas economías, la similitud de la idiosincrasia, la comunidad del idioma, la similitud con el portugués en el caso más alejado; eso hace que para las empresas mexicanas haya nichos de mercado muy interesantes, pero hace falta un esfuerzo como el que señala Horacio del Programa Bolívar, y yo diría de otros muchos mecanismos, para poder realmente vincular la oferta con la demanda.

Por último, quisiera hablar un poco de la vinculación universidad-empresa. A mí me tocó vivir en Argentina un programa del Banco de la Provincia de Buenos Aires. Las universidades argentinas en 1990 estaban peor que las mexicanas en términos de la crisis. Les había pegado de una manera impresionante: habían despedido profesores y cancelado programas; había una crisis verdaderamente grave. Argentina es un país con una tradición cultural muy grande; los artistas han hecho mal algunas cosas, pero un buen empeño desde Sarmiento, han puesto un énfasis quizás ejemplar para todos nosotros en la educación desde el siglo XIX, con las excepciones que todos conocemos en México de gentes que han enfatizando la educación. Pero el caso concreto es que con mucha frecuencia hay una desvinculación muy grande entre el avance tecnológico del mundo y los esfuerzos que puede dedicar la universidad latinoamericana a los programas de investigación de punta para poder competir internacionalmente, pero bueno se pueden hacer cosas.

Nosotros en la TINEQUIP promovimos una empresa Argentina. La colocamos por Bolivia, por todos lados; fue una empresa cuyas comisiones nos permitieron vivir, una empresa de un señor que copió de no se dónde, mejoró o inventó un mecanismo de llenado de garrafas de gas. Los tanques de gas en muchísimos países latinoamericanos son la única forma de llevar energía gasífera a muchísimas cocinas, porque no hay la infraestructura del primer mundo. Entonces, una cosa tan simple y tan sencilla como la de volver a llenar las garrafas de gas con un atorado de precisión (una maquinita que seguramente se vendía bastante por toda América Latina), quizás es un ejemplo de que también hay que buscar en nuestras necesidades reales, necesidades concretas. Otro empresario compró un carro de bomberos, no se dónde lo desmontó y luego lo volvió a armar; en Argentina lo vendió muy bien, porque funcionaba, quizás no idealmente pero funcionaba. En fin, creo que han sido experiencias muy enriquecedoras que las grandes empresas a mi juicio requerirían, a pesar de todo el apoyo para exportar y hacer la cadena productiva.

Yo vi cómo se organizan en Japón para exportar y es impresionante: es una operación militar en donde hasta son deducibles las mordidas llegado el caso. Vi como se organizan los italianos, los alemanes, los franceses, los canadienses, los españoles y creo que es importante atender ese segmento en el caso de México.

Mtro. Luis González Souza: Muy interesantes las dos intervenciones. Vamos ahora a proceder a un intercambio de opiniones acerca de lo planteado.

Asistente: Yo tuve oportunidad de trabajar de cerca con algún sector de empresarios en el periodismo económico, cubriendo por tres años la cuenta de textileros y CANACINTRA. Tuve oportunidad de verlos justo en el momento en el que el golpe a la estructura económica los había sorprendido, y era muy interesante el flujo de opiniones, grupos, reacciones diversas de un sector delimitado. Era diferente, por ejemplo, cómo actuaban los confeccionistas a cómo actuaban los textileros; propiamente incluso se agrupan en Cámaras distintas. Y cómo las propias Cámaras estaban haciendo reaccionar a sus agremiados en torno a que la apertura estaba ahí, a que la competencia estaba aquí.

Muchos de ellos estaban en peligro de desaparecer, pero había justamente que trabajar en torno a la nueva cultura empresarial que por ese entonces empezó a tener auge. Lo que yo advertí es que había un peso muy grande en cuanto al comportamiento de los empresarios, en la idea muy fija de la ganancia rápida y segura, y al negocio por el gobierno. Romper con esa cultura, con ese esquema, era un reto para los empresarios, porque dentro de las Cámaras están los líderes, digamos, la gente que hace política dentro de los empresarios, muchos de ellos empresarios, muchos de ellos incluso funcionarios.

Se dio todo este proceso que se socavó con la devaluación y con toda la situación crítica que vivimos el año pasado, pero que dejó en el aire una serie de cosas, y lo que yo he reflexionado es -tomando en cuenta el objetivo central del Programa Bolívar que es la internacionalización de la empresa- cómo se ve dentro de los empresarios la internacionalización sólo como exportadores. Porque hay una preocupación generalizada de quienes trabajamos cuestiones de la industria, que es: hasta qué grado el mercado interno, la producción interna queda totalmente desintegrada. Ahora, con la devaluación, la idea es exportar. Si hay espacios de insumos y de ciertas materias que no se producen en México, ¿qué va a pasar? Esta es una pregunta. Otra: ¿que relación tienen las propuestas que ustedes hacen, con toda esta nueva idea de las empresas integradoras?

Gerardo Gil Valdivia: Mí única experiencia es en relación con algunos sectores de la industria. Primero con la llamada de bienes de capital en un sentido amplio, maquinaria y equipo en general y otra con el sector energético; todo lo demás que yo pueda opinar son más bien impresiones de observador, de lo que ha podido ver en el diálogo con empresarios de varios países latinoamericanos. Evidentemente, yo creo que hubo una simplificación de la visión de la globalización, es decir, todo hacia el exterior y olvidémonos del mercado interno. Yo creo que esto mucha gente lo señaló y mucha gente de este Instituto lo señalo en su momento muy enfáticamente; fue una simplificación del problema. Hay que atender también un mercado interno que no depende de los vaivenes de los procesos de globalización como se puso de moda a finales de los ochenta y principios de los noventa. Yo creo que las actitudes han cambiado por la crisis, pero también creo que empresas industriales dependen mucho del gasto gubernamental; hay empresas de bienes de capital que son proveedoras de PEMEX.

Cuando PEMEX baja de la actividad económica, baja el sector sensiblemente y ese es uno que además está cada vez más abierto y cada vez más competido. En CFE hay otro porcentaje también muy importante, donde las compras gubernamentales ocupan un lugar determinante. En todo este proceso la crisis ha hecho revalorar y revaluar muchas estrategias y lo que yo espero es que con el paso del tiempo se articule realmente una política industrial.

Hubo una época en América Latina en donde parecía ser la máxima que la mejor política industrial es la no política industrial, y se popularizaron muchos libros que decían que la planeación era un sin sentido y se daban mil ejemplos de que nunca le habían pegado a nada. Frente a esas opiniones era importante el muy conocido esfuerzo japonés del Ministerio de Industria y Conciencia Internacional, que escogía áreas donde son lideres mundiales y las promovía con todo, o sea, con las embajadas, con el financiamiento, la tecnología de punta, con lo que hubiera que hacer para llegar a los mercados. En Bolivia hicieron un aeropuerto en una de estas ciudades del interior, y se los dejaron regalado. Hacen una gran labor a cambio de muchas otras cosas.

Yo creo que las empresas tienen que hacer un esfuerzo por adaptarse y cambiar. El empresario tiene que hacer un esfuerzo por entender que no puede seguir protegido por el gobierno, y que hay que ir a la otra cara de la moneda. Muchísimas veces el empresario mexicano decía reque rir estabilidad política, estímulos fiscales, créditos blandos, y que los obreros no molestaran demasiado. Tampoco eso se puede sostener hoy en ningún país que pretenda ser competitivo o racional siquiera. Aquí tiene que haber un cambio también porque tampoco el empresario es simplemente víctima de un cambio de política económica, sino que también es parte de la responsabilidad en el área que a él le toca trabajar. En este momento yo creo que debe de haber un cambio de mentalidad muy importante, porque el empresario mexicano lo que quiere con frecuencia es construir digamos un gasoducto de algún país, de preferencia fuera de licitación, de preferencia que le paguen por adelantando... Hay que corregir mucho el vicio del empresario pesado de la construcción civil, que gana un concurso, se le asigna un proyecto y está acostumbrado a retirar las utilidades, a dejar un flujo para el proyecto y que ese flujo se vaya administrando haciendo circo, maroma y teatro hasta terminar el proyecto.

Hacer este tipo de cosas ya no es posible internacionalmente, pero es una práctica común de muchos de estos países que el empresario llegue a un país latinoamericano, construya un gasoducto, le paguen y no regrese. Pero cada vez son más los concursos que llaman en inglés VOT (Construye usted, opera y después de algunos años transfiere). En las cuotas que se negocian con el gobierno está la utilidad o pérdida del proyecto, y con frecuencia se construye, se consigue el financiamiento, se opera y después se transfiere. A lo mejor se tiene que hacer un gasoducto para surtir de gas a X planta industrial de Bogotá, y usted tiene que ser responsable de la llegada diaria de tal cantidad de gas. Si la guerrilla le vuela el gasoducto... De todas esas broncas, claro, el Estado se responsabiliza de alguna manera, pero también usted tiene que solucionar esos problemas; usted debe tener su mecanismo de reconstrucción. Algunos empresarios mexicanos se han adaptado mucho por ejemplo a Colombia; saben negociar con los secuestradores, la guerrilla. Las idiosincrasias son muy similares, hay una finalidad no sólo idiomática sino cultural importante que le permite a uno entenderse.

Generalmente lo recomendable es poner una empresa local, es decir, en América Latina y con más razón en Medio Oriente o en extremo Oriente. Desde mi punto de vista, la crisis está haciendo cambiar a los empresarios. Estos, cuando menos en mi sector, tienen que dar un paso adelante para llegar a un concepto más integral del servicio y ser más competitivos en ese aspecto. Sin duda, el Estado mexicano debe tener una política industrial y de promoción del comercio exterior mucho más elaborada, para que el comercio exterior mexicano no sea solamente la exportación de mercaderías, sino también que sea exportación de servicios incluso al nivel de proyectos importantes.

Mtro. Luis González Souza: Tú, Horacio, ¿quisieras agregar algo?

Horacio Mondragón: Lo que a mí me parece que está sucediendo es que la mediana empresa en América Latina -y en México en particular-, es obvio decirlo, está en una severísima crisis. Pero además, en la que difícilmente se va a encontrar una salida adecuada. Para el caso de México, desde la oficina del Programa Bolívar estamos tratando de ubicar algunos nichos donde efectivamente se puede trabajar para tratar de promover y fomentar a la pequeña y mediana empresa mexicana, el incluso a la micro.

Cuando se habla de esas estadísticas realmente impresionantes (del 100% de las micro, pequeña y mediana empresas, el 97% son micros) uno se pregunta: ¿qué es una empresa micro en México? Puede ser el salón de belleza o ese tipo de cosas; a partir de eso hay una base incluso hasta conceptual que yo no se si sea adecuada. En todo caso, la tomamos porque sobre de ella tenemos que trabajar. Lo que es cierto es que nosotros vemos tres nichos en los cuales hay que ahondar respecto a las posibilidades de salida de la crisis en México. Y no es precisamente el concepto de empresas integradoras; en ese sentido yo creo que hay que seguir trabajando, pues la normatividad misma de las empresas integradoras no está del todo acabada. El otro día un abogado especialista en derecho fiscal me comentó que él opinaba que tenía que modificar incluso el régimen impositivo para las empresas integradoras, por que se han dado cuenta de que si se les aplica el que aparentemente está dispuesto para ellas, estarían entregando el 500% de lo que obtendrían de utilidades en algunos casos, y eso es absurdo. Entonces, ese es un aspecto en el que hay que trabajar.

En la oficina del Programa en México también estamos administrando otro proyecto de cooperación internacional más tradicional que lleva recursos del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, de la Organización de Estados Americanos y de la Agencia Española de Cooperación Internacional, que tiene precisamente como objetivo ver la forma de apoyar la mejora de la competitividad y la productividad de las empresas, incluso de las micro en este caso. Tenemos entonces recursos y es aquí donde estamos tratando un poco para ver como apoyamos mejor a este sector empresarial.

Uno de esos nichos, decía, es el de las empresas integradoras; la integración de microempresas -que en principio no es lo mismo aunque debería finalmente desembocar en una empresa integrada- ha sido llamada por algunos cooperación interempresarial. Yo no creo que sea el término más adecuado, pues la idea no es la articulación de cadenas productivas. Si nosotros revisamos el caso japonés, la función que cumplen las cadenas está perfectamente bien definida. Las grandes empresas tienen una función, pero todos los insumos de estas grandes empresas son precisamente las micro, las pequeñas y las medianas empresas. Eso por supuesto, es una función que no se ha apli cado, que no se ha producido, y que hacen las PIMEX en México. Eso es algo que bueno, hay que seguir revisando: cuál es el papel que efectivamente están cumpliendo. Sabemos que hay otras empresas, pero no exactamente qué papel cumplen. Entonces, quizás un rol que se les pueda asignar es el de la articulación de las cadenas productivas.

La SECOFI ha empezado a trabajar ya el tema; con esto desarrolla proveedores, con las exportaciones indirectas empieza a ver que las pequeñas y medianas empresas pueden jugar un papel muy importante como proveedores de grandes empresas que por su propia evolución como negocio tienen que despedir gente, abatir costos. Entonces, aquí está la gran oportunidad, vamos a dejar de tener gente en la nómina, pero no perder esta posibilidad de contar con ello. Y es un papel que cumplen las PIF con la pequeña y mediana empresa.

Un aspecto importante es el de las empresas integradoras, el de la articulación de cadenas productivas, y otro el que nosotros vamos a trabajar por la vocación del Programa Bolívar, que es el acceso al mercado internacional. Pero el acceso al mercado internacional en este momento lo estamos haciendo indiscriminadamente; es decir, nosotros ubicamos a una empresa que tiene un nivel competitivo adecuado para cuidar el mercado exterior, y la tomamos tal cual y la lanzamos al mercado exterior. Ha habido casos en los que la empresa acude al mercado exterior y de pronto dice: ¿y cómo me van a pagar?, ¿eso de la carta de crédito, cómo funciona? Ahí es donde nosotros estamos acercándonos o subcontratando consultores. En los casos en los que el equipo mismo del Programa o del proyecto pueda prestar el servicio, lo hacemos  nosotros. Hay empresas de esas características, que nunca han acudido al mercado exterior y que éstas son sus primeras experiencias, sus primeros procesos. La promoción que estamos haciendo es a través de la oferta misma de servicios del Programa.

El Programa es uno de 150 esquemas de apoyo que hay de estas características; tiene su nicho, por fortuna lo hemos logrado ubicar y encontrar en otros países como Guatemala. Es el esquema de apoyo a la pequeña y mediana empresa, sobre todo en la búsqueda de mercados del exterior. Esos son los tres nichos fundamentales en los que hay que empezar a trabajar. Respecto a qué papel van jugar las PIMEX, hay que organizarlas. Ya el propio gobierno está trabajando en el tema con estos decretos de empresas integradoras que hay que optimizar y yo creo que eso dará una mayor potencialidad, una mayor competitividad para, entre otras, cosas mantenerse en el mercado interno y también ir en busca de otros mercados del exterior.

Mtro. Luis González Souza: ¿Alguna pregunta o reflexión?

Asistente: Yo quisiera agradecer la presentación que nos hizo, para mí fue muy interesante conocer lo que está haciendo principalmente este Programa Bolívar y también la experiencia concreta del segundo ponente. Dentro de la academia yo me he dedicado a analizar propuestas comerciales entre países latinoamericanos, a analizar productos y a analizar empresas. Conozco la perspectiva y acerca de las negociaciones que se hacen entre gobiernos. En la CEPAL me tocó ver varías firmas de acuerdos bilaterales y me di cuenta de lo que ustedes mencionan, del desconocimiento que hay de la oferta y la demanda, del desconocimiento del mercado donde quien llegaba a negociar fundamentalmente era el sector gobierno. El empresario casi no tenía acceso a la negociación directa, y muchas de las cuestiones que se acordaban finalmente no las podían utilizar. Incluso, cuando uno ve los acuerdos o Tratados que se han firmado en presencia de América Latina se da uno cuenta de que hay líneas de crédito que nunca utilizaron los empresarios, que hay ciertos mecanismos a los que nunca acudieron, aunque ya existían.

Me uno a la visión que se tiene en relación con la situación económica, pero quisiera hacer algunos comentarios y algunas preguntas. Estoy de acuerdo en que uno de los problemas principales que tiene América Latina es la falta de una política industrial, pero también me llama la atención, en el Foro Bolívar han identificado que a partir de un declive de la producción industrial empieza a tener au ge el proceso de las comercializadoras. Entiendo que hay que intercambiar y tomar en cuenta a los servicios, porque de hecho estamos en la era en que el sector servicios está creciendo de manera más dinámica que el sector industrial. Pero, ¿cómo observan ustedes esta situación? ¿Están llegando muchas comercializadoras? El peligro puede ser un comercio intraindustrial donde penetren las grandes corporaciones trasnacionales y no se apoye a la pequeña y la mediana industria.

Otro aspecto es en torno a lo que se habló de los nichos y de las empresas integradoras. Observando en los acuerdos bilaterales de libre comercio, uno se da cuenta de un punto importante que hay en relación con las reglas de origen. Yo creo que si la conducta empresarial cambia y tiene mayor interés de incentivar el mercado exterior, se debieran negociar reglas de origen regional que permitieran realmente incentivar cadenas productivas. Porque a veces se están negociando reglas de origen nacionales que están atentando contra estos procesos de integración. Hay otro elementos que también se han mencionado: no hay una coordinación de políticas fiscales, no hay una coordinación de políticas monetarias y finalmente se puede desincentivar a las empresas y a los empresarios que quieren participar.

Otro elemento que no se si el Programa Bolívar también va a promover, es la infraestructura física. Tenemos graves problemas de comunicación y transporte en América Latina. A veces el transporte entre países vecinos tiene que ser por barco, pues no hay líneas de ferrocarril más dinámicas. Todo este tipo de cuestiones también pudieran ser sugerencias a los mismos empresarios para que realmente se dinamizara el mercado latinoamericano.

Horacio Mongragón: Efectivamente, están acudiendo al Programa Bolívar muchas empresas comercializadoras, porque están  viendo la gran ventaja de lo que ofrece la Red Bolívar. Es decir, pensar en la asociación con el Programa es pensar en tener 20 oficinas a disposición, para la colocación de algunos productos. Estamos siendo demasiado rigurosos en el análisis. Una comercializadora es una intermediaria y su participación incrementa el costo total del producto. Y bueno, en un mercado, el que existe actualmente, pues lo puede sacar fácilmente. Entonces, ahí tenemos mucho cuidado. En efecto, hay muchas comercializadoras que se están acercando a nosotros, aunque sólo bajo una condición muy particular. Y nosotros estamos empezando a trabajar con ellos. Pero no hay comercializadoras en México. Y por otro lado la infraestructura es débil. Nosotros, en materia de infraestructura sí atendemos la necesidad, pero no como una oportunidad de in centivar a las empresas constructoras sino como una demanda del sector empresarial. Incluso de otros sectores hacia los gobiernos, que finalmente tienen la responsabilidad de ofrecer ese tipo de servicios.

Yo conozco un poco más el caso del sector del transporte. En el Foro Bolívar se constituyó una mesa para hablar sobre el problema en la región. Efectivamente, todo eso sucede, pero cuando se oye de los problemas que tienen las líneas aéreas, de los que tienen las líneas navieras, de los que tienen las líneas terrestres, es decir, los camiones; todo esto lleva a pensar que no hay en este momento posibilidad alguna de integrarlas para que haya un mejor servicio interregional. Es complicadísimo en este momento. Efectivamente, hacen falta líneas de comunicación y esto es un hecho.

Asistente: Hoy está ideologizado el tema de tratar de revaluar el potencial real de la integración latinoamericana. A veces hay cuentas alegres, romanticismo, etc. Otras veces hay desprecio, como cuando Sánchez Navarro dijo que sería una suma de pobrezas, que mejor buscáramos el dinero en el Norte. Pero Gerardo adelantaba un caso muy especifico de complementariedad ideal; entonces, mi pregunta es: ¿esta complementariedad, qué tan extendible es a otros ámbitos productivos, tecnológicos, universidad-empresa, a escala latinoamericana?

De otro lado, la variable cultural. Cuando se habla de Japón como paradigma, yo creo que se soslaya a veces sin querer, que el pegamento invisible pero decisivo es no nada más el Estado y el empresario, sino el factor cultural. Entonces, en su opinión, en su experiencia: acerca de esta nueva cultura del empresario de que tanto hablamos y que se necesita sin duda para ser más audaz, para ser más empresario, para no sucumbir tanto ante el pragmatismo del negocio simple y llano, ¿hasta qué punto nuestro empresariado todavía ve la integración no nada más por razones prácticas de una alternativa que le permite competir en forma más eficiente, sino incluso una cuestión de dignidad, de no sumarse al cabús de una locomotora que no conduce ni sabe a donde va, sino de querer tener voz y voto, y presencia. No nada más dinero en la globalización sino otro tipo de presencia? No tengo idea de qué esté pasando en esa franja del empresariado mexicano. No se si atraviese a los grandes y a los pequeños. O si ya los grandes de plano están completamente ganados por el pragmatismo.

La TINEQUIP creo que sigue vigente, sobre todo a partir de lo que su autor llamó polígonos de la resistencia, es decir, no esperar a la gran integración de todos sino ir selectivamente donde haya condiciones mínimamente maduras; no esperar a ver si se decide un país, sino arrancar y ver si después otro se une. Yo creo que eso es más realista, que es más factible pensar en jalonamientos selectivos, aunque esto requiriera de dar la batalla, con ganas de generar una alternativa, no de confrontación frente a Estados Unidos pero tampoco de subordinación acrítica, mecánica.

Por último ligado a esto, la Cumbre de las Américas, el acuerdo de libre comercio para el año 2005 ó 2010, a veces parece que camina, a veces parece que es imposible; o sea, ahí mismo hay mucho ruido, mucho humo, mucha polvareda. Ustedes, ¿qué opinión tienen respecto a si eventualmente ese proyecto pudiera inaugurar una nueva relación interamericana?

Gerardo Gil Valdivia: El primer punto al que yo me referiría es el del señalamiento que se hace de la cultura. Se señalaba el caso de Japón, en donde hablamos mucho del desarrollo económico y de la expansión japonesa, sin dejar de destacar los aspectos relevantes de la cultura. Estoy absolutamente de acuerdo. A mi juicio, la cultura empresarial y el todo de la organización económica son reflejos de una cultura; es decir, el Japón es así porque los japoneses tienen esa particular conformación cultural que los hace ser en todas sus manifestaciones de la vida con un carácter muy particular. Lo mismo podríamos decir de los alemanes, o de los franceses, o de los italianos o de los brasileños o de los norteamericanos.

Yo creo que el desarrollo es en una buena medida educación y cultura. Es decir, a mí me queda muy claro que mucho de nuestro desorden político y de nuestro desorden económico y de nuestro desorden empresarial y académico es reflejo de nuestra cultura, pero también creo que la cul tura se va haciendo, o sea, también la cultura no es solamente el reflejo del modo de ser del individuo, de la familia y de la sociedad que sigue una inercia derivada de sus orígenes, sino que también hay estímulos externos que ha cen variar esa cultura. Y yo creo que el ámbito empresarial es uno de los estancos de la sociedad, donde se es más sensible para la variación de esa cultura. Es decir, yo creo que el empresario contemporáneo está perfectamente sensible y permeable a la innovación tecnológica, a todo el cambio que hay desde la oficina hasta los procesos de producción. En ese sentido, yo creo que el empresariado debe cambiar independientemente de sus orígenes sociales, familiares, culturales, religiosos, personales, al ámbito de una cultura que tiende a esta globalización en donde se requieren diversas o distintas pautas de productividad.

Respecto a la integración latinoamericana frente a la mundialización o la integración norteamericana o la globalización en general, lo que pienso es que para la mayor parte de los empresarios los mercados latinoamericanos no pueden ser el fin último, sino que tienen que ser un fin complementario, un fin complementario en cuanto al mercado interno, y articular así nuevos mercados en donde hay una serie de ventajas importantes:

1. Que son mercados muy grandes y que son mercados muy heterogéneos.

2. Que hay una identidad cultural, que es asombrosa la forma como ayuda; es decir, la difusión de la cultura popular mexicana en Sudamérica, en algunos países al menos, es impactante.

Es asombrosa la similitud cultural en muchísimos aspectos. A veces uno siente que la división geopolítica en muchos casos es realmente artificial y en ese sentido, creo, todos esos aspectos ayudan a una posibilidad de penetración empresarial muy importante, de México hacia los países latinoamericanos y viceversa; o sea, un flujo en dos sentidos.

En cuanto a la visión empresarial de la integración, yo pienso que los empresarios son normalmente muy pragmáticos. Hay grandes empresas mexicanas que son muy sensibles a los mercados latinoamericanos. Banamex tiene un banco en Argentina: el Banco del Sur; Femsa (grupo Monterrey y grupo Bicro) compró una embotelladora de Coca-Cola en Argentina; Cannon tiene una fábrica de medias en Argentina; Bimbo tiene instalaciones en Colombia, en Argentina y en varios países; Bufete Industrial compró una empresa que se llama Ovalle, que es líder de la industria de la construcción pesada en Chile; ICA y Protexa, el país en el que se sintieron como en casa fue Colombia, que es un país en el que al contrario de otros, la simpatía hacia el mexicano como expresión de la cultura popular es verdaderamente asombrosa.

El empresario mexicano, consciente de eso, también es un empresario muy sensible a los Estados Unidos. En este sentido, el empresario brasileño quizá es un poco más autónomo respecto del deslumbramiento norteamericano que tiene la clase empresarial mexicana; quizá es un poco más nacionalista. Y el empresario argentino también está cambiando y quizás hay mucha gente como la hay en México, por razones por demás entendibles, sólidas y justificadas. A veces el nacionalismo mexicano sorprende, en relación con el nacionalismo de otros países latinoamericanos. La referencia a México todavía es como algo realmente muy latinoamericano, muy sólido; en México uno siente que, realmente, ese sentimiento no existe con demasiado énfasis, como existía antes.

En cuanto a la visión empresarial de la integración, ésta es muy pragmática. Y en cuanto a la integración de las Américas, yo creo que es una idea que pasa por una crisis en ese momento muy profunda, es decir, después de la iniciativa de Bush, yo creo que hay una recomposición. Como que del sueño guajiro entramos a la realidad. Estados Unidos hace eso porque está en desventaja con Europa y Japón, porque necesita mercados para sus productos, porque la mundialización o la globalización se da a través de fortalezas. Pero yo creo que el fenómeno es complejo, que la integración de las Américas es una idea muy comple ja por el momento.

Horacio Mondragón: Yo comparto totalmente el que la visión del empresario latinoamericano es absolutamente pragmática y que va por aquello que le representa utilidades. En la relación que tiene el Programa Bolívar a nivel regional están surgiendo empresarios comprometidos con la posibilidad de una nueva empresa latinoamericana. Un ejemplo es un empresario argentino, Israel Mayer, comprometido con esta posibilidad de lograr integrar al menos a sectores, en la búsqueda de objetivos más allá de la ganancia o de la actividad. Otro empresario chileno, Gustavo Randoll, también sostuvo siempre que la integración empresarial latinoamericana es viable. Estos empresarios ciertamente no consideran mucho a México como una posibilidad de integración también hacia el sur. Es más, para ellos la posibilidad de integración latinoamericana empezaría de Colombia y Venezuela hacia el sur. Además, son muy claros en que debe haber una oferta muy concreta, muy práctica, para que ellos se acerquen, pero ahí en donde hemos trabajado algunos nichos interesantes.

Gerardo hablaba de la industria de autopartes y aquí para generar una oferta conjunta hacia el mercado europeo nosotros hemos tratado de acercar a los empresarios, planteando que en esta etapa todavía no se va a tener ganancia. Pero con el mercado absolutamente abatido de autopartes en México, por qué no juntarnos varias empresas brasileñas, argentinas, mexicanas y conjuntamente hacer una oferta a las empresas armadoras europeas, que además se acercaron al Bolívar buscando este tipo de operaciones.

Hay que abrir el apetito a los empresarios latinoamericanos y es algo que aquí en México hemos estado trabajando, a nivel de un primer estudio que llamamos las ventajas competitivas de América Latina respecto al resto del mundo. Es decir, ¿qué cosas se pueden explotar en América Latina a un nivel más elevado que en el resto del mundo? Se hablaba de la tecnología petrolera, por ejemplo. En fin, son cosas que apenas estamos pensando. Hay empresas agroindustriales que han desarrollado una serie de tecnologías que pudieran muy bien tratar de ofertarse al resto del mundo. En eso estamos trabajando, y lo primero que hay que resolver es seleccionar esos sectores que le llamamos nosotros ventajas competitivas, que ofrecen ventajas competitivas en la región; atraer a los empresarios con una propuesta muy concreta de que van a recibir utilidades y beneficios, después tratar de incubar en ellos la idea de que la integración a nivel de empresarios en América Latina podría tener otros objetivos que no necesariamente fuesen la obtención de un beneficio, pues es un proceso, yo digo, de largo plazo y complicado, porque tiene que ver con esta culturización, que además hay que hacer a nivel local porque no hay cultura empresarial, incluso a partir de los países.

Asistente: ¿Hay terreno fértil, o está esterilizado?

Horacio Mondragón: Hay terreno fértil, pero además hay otro problema: de lo que se corre el riesgo es de crear una élite empresarial en América Latina que esté conformada sólo por aquellos empresarios que efectivamente tengan alguna cultura, y que se puedan agrupar o integrar otros al final de cuentas a nivel regional, pero debajo de aquellos. Hay sectores a nivel nacional que no tienen suficiente cultura empresarial ni son emprendedores.

Respecto a la Cumbre de las Américas, yo retomo un antecedente que comentaba Gerardo. A mí lo que me llama mucho la atención es por qué se generan expectativas respecto a este tipo de proyectos; es decir, si efectivamente los antecedentes hacen ver claramente que no hay resultados efectivos, que no hay resultados concretos de iniciativas anteriores, ¿porqué esta Cumbre en Miami -que a mí me parece que obedeció más bien a una cultura política local, es decir a una estrategia del gobierno actual de los Estados Unidos- genera expectativas en América Latina?

Difícilmente tu escuchas que el tema se discuta en países de América del Sur. ¿Por qué? Porque allá la expectativa que genera o la ven muy lejana o la ven como algo que se tiene que cumplir en función de un compromiso de sus gobiernos, más que como una convicción de que efectivamente por ahí puede haber un camino. Yo así lo he visto; no he escuchado que esto se discuta como una propuesta seria, más que en México.

Gerardo Gil Valdivia: Yo quisiera decir una cosa adicional. Para mí una idea clave es que todos estos esquemas gubernamentales y de integración económica son muy importantes: el TLC, el Mercosur, el acuerdo con Chile, el Grupo de los Tres, yo creo que son programas de promoción de negocios institucionales que cumplen una función. A las grandes empresas también les sirve mucho y no sólo a la mediana y a la pequeña.

Y ahí hay un asunto cultural: el empresario que es un emprendedor, que se supone que va a obtener las utilidades porque asumió los riesgos, es una gente que cuando menos lo que debe tener es carácter, fuerza, personalidad. En él hay una función que no puede ser sustituida por toda la gama de los marcos institucionales, que es el aprender a salir, y en ese sentido creo que en México todavía es una élite muy reducida de empresarios la que sabe salir no sólo a América Latina -que es relativamente fácil por la comunidad del idioma- o a Norteamérica -por la cercanía física y las facilidades en muchos órdenes. Por ejemplo, yo he visto a empresarios mexicanos que saben salir. En una ocasión nosotros administramos una oficina en Moscú para proyectos petroleros en Rusia; se presentó un vendedor de cigarros mexicanos de La Moderna y tuvo un éxito impactante e impresionante vendiendo cigarros en el norte de Rusia.

Los Montana, para dar datos exactos. Eso es insustituible, de que un señor se plante allá y sean todo puertas cerradas y él las abra y genere un negocio; un negocio que tuvo que arriesgar porque, igual, sale él trasquilado. Pero ese empresario cigarrero se dedico a vender cigarros, con un negocio tan importante que instaló una oficina en Bélgica para desde ahí exportar, y regresó a Moscú y ahí ven dió además cervezas y dulces. Eso es insustituible, como otro empresario mexicano muy audaz, que vende llantas en Rusia y está a punto de comprar cables conductores de cobre, de vender conductores de cobre y comprar postes de madera para teléfonos.

Esa actitud no la puedes sustituir. No podemos esperar que toque a las puerta del empresario para decirle: “oiga, mire, por favor escúcheme”, tiene que haber algo que ponga él bajo su riesgo y su carácter empresarial, pues no hay un país ideal en este momento.

Asistente: Yo querría solamente destacar que mientras no encaremos de otras maneras el asunto, difícilmente podremos avanzar. Se ha dicho y creo que con toda razón, que carecemos de una política industrial; ustedes que están en contacto directo con las empresas, lo saben mejor que nadie. Yo advierto que se insiste en que es una pena que no tengamos una política industrial. Yo de muchacho trabajé en la Nacional Financiera en condiciones muy precarias y con elementos muy insuficientes. Teníamos preocupaciones y era parte de nuestra tarea diaria pensar a donde llevar el desarrollo industrial de este país desde aquéllas condiciones de la época de Alemán. Pero hoy habla uno con los funcionarios y no tienen claridad.

Los empresarios grandes tienden mucho a menospreciar y los pequeños a reclamar que no hay una política industrial, pero no dejan claro tampoco qué sería lo esencial de esta política. Aún cuando algunas veces sus señalamientos son justos y correctos, yo creo que el problema tiene más fondo. El carecer de una política industrial ya es una falla muy seria, y muy serio también creer que podemos volver atrás, a la etapa de la industrialización sustitutiva y más o menos hacer lo que entonces se hizo en condiciones muy discutibles con aciertos, con avances, pero también con tropiezos y fallas enormes que en parte contribuyeron a que estemos donde estamos. Pero a mí me parece que el problema más de fondo rebasa el ámbito de la política de desarrollo.

Por ejemplo, ustedes han hablado de cómo estamos ante una situación en que la reestructuración que vivimos es muy profunda y en México en general tiende a menospreciársele o a no percatarse nuevamente el país de los cambios que esto impone, y la obligación y el derecho a su vez que nos abre, de reinsertarnos en nuevas formas ventajosas. Inclusive no necesariamente las peores a veces son las que se pretende imponer, pero que implicaran una transformación de nuestra estructura productiva misma, no sólo de nuestros patrones de consumo, de nuestros mercados, muy profunda.

Sucede en el ámbito de la política, que no se mira a entender más abajo, más estructuralmente, qué es lo que está determinando este proceso de reestructuración del capital, de la producción, de la tecnología, de las relaciones entre las gentes que participan en estos complejos procesos, y eso me parece a mí una gran limitación. Como la de entender la necesidad de superar esas contradicciones de una manera nueva. Por ejemplo, en círculos yo diría progresistas, hay como el temor a lo que ustedes llamaban que se internacionalicen las empresas; yo creo que ese es un gran error, es decir, tenemos que ser capaces de dar nuevo fundamento a las nuevas condiciones, a nuestras posiciones nacionalistas y a nuestros valores nacionales más dignos de afirmarse, pero no cerrando el paso al exterior, no negándonos a participar en estas corrientes de nuevas maneras. Pero esto pasa cuando se habla del mercado interno y del mercado exterior. Ustedes lo saben bien, mejor que nosotros.

Por ejemplo, entre comentaristas de prensa que muchas veces no son especialistas pero que tienen posiciones respetables y además reveladores puntos de vista, al mercado exterior se le ve como algo sin importancia, lo cual es absurdo porque incluso puede ser un vehículo para impulsar el mercado interno si elevamos nuestra competitividad y producimos más y mejor, y somos capaces, como se decía, de entrar a estos mercados. Eso puede ser un activo invaluable en el desarrollo del mercado interno y de nuestra base productiva.

De otro lado, yo no se si ustedes compartan la impresión de que incluso las grandes empresas mexicanas se han desentendido del mercado interno y sólo les interesa el exterior. Yo creo que habría que hacer cuentas y comparar con las empresas coreanas del Sur. Esas sí son y han sido en estos últimos treinta años fundamentalmente exportadoras. Pero las nuestras no. Alfa, que ha aumentado sus exportaciones este año pasado, aún así el grueso de su interés, de su producción, de su mercado, es el mercado interno. Aunque es de entenderse que casi toda la industria automotriz está en condiciones excepcionales, porque las ventas se les derrumbaron, como a todos.

Cuando se habla entonces de la pequeña empresa y de la grande, se habla como de dos mundos separados, sin reparar quizás suficientemente en la necesidad de establecer también un nuevo tipo de relación. Esas cadenas productivas de las que hablan no las pueden establecer ni solas las grandes; reclaman que los eslabones se formen en alguna medida, de acuerdo con el papel que intentan jugar. Pero para unas y otras es muy desigual, muy insuficiente.

Hay muchos otros ejemplos de ese tipo, más yo añadiría que la posición del empresario suele ser muy pragmática, aún cuando con frecuencia por su ignorancia cree que es pragmático lo que son las viejas teorías; por ejemplo, uno recuerda a Keynes cuando oye a ciertos empresarios que no saben mucho de teoría económica, pero que viven de los conceptos neoclásicos más vulgares, digamos, y los repiten cual si fuera la única verdad. En ese caso, se combina el pragmatismo y la ignorancia con llevar a cuestas una herencia teórica que no tiene ya relación, que está divorciada del mundo en que vivimos, lo cual es peor que ser simplemente ignorante.

Asistente: Si se me permite, añado rápidamente -desde luego un ignorante de la vida real en que me he convertido desde que soy académico, desde que he participado en la promoción de los Pumas en toda América, sé poco y vine a aprender, pero me inquietan cosas como éstas-; el pragmatismo empresarial se refiere a un modo de ser de quienes no son hermanos de la caridad.  Emprenden, arriesgan, coordinan, promueven, en torno a una ganancia. Apenas tiene que ser así, en tanto la humanidad no sea otra. Pero no se ha mencionado el papel de las trasnacionales y siento que ahí hay una cuestión muy importante a definir. ¿Qué hacer frente a esa trasnacionalización de la economía que se ha acelerado tanto y que está presente en todos nuestros países, a través de las mismas grandes empresas? Aquí hay algo mucho más importante como otras cuestiones, de lo cual vale la pena recoger un punto de vista de ustedes.

Horacio Mondragón: Esto de la falta de una política ha llevado a la imposibilidad de una visión a largo plazo en materia industrial, simplemente porque los gobiernos son sólo de seis años, por decir algo, y la reacción de los empresarios en ese sentido no puede ser tampoco de una confianza para con esta falta de visión largo-plazista. Por otro lado, efectivamente hay que propiciar y crear el ambiente más adecuado para que se logre esta articulación empresarial. Incluso se ha hablado del término cooperación interempresarial. Lo que yo he entendido es que se trata de explicar la necesidad de que las empresas planteen sus propósitos y generen sus propios medios de supervivencia. Hay una mortalidad empresarial en este país, por lo que en este momento entonces se trata de marcar perfectamente cuáles serían las funciones y los propósitos de la pequeña y mediana empresa mexicana, en su relación con la grande. Pero también y ese es un aspecto que a mí me parece muy importante, generar y propiciar la relación entre las pequeñas y medianas, y no sólo orientadas como proveedoras hacia la grande -aunque en un principio ese sea el elemento que le permita mantenerse dentro del mercado-, sino después generar entre ellas algunas otras formas de vinculación.

Si bien es cierto que no son hermanos de la caridad, cuando se habla de una colaboración entre empresas no se puede pensar por supuesto en el hecho de que una le diga a la otra cómo hacer las cosas cuando exactamente fabrican el mismo producto, sino precisamente de crear alianzas estratégicas que permitan a ambas en un momento dado acudir juntas a un mercado, insisto, sumamente competitivo. Ahí lo que también estamos tratando de hacer nosotros -cuando se van planteando estas posibilidades de articulación de las cadenas productivas- es preparar a las empresas para que esta articulación sea efectiva.

Después de un encuentro de proveedores, recuerdo, un proveedor llegó muy contento a la oficina del Programa y dijo: “acabo de recibir la aprobación para un contrato sensacional -con la Hewlett Packard o la IBM-, y lo único que necesito es cumplir con una norma”. La norma es la que se llama ISO 9000, que es un tipo de norma de calidad que requiere detrás de ella un trabajo impresionante que cumplir. Y esa es la situación con algunas empresas, que no cumplen con las normas mínimas para que haya un desarrollo adecuado. Y la falta de una política industrial por supuesto crea problemas en ese sentido.

Respecto al papel de las transnacionales, ahí sí confieso que no hemos estudiado a fondo el tema. Nosotros por su puesto que no evitamos en un momento tener alguna vinculación con una empresa trasnacional, llámese oficina matriz o sucursal en alguno de los países latinoamericanos. Pero por supuesto no es nuestra función ni mucho menos apoyarlas, sino que acudimos a otro sector empresarial y bueno, están ahí permanente, pero nosotros nos mantenemos más bien al margen de ellas.

Gerardo Gil Valdivia: Si ustedes me permiten, coincidimos en la necesidad de que la sociedad civil debe forzar a la articulación de una política industrial; eso es sumamente importante y yo creo que la desaparición de la política industrial de México tampoco fue casual ni resultado de un conjunto de situaciones desafortunadas.

En cuanto a perder el miedo de la internacionalización, me parece que esto es muy importante. A estas alturas se sigue dando esa discusión de si mercado interno versus exportación, que no tiene sentido. Hay que desarrollarse donde estén las mejores opciones de negocios. Lo que se señala de la desinformación empresarial y los pocos vínculos con el mundo académico y con la teoría económica, yo creo que es patético. Yo he conocido a un gran empresario, exitoso empresario industrial, citarme a Luis Pazos como su fuente de inspiración conceptual; eso es un problema grave, y así es; lamentable, pero es así.

El tema de las empresas transnacionales yo creo que es un tema muy complicado. Pero lo que yo he visto es que tampoco necesariamente todo está perdido en ese campo, porque hay grandes empresas transnacionales norteamericanas, pero hay muchas otras competidoras que son mejores que ellos, que son las alemanas o francesas o italianas etc., y yo pienso que en nichos de mercados concretos pueden surgir los esfuerzos latinoamericanos en ese ámbito. Quizá los ejemplos que existan no sean los más felices, pero por ejemplo la TINEQUIP de Argentina está posicionada mundialmente en términos de la producción en tubos de acero sin costura. Quizás haya una explicación de una conexión italiana ahí, que lo haga no ser quizás un esfuerzo pleno. Pero habría mucho otros casos en donde yo creo que lo que hay que hacer es trabajar por esa expansión y por ese concepto, de vincularse a empresas latinoamericanas y hacer un esfuerzo por conquistar mundos nuevos.

Mtro. Luis González Souza: Creo que ha sido muy provechoso este primer Coloquio de nuestra Asociación. Quedan muchas cosas pendientes, el mismo tema habrá que abordarlo desde nuevos ángulos, pero creo que no pudimos haber comenzado con mejores ponentes que Horacio Mondragón y Gerardo Gil Valdivia. Valdrá la pena ahora complementar este enfoque con otro tipo de empresarios, ustedes son directivos empresariales propiamente; entonces, yo sugeriría que pensáramos para más adelante -y que ustedes mismos nos ayudaran a pensar- en gente y en subtemas dentro de esto.

Gracias a todos.

 

* Primera sesión de los Coloquios de AUNA México, llevada a cabo en el Auditorio Ricardo Torres Gaytán, del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM, el 7 de Febrero de 1996.

 

 

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